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Centros de salud comunitarios enfrentan al coronavirus, bajo presión financiera

La administración Trump acaba de anunciar $100 millones en fondos suplementarios para centros de salud comunitarios, para apoyar la respuesta a la pandemia de coronavirus.

“Los centros de salud están desempeñando un papel fundamental”, dijo James Macrae, administrador asociado de la Oficina de Atención Primaria de Salud del gobierno federal.

Alrededor de 29 millones de personas en el país dependen de estos centros, que ofrecen atención médica a pacientes de bajos ingresos y sin seguro. Millones de latinos reciben atención en estas clínicas.

A medida que los hospitales reciben más pacientes con COVID-19, los centros están revisando la forma en que atienden a los pacientes y han puesto en marcha nuevos protocolos para el manejo de enfermedades infecciosas.

Los fondos extra del gobierno se repartirán entre 1,381 centros de salud comunitarios (muchos de los cuales operan múltiples clínicas), principalmente para respaldar más pruebas para COVID-19, telemedicina y adquisición de equipos de protección personal.

“No está cerca de lo que se necesita, pero estamos agradecidos”, dijo Bob Marsalli, CEO de la Washington Association for Community Health, un grupo que representa a los centros de salud comunitarios en el estado de Washington.

Marsalli dijo que los centros en el estado están bajo una creciente presión financiera a medida que recrudece la batalla contra el coronavirus, al tiempo que pierden algunas fuentes clave de financiación.

“[Nuestras clínicas] están reasignando su fuerza laboral de manera inteligente, pero frenética, para mantenerse al día con la demanda”, dijo Marsalli.

Nuevas reglas de juego

En circunstancias normales, HealthPoint, un centro de salud comunitario en Auburn, Washington, alentaría a los pacientes a ir a la clínica para todas sus necesidades médicas, tanto para surtir una receta como para aprender sobre nutrición.

“Por lo general, nuestro lobby está colmado”, dijo la doctora Esther Johnston. “Es un espacio abierto y todos están juntos”.

Pero en estos días solo hay unos pocos pacientes con máscaras quirúrgicas esperando que los atiendan. Y Johnston les dice a los pacientes que no vayan a menos que realmente necesiten atención médica.

“Es un poco frustrante y desmoralizante, pero es la realidad de la situación”, dijo.

HealthPoint dirige más de una docena de clínicas en todo el oeste de Washington. Ahora, en la entrada de sus centros, el personal hace preguntas a los pacientes para identificar los síntomas de COVID-19 y controlar los mantiene a distancia uno del otro una vez dentro.

Johnston dijo que la clínica no se abrió para albergar una afluencia de pacientes con enfermedades infecciosas. Tienen un limitado número de cuartos, y cada uno debe cerrarse y limpiarse después que entra un paciente sospechoso de tener COVID-19.

“Simplemente no tenemos suficiente espacio para poder hacer eso de forma rutinaria”, dijo.

Al igual que muchos centros de salud comunitarios, el modelo de HealthPoint es atender a más personas para que no vayan a las salas de emergencia. Pero ahora la organización está tomando nuevas precauciones para prevenir la propagación del coronavirus y mantener al personal seguro. (Will Stone for KHN)

Johnston se preocupa por lo que vendrá a medida que aumenten los casos de COVID-19 en su área.

“Nos enorgullecemos de ser un espacio de atención primaria”, dijo Johnston. “No tenemos suficientes máscaras N95, ni, para ser sinceros, estábamos preparados para una situación en la que todos debían estar bien equipados”.

La doctora Judy Featherstone, directora médica de HealthPoint, dijo que ahora la mayoría de las citas se hacen por teléfono. Su personal está atendiendo llamadas de personas preocupadas por los síntomas, así como de nuevos pacientes que quieren tener un médico en caso que contraigan el coronavirus.

“Es un poco como tomar 20 años de trabajo y rediseñarlo en una semana”, dijo Featherstone. “Creo que estamos anticipando posibles problemas de la fuerza laboral”.

Al igual que muchas clínicas en Washington, HealthPoint ha establecido sitios de pruebas al aire libre, pero el suministro de kits y equipos de protección personal, limita el número de pacientes que pueden hacérselas.

Crece la tensión financiera

A medida que van menos pacientes para recibir atención, autoridades se preocupan por el futuro financiero de los centros. Las clínicas han cambiado a citas telefónicas, pero el programa de Medicaid de Washington tardó varias semanas en ajustar la forma en que paga esas visitas. Mientras tanto, los centros de salud comunitarios están eliminando las visitas dentales de rutina, un flujo de financiación clave.

