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Después del tiroteo “hay que respetar cómo los jóvenes lidian con sus sentimientos”

Estudiantes, profesores, familiares, están luchando por sobrellevar los terribles días posteriores a la masacre en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, en Parkland, Florida. Y una psicóloga de Maryland dice entenderlos especialmente.

Christine Sylvest, terapeuta infantil de Rockville, Maryland, tiene una perspectiva única. Creció en Coral Springs, Florida, y fue alumna de la escuela en donde murieron 17 estudiantes y profesores. Se mudó con su familia a Ashburn, Virginia, antes de su último año, en 1995.

“Para mí, esa fue mi escuela secundaria”, dijo en una entrevista con Kaiser Health News el miércoles 21 de febrero. “Puedo imaginarme en ese pasillo, y puedo imaginarme el horror”.

Sylvest habló sobre cómo los adolescentes en Stoneman Douglas y en otros lugares pueden lidiar con sus sentimientos y cómo los padres y educadores deberían responder.

Hemos visto estudiantes de Stoneman Douglas, y otros en todo el país, marchando, participando de protestas. ¿Es algo terapéutico para ellos?

Si, absolutamente. Es realmente una forma saludable para estos adolescentes que han vivido un episodio muy traumático de hacer algo con la reacción inicial de enojo, incredulidad y conmoción. Y esta también es una forma con la que otros adolescentes pueden lidiar con sus sentimientos de enojo y desesperanza.

La psicóloga de Maryland, Christine Sylvest, quien fue estudiante de Stoneman Douglas High School, en Parkland, por tres años, dijo, “para mí esa fue mi escuela. Puedo imaginarme en el pasillo y puedo imaginarme el terror”. (Aiste Ray/Bee Me Photo)

¿Cómo pueden los padres ayudar a sus hijos adolescentes a lidiar con sus sentimientos después del tiroteo?

Los padres no deben tener miedo de abordar el tema con sus hijos y preguntarles qué saben al respecto. Los niños han visto mucha información en los medios tradicionales y en las redes sociales sobre el tiroteo. Los padres deben simplemente escuchar y luego validar el sentimiento de su hijo diciéndoles que es comprensible sentir enojo, miedo y ansiedad.

¿Qué deberían decirle los padres a los niños que están preocupados por ir a la escuela?

Los padres deben enfatizar que las escuelas son en realidad lugares bastante seguros. El tiroteo en la escuela está recibiendo mucha cobertura porque sucede muy raramente. Hay que enfatizar las cosas específicas que la escuela de su hijo hace para mantenerlos a salvo, como simulacros de incendio o si entra un intruso. Y decirles que si ven algo [sospechoso], pueden decírselo a un profesor, administrador o consejero. Pueden decirles a los niños que todo es posible, pero que hechos como este ataque son poco probables. Hay que darle al hijo información concreta sobre lo que está haciendo su escuela para mantenerlos a salvo.

¿Cuáles son las implicaciones a largo plazo para la salud mental y el bienestar de los niños de Stoneman Douglas?

Preocupa que desarrollen síntomas de trastorno de estrés postraumático. No les pasará a todos los que vivieron esta tragedia, pero algunos pueden tener síntomas. Esto incluye pesadillas y escenas retrospectivas, y revivir del trauma. Alarmas de incendio o ruidos fuertes pueden desencadenar que recuerden los disparos. El procesamiento de esta experiencia es más como una maratón para algunas personas, y, definitivamente, podría requerir apoyo de la familia y la comunidad, y terapia.

¿Los niños de Parkland, una comunidad relativamente privilegiada, se ven afectados de manera diferente ante un tiroteo que, por ejemplo, los adolescentes que crecen en Chicago u otros lugares donde pueden estar más expuestos a la violencia por armas de fuego?

Estos eventos pueden ser aún más traumáticos en otras áreas del país donde la violencia con armas de fuego es más común y en donde los niños tienen más experiencia con estos eventos. Niños que no han pasado por un trauma antes y generalmente no temen por su seguridad: estos son factores que los protegen. Entonces, en ese sentido, los niños en Parkland están más protegidos de desarrollar síntomas de trauma que los niños que no viven en áreas seguras.

¿Cómo pueden los padres y las escuelas ayudar a los adolescentes de Parkland a recuperarse?