“Toma esos tres factores… y ya has comenzado a perder ingresos antes de prepararte para nuevas formas de brindar atención”, dijo Michael Erikson, CEO de Neighborcare Health, que atiende a más de 70,000 residentes de Washington, más de la mitad de ellos bajo Medicaid. “Estamos en camino de perder $3 millones al mes”.

La Washington Association for Community Health proyecta que el recorte en la atención dental podría llevar a un déficit de $250 millones para el sistema de centros de salud comunitarios del estado durante los próximos nueve meses.

Rol vital en el sistema de salud

Las clínicas comunitarias juegan un papel importante en el servicio a pacientes que de otro modo terminarían en una sala de emergencias. Erikson dijo que su organización está tratando de aliviar la presión sobre el sistema hospitalario al ver pacientes con problemas de atención médica urgentes no relacionados con COVID-19.

“Por ejemplo, a un paciente para el cuidado de heridas que tiene diabetes subyacente no quieres exponerlo a un posible entorno con COVID-19”, dijo Erikson.

Algunos líderes de clínicas comunitarias también se preocupan por perder personal debido a una infección real o sospechada por coronavirus.

“Es muy crítico que las clínicas permanezcan con todo el personal, de modo que solo aquellos que están gravemente enfermos vayan al hospital”, dijo Sheila Berschauer, directora ejecutiva de Moses Lake Community Health Center, un proveedor de atención médica rural en Washington que atiende a un tercio de la población de su condado, de aproximadamente 100,000 residentes.

Si incluso cinco a 10 trabajadores de salud se enferman, dijo Berschauer, eso podría afectar su organización y, como resultado, posiblemente abrumar al hospital local.

Berschauer agregó que algunos pacientes aún no se dan cuenta de la gravedad de la pandemia y se enojan cuando se los deriva al sitio de prueba al aire libre en lugar de a la clínica.

Un trabajador de alud en un centro en las afueras de Seattle dijo que varios pacientes han tergiversado sus riesgos de COVID-19 para pasar el examen.

“Recibimos una paciente que logró pasar todos los controles y llegó ante un médico para recién entonces revelarnos que su pareja está expuesta a COVID y que se siente enferma”, dijo un empleado (le preocupa perder su trabajo por hablar, por lo que NPR y KHN no están usando su nombre).

Los trabajadores de salud que vieron al paciente no usaron equipo protector porque esos suministros limitados están reservados para pacientes con riesgo conocido de COVID-19.

“Ahora todos los proveedores y el personal de esa instalación deben comenzar a autocontrolarse para detectar signos de infección”, dijo el empleado. “Si se infectan, entonces toda la clínica cierra. Es un problema muy grande”.

Esta historia es parte de una asociación entre NPR y Kaiser Health News

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Para luchar contra el coronavirus, médicos y enfermeras retirados vuelven a trabajar

Laura Benson se retiró de la enfermería en 2018, pero hace pocos días volvió a presentarse a trabajar en New Rochelle, Nueva York, donde se registró uno de los primeros grupos de casos de COVID-19.

“Las enfermeras somos entregadas”, dijo. “Si no hay suficiente gente, simplemente te presentas”.

Con más de 40,000 casos confirmados, Nueva York es ahora el epicentro del brote de coronavirus en el país: casi la mitad de los más de 92,900 casos en todo el país hasta el viernes 27 de marzo al mediodía.

Anticipándose a una grave escasez de personal médico para tratar el flujo de pacientes enfermos, el gobernador Andrew Cuomo y otros funcionarios hicieron un llamado para que médicos, enfermeras y otros profesionales de salud retirados desempolvaran sus guardapolvos y regresaran al trabajo.

Para el jueves 26, habían respondido 52,000 personas.

Funcionarios de otros estados, incluidos California, Colorado e Illinois, han hecho pedidos similares para que los profesionales de salud retirados den un paso adelante.

En el condado de Westchester, en Nueva York -que incluye New Rochelle y otras ciudades al norte de la ciudad de Nueva York- su ejecutivo, George Latimer, dijo que cerca de 90 enfermeras retiradas y un puñado de médicos respondieron después que publicara un mensaje en la página de Facebook del condado en busca de ayuda.

No hay un plan definitivo para desplegar con los voluntarios médicos, explicó Latimer. Pueden ser necesarios para atender a pacientes por fuera del coronavirus, o para ayudar al personal del Westchester County Center, que ahora funciona como un hospital temporal.

Laura Benson(Courtesy of Laura Benson)

Benson, de 60 años, trabaja para el Departamento de Salud del condado. Enfermera practicante con especialidad en oncología, pasó 20 años en el Albert Einstein Cancer Center en el Bronx. Se retiró de un trabajo en una compañía de dispositivos médicos, donde trabajó con pacientes con tumores cerebrales. También enseña a estudiantes de enfermería en un colegio comunitario.

En su primer día como voluntaria jubilada, Benson llamó por teléfono a pacientes que habían sido examinados recientemente para detectar el nuevo coronavirus para explicarles las pautas que deberían seguir para protegerse a sí mismos y a los demás.

Si hay una necesidad, dijo, está “absolutamente” dispuesta a trabajar directamente con pacientes que tengan COVID-19.

“Pienso en la persona en esa cama de hospital”, dijo. “Me gustaría que alguien la cuide”.

Benson no está particularmente preocupada por el virus, ya que trabajó durante la crisis del sida y trató a los pacientes incluso antes que la gente entendiera qué era esa enfermedad. “Sigues las pautas y te proteges”, explicó.

El mejor papel para muchos profesionales médicos retirados puede ser ayudar detrás de escena, dijeron expertos, liberando a colegas más jóvenes para que puedan centrarse en la atención directa del paciente.

Una razón para esto: la edad.

“Mi única preocupación es que muchas de estas personas retiradas estén en grupos de alto riesgo” con mayor probabilidad de verse gravemente afectados por COVID-19, dijo el doctor Arthur Fougner, presidente de la Sociedad Médica del Estado de Nueva York.

Otra preocupación es si los jubilados están actualizados con sus conocimientos médicos.

“Si han estado sin trabajar por más de dos o tres años, debes preocuparte que estén al día”, dijo el doctor Janis Orlowski, director de atención médica de la Asociación de Colegios Médicos Americanos.

Además, las licencias estatales de los proveedores de atención médica pueden haber caducado si han estado retirados por unos años. Renovarlas puede llevar mucho tiempo.

Aun así, “si alguien todavía tiene su licencia y está dispuesto a regresar, deberíamos recibirlo”, dijo Orlowski.

Michele Pedicone es una de esas profesionales. La terapeuta de atención respiratoria dejó su trabajo en Seattle el año pasado para dirigir el área de educación clínica en el departamento de educación de terapia respiratoria de la Universidad Médica SUNY Upstate en Syracuse, Nueva York.

Con sus clases ahora en su mayoría en línea y las prácticas de los estudiantes, suspendidas, tiene tiempo para volver a la atención clínica. Pedicone contactó a dos hospitales cercanos para ver si podían usar sus servicios y espera trabajar tres o cuatro días a la semana.

“Sinceramente, no sé lo que me están pagando; el dinero no es un problema “, dijo Pedicone, de 54 años.” Es lo correcto”.

Los terapeutas respiratorios, los médicos de cuidados críticos y las enfermeras capacitadas en la operación de ventiladores que ayudan a los pacientes hospitalizados a respirar se encuentran entre los especialistas que se espera que comiencen a escasear a medida que la pandemia de coronavirus empeora en Nueva York y en otros lugares, según un análisis de la Sociedad de Medicina de Cuidados Críticos.

La expansión de la oferta de trabajadores de cuidados intensivos será clave para manejar la pandemia de coronavirus, dijo Ashish Jha, director del Instituto de Salud Global de Harvard, en una sesión informativa la semana del 23 sobre asuntos de la fuerza laboral de atención médica patrocinados por el Commonwealth Fund.

Una opción que los encargados de formular políticas han discutido es que los estados podrían permitir, por ejemplo, que los profesionales médicos que se retiraron en los últimos cinco años con licencias vigentes obtengan una licencia automática de tres o seis meses sin tener que hacer muchos trámites, dijo Jha.

Mientras tanto, los sistemas de atención médica están desarrollando sus propias estrategias.

Northwell Health posee y opera 19 hospitales en la ciudad de Nueva York, el condado de Westchester y Long Island. La semana del 23, el sistema de salud ha tenido más de 700 pacientes con COVID-19, en comparación con solo 40 pacientes la semana anterior, según Terry Lynam, vicepresidente senior del sistema de salud.