Las rutinas son muy importantes para ayudar a los niños a sentir normalidad, pero es importante respetar la forma en que los niños quieren lidiar con sus sentimientos, y se debe respaldar cualquier cosa dentro de lo razonable. Es importante que los niños vuelvan a la escuela, pero cada uno puede estar listo en distintos momentos. En Stoneman Douglas, los maestros y los administradores realmente van a tener que prestar atención al estado emocional de los niños y facilitar su regreso. Ningún niño puede saber cuándo sus sentimientos intensos se vayan a interponer en el camino.

Centros comunitarios de salud obtienen fondos a largo plazo

Luego de tres meses de espera, los centros comunitarios de salud obtuvieron un financiamiento clave a largo plazo, como parte de la legislación que firmó el presidente Donald Trump el viernes 9 de febrero para mantener al Gobierno en funcionamiento.

El Community Health Center Program sirve a 27 millones de personas en casi 10,000 clínicas sin fines de lucro en todo el país, la mayoría de las cuales se encuentran en áreas rurales y urbanas de bajos ingresos.

La legislación les otorga a los centros $3.8 mil millones para este año, y $4 mil millones en 2019.

En los últimos años, el Congreso ha asignado $3.6 mil millones anuales para los centros de salud. Eso representa alrededor del 20% de los presupuestos de las clínicas; gran parte del resto proviene de reembolsos por servicios. Defensores y directores de los centros aseguran que este dinero es fundamental para proporcionar servicios que no siempre están cubiertos por Medicare, Medicaid, o por seguros privados, incluidos los de salud mental y abuso de sustancias, transporte y visitas domiciliarias.

Se esperaba que el Congreso renovara el financiamiento a largo plazo para los centros el 22 de enero cuando los legisladores votaron el financiamiento por seis años del Programa de Seguro de Salud Infantil (CHIP). Uno de cada 10 niños cubiertos por CHIP recibe la mayor parte de su atención en un centro comunitario de salud.

Pero ese proyecto no se ocupó de los centros. Aunque el dinero federal se agotó el 1 de octubre, un parche presupuestario anterior les proporcionó fondos temporales hasta el 31 de marzo.

“Estamos atrapados en la disfunción política de Washington”, dijo una semana atrás Carmela Castellano-García, directora ejecutiva de la Asociación de Atención Primaria de California. “Estos centros son un salvavidas para millones de personas, especialmente en las zonas rurales, donde pueden ser el único proveedor de atención médica en millas a la redonda”.

Castellano-García dijo que el impasse presupuestario había obligado a muchos centros en el estado a congelar las contrataciones, posponer expansiones de servicios y utilizar las reservas financieras.

A nivel nacional, el 20% de los centros de salud ya habían congelado contratos, y el 4% despedido personal. Agregó que otro 53% podría haber despedido a empleados si no hubieran recibido los fondos federales, según una encuesta sobre centros de salud comunitarios realizada por la Universidad George Washington e investigadores de la Kaiser Family Foundation, publicada hace pocos días. (Kaiser Health News es un programa editorialmente independiente de la fundación).

Dan Hawkins, vicepresidente senior de la Asociación Nacional de Centros Comunitarios de Salud, con sede en Bethesda, Maryland, y expertos en políticas de salud, especularon que la razón del impasse en la asignación de fondos para los centros pudo ser por desacuerdos en el nivel de financiación y la cantidad de años. Según informes, los demócratas presionaron para que fuera de cinco o seis años, pero los republicanos pueden haber preferido un período más breve. Los senadores Debbie Stabenow (demócrata de Michigan) y Roy Blunt (republicano de Missouri), lideraron este debate.

Para los líderes de los centros comunitarios, y para los pacientes, la nueva asignación de fondos es un alivio.

California tiene la red de centros de salud más grande del país. Uno de cada 6 californianos -6,5 millones de personas- reciben atención médica en los cerca de 1,300 centros alrededor del estado. La mitad está inscrita en Medi-Cal, el programa estatal de Medicaid.

Dave Jones, director ejecutivo de Mountain Valleys Health Centers, que opera seis clínicas comunitarias cerca de la ciudad de Redding en el norte de California, dijo que podrían haber enfrentado el cierre de uno de sus seis locales de no haber recibido el dinero federal.

Anderson Valley Health Center, en Boonville, California, enfrentó la misma situación. El pequeño centro atiende a 2,800 pacientes por año, el 45% de los cuales son trabajadores agrícolas de bajos ingresos.

Chloë Guazzone-Rugebregt, directora ejecutiva del centro, dijo que la renovación de su edificio estaba esperando la señal de los fondos federales.