Northwell ha estado planeando cómo fortalecer al personal desde enero, contó Judy Howard, vicepresidenta de adquisición que supervisa la contratación de personal. Desarrollaron una lista de 200 enfermeras jubiladas a las que se ha contactado para evaluar su interés en regresar al trabajo remunerado de alguna manera. Hasta ahora, 28 han firmado, dijo Howard.

En este momento, están pidiendo a las enfermeras jubiladas que trabajen en el centro de llamadas del sistema de salud y compartan las responsabilidades para capacitar a las nuevas enfermeras. Algunas trabajan en atención directa al paciente. Otra posibilidad es que colaboren en las instalaciones que Northwell ha establecido para cuidar a los hijos de los miembros del personal durante la pandemia de coronavirus.

“Si alguien realmente quiere trabajar cuatro horas a la semana o le gustaría trabajar 10 horas a la semana, trabajaremos con ellos para satisfacer sus necesidades”, dijo Howard.

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Resurge la telemedicina, por miedo al coronavirus y cambios en los pagos

Lukas Kopacki, quien regresó a casa después que el campus de su universidad cerrara por la pandemia de coronavirus, se había estado sintiendo mal durante días, con dolores de cabeza y garganta, y dificultad para respirar. Pero le preocupaba que ir al consultorio médico pudiera enfermarlo más.

“No tenía ganas de entrar en ese agujero negro de bacterias y virus”, dijo Kopacki, de 19 años, de Ringwood, Nueva Jersey.

Entonces, la semana del 16 de marzo, el estudiante de la Universidad de Vermont decidió llamar a Teladoc, una compañía que conecta a pacientes con médicos por teléfono en todo el país. El médico le diagnosticó una infección sinusal y le envió una receta para un antibiótico a su farmacia local.

Con su cobertura de salud de Aetna, que a principios de marzo renunció temporalmente a su copago de $45 por atención virtual, Kopacki pagó de su bolsillo $1.44, que cubrió los costos del medicamento.

“Fue fácil y rápido”, dijo.

Recibir atención médica por teléfono o videoconferencia ha existido durante varias décadas, pero el brote de coronavirus ha llevado a un aumento en el uso de la telemedicina como nunca antes se había visto, según los sistemas de salud y los grupos de proveedores en todo el país.

Millones de estadounidenses buscan atención conectándose electrónicamente con un médico, muchos por primera vez. Los sistemas de salud, las aseguradoras y los grupos de médicos dijeron que esta práctica permite a las personas practicar el distanciamiento social a la vez que reduce la propagación de la enfermedad, y protege a los trabajadores de salud.

Las empresas privadas de tecnología como Teladoc, Doctor On Demand y Amwell, y los grandes sistemas de atención médica, pueden proporcionar un médico directamente a alguien que se contacte con ellos.

Otros pacientes pueden pedir una cita de telemedicina con su médico habitual, que puede utilizar aplicaciones informáticas a través de celulares y computadoras. Todos los tipos de atención primaria y especializada, y los servicios de salud mental se pueden proporcionar a través de la telemedicina.

Muchos hospitales han agregado recientemente servicios de telemedicina para evitar que los pacientes preocupados por el coronavirus colmen sus salas de emergencia.

También estimulados por el objetivo de mantener a los pacientes alejados de las instalaciones médicas abarrotadas, las aseguradoras, del gobierno y privadas han aumentado el pago de las visitas de telemedicina para que estén a la par de las citas en persona.

Antes del brote, las aseguradoras pagaban menos de la mitad de esa cantidad, lo que disuadía a muchos médicos de ofrecer este servicio.

La semana del 16, Medicare habilitó a todos los afiliados usar la telemedicina, una opción que anteriormente solo estaba disponible para personas que viven en áreas remotas, y para chequeos específicos y breves. El gobierno federal también dijo que los médicos podrían ofrecer servicio fuera de sus estados durante la pandemia para tratar a los pacientes de Medicare virtualmente, incluso si no tienen licencia en el estado del paciente.

California, Florida y otros estados también han renunciado a sus requisitos de que un médico tenga licencia en el estado para brindar atención.

La Clínica Cleveland está en camino de registrar más de 60,000 visitas de telemedicina en marzo, según sus autoridades. Antes de marzo, ese sistema de salud, que tiene hospitales en Ohio y Florida, promediaba unas 3,400 visitas virtuales al mes.

Su sistema Express Care Online atiende a pacientes de todo el país las 24 horas del día. Alrededor del 75% de las llamadas ahora provienen de personas preocupadas de haber contraído COVID-19, dijo el doctor Matthew Faiman, director médico del servicio. Al igual que muchos otros sistemas de salud, la atención de urgencia virtual de Cleveland Clinic está renunciando a los copagos de los pacientes durante la pandemia.

“Estamos viendo un aumento significativo en la demanda de pacientes que buscan atención, tanto las personas preocupadas por el virus como los pacientes que están enfermos y que necesitan saber cómo manejar sus síntomas”, explicó Faiman.

La clínica ha contratado más médicos para telesalud desde que se cancelaron las cirugías electivas y menos pacientes van al consultorio.

“La telemedicina ha estado en los bordes del sistema por un tiempo”, dijo el doctor Manish Naik, director de tecnología de información médica de la Clínica Regional de Austin, en Texas. “Y, cuando todo esto termine, muchos médicos y pacientes querrán que la opción de telemedicina permanezca”.

Por supuesto, tales visitas tienen limitaciones, como cuando los médicos necesitan auscultar los pulmones o el corazón de un paciente u ordenar una radiografía para verificar si hay neumonía. Pero Naik dijo que la telemedicina también brinda a los médicos una visión más completa de los pacientes a través de “observación en el hogar” e interacciones que muestran “cosas que nunca antes pudimos ver”.

Antes de marzo, NYU Langone Health en Nueva York tenía alrededor de 50 visitas virtuales por día a través de su plataforma de telemedicina de atención de urgencia. Durante la semana del 23 de marzo, el sistema hospitalario ha promediado alrededor de 900 por día.

Para el 80% de las visitas de telemedicina, la tos es la principal preocupación, seguida por la fiebre, dijo el doctor Paul Testa, jefe de información médica. NYU Langone tiene 170 médicos que atienden a pacientes a través de la telemedicina, en comparación con 35 antes, dijo.

“No estamos recomendando pruebas para todos, pero estamos aconsejando el cuidado personal, la hidratación y el autoaislamiento”, agregó Testa. “El objetivo es crear una opción para estos pacientes en lugar que se apresuren a una urgencia o a una sala de emergencias”.

Si un paciente tiene problemas para respirar, un proveedor de telemedicina de la NYU le indicará que llame a una ambulancia si es necesario o que vaya a la sala de emergencias.

Teladoc tiene un promedio de 15,000 visitas de pacientes por día en los Estados Unidos, 50% más que en febrero. Los tiempos de espera han aumentado de minutos a horas en algunos casos, dijo un vocero.

En la Clínica Regional de Austin, que cuenta con 340 médicos en 28 consultorios, casi la mitad de las visitas de pacientes ahora son virtuales en comparación con una fracción antes del brote.

“Con la situación de COVID-19, tenemos pacientes que están nerviosos por venir, y no queremos pacientes con síntomas que expongan a otros”, dijo Naik.

La administración Trump estuvo actuando para ampliar las opciones de telemedicina incluso antes de la pandemia. En 2019, le permitió a Medicare pagar por primera vez a los médicos un promedio de $14 por una llamada telefónica de cinco minutos para comunicarse con sus pacientes.

Ken Prussner, de 74 años, de Herndon, Virginia, usó la computadora de su casa el lunes 23 para conectarse con su médico de toda la vida.

Prussner tenía una enfermedad gastrointestinal y un poco de fiebre, y su familia quería asegurarse que no tuviera COVID-19. Habló con su médico como si estuviera en el consultorio. Prussner tenía una infección típica del intestino delgado que desaparecería por sí sola en tres o cinco días.

“Fue bastante sencillo”, dijo Prussner, oficial retirado del Servicio Exterior de los Estados Unidos.

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Los vitales cuidadores de pacientes en el hogar, ¿ahora son una amenaza?

Como enfermera especializada en cuidado de pacientes graves y terminales en Seattle, Diane Speer explicó que abrazar a pacientes y familiares era parte de la rutina en sus visitas a domicilio.

Pero en medio de la pandemia de coronavirus, ahora les pide a los familiares que mantengan la distancia.

“No se tocan ni se dan apretones de manos”, dijo Speer, que trabaja para Renton, Providence St. Joseph Health, con sede en Washington. Es “el momento para el abrazo virtual”.

Cientos de miles de trabajadores de salud como Speer van a los hogares de todo el país para prestar servicios vitales a las personas mayores y a los discapacitados.