MMaría Soto, de 72 años, y su esposo Efrén, de 77, sus seis hijos adultos y 13 nietos, se atienden en el Anderson Valley Health Center, en Boonville, California. (Esther Soto/Cortesía de María Soto)

María Soto, de 72 años y su esposo, Efrén, de 77, junto con sus seis hijos adultos y sus 13 nietos, reciben atención en Anderson. Los abuelos Soto, ambos jubilados, tienen Medicare. El resto de la familia tiene seguro privado o está inscrito en Medi-Cal.

“La clínica juega un papel muy importante en nuestras vidas”, dijo María Soto. “Confiamos en este centro de salud para todos nuestros cuidados regulares. No tengo idea de a dónde iríamos si tuviera que cerrar”.

Charles Allbaugh y Paula Tomko, quienes dirigen Central Virginia Health Services, dijeron que también se han demorado en contratar personal y expandir los servicios en su red de 16 clínicas que atienden a 43,000 residentes de Virginia, a la espera del resultado del debate sobre los fondos.

“El Congreso juega al fútbol político con nosotros”, dijo Tomko. “No es la forma en que deberían funcionar las cosas”.

Jean Grutzius estuvo de acuerdo. Su madre de 97 años se atiende en una de las clínicas de Tomko, cerca de la pequeña ciudad de Bumpass.

“Sin la clínica, estaríamos en grandes problemas”, dijo Grutzius. Su madre, Eleanor Ciombor, está ciega y sorda, en silla de ruedas y toma múltiples medicamentos, incluso para una afección psiquiátrica. Ciombor, quien vive con su hija, está inscrita tanto en Medicare como en Medicaid. Su único ingreso es $900 por mes del Seguro Social.

“Recibe una gran atención [en la clínica] y nos cuesta poco”, dijo Grutzius, quien tiene 75 años y también vive con un ingreso fijo. “No podría pagar de otra manera. Estoy rezando para que el centro obtenga la financiación que necesita”.

Los fondos para los centros fueron apoyados sólidamente por la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA). Entre 2010 y 2016, ese financiamiento impulsó un aumento del 50% en el número de locales de centros de salud en todo el país y un incremento del 33% en el número de pacientes atendidos.

Los centros de salud también participaron activamente en el registro de personas para los mercados de seguros de ACA y para Medicaid en los estados que ampliaron ese programa bajo el Obamacare.

Sin embargo, a pesar de la creciente división partidista sobre ACA, los legisladores votaron abrumadoramente -y en un acuerdo bipartidista- en 2015 para extender los fondos del centro de salud al nivel de $3.6 mil millones anuales durante dos años adicionales.

“Estos son dólares federales muy bien gastados, y $3.6 mil millones no es un gran gasto federal”, dijo Peter Shin, profesor asociado de políticas y gestión de salud en la Universidad George Washington, en Washington, DC. “De hecho, hay un fuerte argumento de por qué deberían obtener más dinero”.

Shin dijo que la investigación muestra que los centros ahorran dinero al gobierno federal a largo plazo. Lo hacen proporcionando atención primaria, preventiva y prenatal de rutina que mantiene a las personas fuera del hospital y previene las costosas visitas a las salas de emergencias.

El experto dijo que, según un estimado, los centros de salud ahorran al gobierno federal casi $25 mil millones anuales en costos para los afiliados de Medicare y Medicaid.

Centros comunitarios de salud obtienen fondos a largo plazo

Luego de tres meses de espera, los centros comunitarios de salud obtuvieron un financiamiento clave a largo plazo, como parte de la legislación que firmó el presidente Donald Trump el viernes 9 de febrero para mantener al Gobierno en funcionamiento.

El Community Health Center Program sirve a 27 millones de personas en casi 10,000 clínicas sin fines de lucro en todo el país, la mayoría de las cuales se encuentran en áreas rurales y urbanas de bajos ingresos.

La legislación les otorga a los centros $3.8 mil millones para este año, y $4 mil millones en 2019.

En los últimos años, el Congreso ha asignado $3.6 mil millones anuales para los centros de salud. Eso representa alrededor del 20% de los presupuestos de las clínicas; gran parte del resto proviene de reembolsos por servicios. Defensores y directores de los centros aseguran que este dinero es fundamental para proporcionar servicios que no siempre están cubiertos por Medicare, Medicaid, o por seguros privados, incluidos los de salud mental y abuso de sustancias, transporte y visitas domiciliarias.

Se esperaba que el Congreso renovara el financiamiento a largo plazo para los centros el 22 de enero cuando los legisladores votaron el financiamiento por seis años del Programa de Seguro de Salud Infantil (CHIP). Uno de cada 10 niños cubiertos por CHIP recibe la mayor parte de su atención en un centro comunitario de salud.

Pero ese proyecto no se ocupó de los centros. Aunque el dinero federal se agotó el 1 de octubre, un parche presupuestario anterior les proporcionó fondos temporales hasta el 31 de marzo.

“Estamos atrapados en la disfunción política de Washington”, dijo una semana atrás Carmela Castellano-García, directora ejecutiva de la Asociación de Atención Primaria de California. “Estos centros son un salvavidas para millones de personas, especialmente en las zonas rurales, donde pueden ser el único proveedor de atención médica en millas a la redonda”.

Castellano-García dijo que el impasse presupuestario había obligado a muchos centros en el estado a congelar las contrataciones, posponer expansiones de servicios y utilizar las reservas financieras.

A nivel nacional, el 20% de los centros de salud ya habían congelado contratos, y el 4% despedido personal. Agregó que otro 53% podría haber despedido a empleados si no hubieran recibido los fondos federales, según una encuesta sobre centros de salud comunitarios realizada por la Universidad George Washington e investigadores de la Kaiser Family Foundation, publicada hace pocos días. (Kaiser Health News es un programa editorialmente independiente de la fundación).

Dan Hawkins, vicepresidente senior de la Asociación Nacional de Centros Comunitarios de Salud, con sede en Bethesda, Maryland, y expertos en políticas de salud, especularon que la razón del impasse en la asignación de fondos para los centros pudo ser por desacuerdos en el nivel de financiación y la cantidad de años. Según informes, los demócratas presionaron para que fuera de cinco o seis años, pero los republicanos pueden haber preferido un período más breve. Los senadores Debbie Stabenow (demócrata de Michigan) y Roy Blunt (republicano de Missouri), lideraron este debate.

Para los líderes de los centros comunitarios, y para los pacientes, la nueva asignación de fondos es un alivio.

California tiene la red de centros de salud más grande del país. Uno de cada 6 californianos -6,5 millones de personas- reciben atención médica en los cerca de 1,300 centros alrededor del estado. La mitad está inscrita en Medi-Cal, el programa estatal de Medicaid.

Dave Jones, director ejecutivo de Mountain Valleys Health Centers, que opera seis clínicas comunitarias cerca de la ciudad de Redding en el norte de California, dijo que podrían haber enfrentado el cierre de uno de sus seis locales de no haber recibido el dinero federal.

Anderson Valley Health Center, en Boonville, California, enfrentó la misma situación. El pequeño centro atiende a 2,800 pacientes por año, el 45% de los cuales son trabajadores agrícolas de bajos ingresos.

Chloë Guazzone-Rugebregt, directora ejecutiva del centro, dijo que la renovación de su edificio estaba esperando la señal de los fondos federales.

MMaría Soto, de 72 años, y su esposo Efrén, de 77, sus seis hijos adultos y 13 nietos, se atienden en el Anderson Valley Health Center, en Boonville, California. (Esther Soto/Cortesía de María Soto)

María Soto, de 72 años y su esposo, Efrén, de 77, junto con sus seis hijos adultos y sus 13 nietos, reciben atención en Anderson. Los abuelos Soto, ambos jubilados, tienen Medicare. El resto de la familia tiene seguro privado o está inscrito en Medi-Cal.

“La clínica juega un papel muy importante en nuestras vidas”, dijo María Soto. “Confiamos en este centro de salud para todos nuestros cuidados regulares. No tengo idea de a dónde iríamos si tuviera que cerrar”.

Charles Allbaugh y Paula Tomko, quienes dirigen Central Virginia Health Services, dijeron que también se han demorado en contratar personal y expandir los servicios en su red de 16 clínicas que atienden a 43,000 residentes de Virginia, a la espera del resultado del debate sobre los fondos.

“El Congreso juega al fútbol político con nosotros”, dijo Tomko. “No es la forma en que deberían funcionar las cosas”.

Jean Grutzius estuvo de acuerdo. Su madre de 97 años se atiende en una de las clínicas de Tomko, cerca de la pequeña ciudad de Bumpass.

“Sin la clínica, estaríamos en grandes problemas”, dijo Grutzius. Su madre, Eleanor Ciombor, está ciega y sorda, en silla de ruedas y toma múltiples medicamentos, incluso para una afección psiquiátrica. Ciombor, quien vive con su hija, está inscrita tanto en Medicare como en Medicaid. Su único ingreso es $900 por mes del Seguro Social.

“Recibe una gran atención [en la clínica] y nos cuesta poco”, dijo Grutzius, quien tiene 75 años y también vive con un ingreso fijo. “No podría pagar de otra manera. Estoy rezando para que el centro obtenga la financiación que necesita”.

Los fondos para los centros fueron apoyados sólidamente por la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA). Entre 2010 y 2016, ese financiamiento impulsó un aumento del 50% en el número de locales de centros de salud en todo el país y un incremento del 33% en el número de pacientes atendidos.

Los centros de salud también participaron activamente en el registro de personas para los mercados de seguros de ACA y para Medicaid en los estados que ampliaron ese programa bajo el Obamacare.

Sin embargo, a pesar de la creciente división partidista sobre ACA, los legisladores votaron abrumadoramente -y en un acuerdo bipartidista- en 2015 para extender los fondos del centro de salud al nivel de $3.6 mil millones anuales durante dos años adicionales.

“Estos son dólares federales muy bien gastados, y $3.6 mil millones no es un gran gasto federal”, dijo Peter Shin, profesor asociado de políticas y gestión de salud en la Universidad George Washington, en Washington, DC. “De hecho, hay un fuerte argumento de por qué deberían obtener más dinero”.

Shin dijo que la investigación muestra que los centros ahorran dinero al gobierno federal a largo plazo. Lo hacen proporcionando atención primaria, preventiva y prenatal de rutina que mantiene a las personas fuera del hospital y previene las costosas visitas a las salas de emergencias.

El experto dijo que, según un estimado, los centros de salud ahorran al gobierno federal casi $25 mil millones anuales en costos para los afiliados de Medicare y Medicaid.

Cambiando la forma en que vemos la demencia

En noviembre, seis adultos mayores con Alzheimer y otras formas relacionadas de deterioro cognitivo se presentaron ante un centenar de personas en North Haven, Connecticut.

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Una por una, hablaron sobre lo que era vivir con demencia desde perspectivas profundamente personales.

Antes de la presentación, se pidió al público que escribiera cinco palabras que asociaban con demencia. Se les dijo que hicieran lo mismo luego de escuchar los testimonios, esta vez reflexionando sobre lo que habían aprendido.

“Sin excepción, las palabras que usaba la gente habían cambiado: de ‘sin esperanza’ a ‘esperanza’, de ‘deprimido’ a ‘valiente’, de ‘vacío’ a ‘completo’”, contó Erica DeFrancesco, profesora asistente de terapia ocupacional en la Universidad de Quinnipiac, quien ayudó a organizar el evento.

La sesión, seguida de una discusión de una hora sobre demencia, es parte de un nuevo movimiento popular en los Estados Unidos, cuyo objetivo es educar a las personas sobre el Alzheimer y otras formas de demencia, mejorar la comprensión sobre este mal y erradicar el doloroso estigma asociado con estas afecciones.

Un elemento central de ese esfuerzo, conocido como Dementia Friends, comenzó hace poco más de un año con el auspicio de Dementia Friendly America, una iniciativa de 35 organizaciones en todo el país.

Actualmente, más de 13,200 personas están registradas como “amigos de la demencia” en el país; y organizaciones en 14 estados (Arizona, California, Connecticut, Hawaii, Illinois, Indiana, Maryland, Massachusetts, Michigan, Minnesota, Ohio, Carolina del Norte, Virginia y Wyoming) están organizando eventos para registrar a más.

A nivel mundial, casi 14 millones de personas en 33 países están involucradas en el movimiento, que se originó en Japón.

Para convertirse en un “amigo de la demencia”, la mayoría de las personas asisten a una presentación de una hora centrada en:

Enfermedad vs. envejecimiento típico. El Alzheimer y otros tipos de demencia son enfermedades del cerebro, no una consecuencia natural del envejecimiento.

Alcance de los síntomas. La demencia desencadena una amplia variedad de síntomas, no solo la pérdida de memoria.

Calidad de vida. Las personas con demencia pueden vivir bien, a menudo durante años.

Mantener la identidad y el respeto. Las personas con demencia retienen un sentido de sí mismas y no se definen exclusivamente por su condición.

“Si podemos cambiar la forma en que la gente ve la demencia y hablar sobre ella, podemos marcar una gran diferencia en la vida de las personas”, dijo Philippa Tree, quien encabeza un programa bien establecido de Dementia Friends en Inglaterra y Gales, que cuenta con cerca de 2,3 millones de miembros, y cuyo modelo se implementará en los Estados Unidos.

“Se trata de aumentar la conciencia y la empatía para que, si encuentras a alguien en la comunidad que necesita ayuda, tengas algunas habilidades básicas”, explicó Meredith Hanley, directora del proyecto para Dementia Friends USA.

William Anderson, jefe de policía de St. Cloud, Minnesota, fue a una de las sesiones el año pasado con unos 40 miembros de su departamento. Le impresionó particularmente un ejercicio que consistió en escribir todos los pasos necesarios para preparar un sándwich de mantequilla de maní y jalea.

“Nunca había pensado todo lo que incluye hacer algo tan simple: sacar la mantequilla de maní y la jalea de la heladera, desenroscar las tapas, tomar un cuchillo, extender los lados del pan, colocar la mantequilla y la jalea, poner un pan encima del otro y cortarlo en dos partes”, dijo Anderson.

“Lo que quisieron mostrar es que las personas con demencia podían recordar algunos de estos pasos, pero no otros. En algún momento, se distraerían u olvidarían lo que estaban haciendo y continuarían con otra cosa. Para mí, eso fue revelador; explicó mucho”, agregó.

Ahora, Anderson piensa en “cómo podemos hacer que la vida sea más manejable para estas personas, de manera simple”. Un ejemplo: el edificio del Departamento de Policía de St. Cloud tiene un gran vestíbulo con dos grandes puertas de vidrio. “Si tienes demencia, vas a entrar en ese vestíbulo y probablemente caminarás en círculos porque las puertas no tienen una señal que diga ‘policía’”, dijo. Están considerando colocar nuevas señalizaciones.

Para ser miembro de Dementia Friends hay que comprometerse con una acción concreta: visitar o llamar por teléfono a un familiar con Alzheimer con regularidad, cuidar a un vecino, trabajar como voluntario en una organización comunitaria o intentar hacer que los lugares públicos sean más fáciles de transitar, por ejemplo. Sin embargo, los patrocinadores no verifican si la persona cumple con este requisito.

“Este es un movimiento de acción social”, definió Emily Farah-Miller, directora ejecutiva de ACT en Alzheimer, un esfuerzo estatal en Minnesota para crear comunidades amigables para las personas con demencia y difundir las mejores prácticas con respecto a la demencia en los entornos de atención médica.

Más de 10,000 “amigos de la demencia” estadounidenses son de Minnesota, en donde se comenzó a reclutar residentes para el programa hace dos años, antes de que se convirtiera en una iniciativa nacional.

En ese estado, se están realizando programas piloto adaptados a distintos entornos culturales, y en varias escuelas primarias.

Las personas también pueden obtener una designación de “amigo de la demencia” viendo un video introductorio en el sitio web de Dementia Friends USA, u otro video sobre cómo tratar a personas con demencia en distintos lugares como restaurantes, tiendas, bancos, bibliotecas, farmacias, iglesias y en el transporte público.

Si encuentras a alguien que parece confundido y desorientado en un autobús, tren, taxi o metro, intenta entender qué podría necesitar esa persona, aconseja uno de estos videos. Habla despacio, usando oraciones cortas y simples, y dale a la persona el tiempo adecuado para responder. Mantente tranquilo, y evita discutir o avergonzar a la persona que puede haber olvidado adónde van.

Bob Savage, de 86 años quien fue diagnosticado hace dos años con Alzheimer, se convirtió en un “amigo de la demencia” el año pasado y ahora habla con grupos en Connecticut que están promoviendo el programa.

“Tan pronto como la gente se entera que tienes Alzheimer, estás estigmatizado. Te tratan diferente, como si no entendieras nada, y eso es muy molesto”, dice Savage a la audiencia.

Incluso si se pierde la memoria, la intuición y la comprensión emocional permanecen intactas, explica.

Lo que él y otras personas con demencia quieren más que nada es mantener la “conexión emocional, ese sentimiento de amor que tuvimos, y que podríamos haber perdido” cuando se conoce el diagnóstico y se tiene la sensación de ser una carga para otras personas.

“Lo que he visto es que las barreras parecen disolverse para las personas que asisten a las sesiones de información”, dijo. Antes estaban nerviosos frente a una persona con Alzheimer. “Y ahora los ven como un ser humano que vive con una discapacidad cognitiva, como las personas que viven con discapacidades físicas”.

La cobertura de KHN de estos temas es apoyada por la John A. Hartford Foundation y por la Gordon and Betty Moore Foundation.

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