Pero con la creciente preocupación por el coronavirus y el peligro concreto que representa para los adultos mayores, esos trabajadores podrían estar poniendo en peligro a sus pacientes, y a ellos mismos.

“Sabemos que estos trabajadores de salud nos ayudan, pero el temor ahora es la llegada del mismo trabajador: ¿a quién atendió antes de venir?, ¿dónde ha estado últimamente? ¿traerá algo a mi casa?”, comentó el doctor Thomas Schaaf, jefe de la división de cuidados en el hogar y la comunidad del Providence St. Joseph.

Las enfermeras de pacientes en estado terminal, y de atención domiciliaria, los ayudantes en el hogar y las enfermeras temporales están intensificando las medidas de protección. Estas incluyen llamar a casa de los pacientes, antes de visitarlos, para ver si ellos o alguien en el hogar tiene fiebre u otros síntomas de COVID-19. También se lavan las manos delante de los pacientes y usan máscaras y otros equipos de protección para reducir las infecciones y hacer que los pacientes se sientan más cómodos viendo las precauciones que se toman.

Aun así, los proveedores de atención médica domiciliaria dicen que algunos pacientes no los quieren en sus casas por temor a contraer el coronavirus.

“Ha sido todo un reto, hemos tenido pacientes que han sido dados de alta del hospital para seguir su cuidado en el hogar, que se han negado a que nuestros cuidadores los visiten”, contó Schaaf.

Las enfermeras de Providence visitan a los pacientes en sus casas, en las residencias de adultos mayores y en los centros de vida asistida. Las visitas son a menudo críticas para el cuidado de las heridas, para asegurarse que los pacientes están tomando sus medicamentos, y para evaluar si la vivienda es segura para minimizar caídas y otros peligros.

Schaaf dijo que su sistema de salud está tratando de cambiar las visitas de atención, como las que realizan los trabajadores sociales o los capellanes, y pasar a realizar conferencias telefónicas o por video.

“Estamos tratando de equilibrar las necesidades clínicas del paciente con la necesidad de limitar el contacto tanto como sea posible”, añadió Schaaf.

Haciendo lo que creemos correcto

Marie Grosh, enfermera de Cleveland que atiende a pacientes mayores en el hogar, dijo que ha cambiado su horario de manera que ahora atiende a los que tienen enfermedades contagiosas al final de su turno, para reducir el riesgo de infección. También ha dejado de visitar a pacientes que sólo necesitan un chequeo y no tienen problemas que requieran atención inmediata.

Cuando está con los pacientes, ya no se sienta ni apoya su bolso con los suministros médicos, para reducir el riesgo de entrar en contacto con gérmenes o de propagar infecciones.

“Voy de casa en casa. Si me enfermo, puedo superarlo, pero no puedo arriesgarme a llevar nada de una casa a la siguiente”, explicó Grosh.

“Todos estamos intentándolo y haciendo todo lo que podemos”, dijo sobre cómo encontrar la mejor manera de seguir viendo a sus pacientes, reduciendo el riesgo de infección.

Para aliviar la ansiedad de los pacientes, explicó Schaaf, las enfermeras se lavan las manos en la casa del enfermo, en lugar de usar desinfectante de manos en el auto, antes de entrar. También llaman a los pacientes con antelación para ver si tienen algún posible síntoma de COVID-19, como fiebre, y si lo tienen, usan máscaras y guantes.

La doctora Amy Moss, vicepresidenta de Amedisys, un gran grupo de salud en el hogar, cuidado de hospicio y personal, en Baton Rouge, Louisiana, dijo que es imperativo que los empleados sigan protocolos estándar de control de infecciones, como el lavado de manos, para proteger al personal y a los pacientes.

“Los trabajadores de salud se preparan para este escenario desde el primer día de sus carreras”, apuntó.

Los métodos de pago varían para los asistentes sanitarios. La mayoría de las aseguradoras cubren la salud en el hogar y el hospicio, aunque los pacientes pueden tener un copago. Si no se hace la visita, el proveedor no puede facturar el servicio.

Formación de trabajadores temporales

A medida que los hospitales se preparan para un aumento de pacientes, las empresas que trabajan con enfermeras temporales dicen que hay un aumento de la demanda. Pero el hecho de que las enfermeras roten en varios centros de salud podría aumentar el riesgo de infección, comentó Saskia Popescu, especialista en prevención de infecciones de HonorHealth, un sistema de salud de Phoenix, Arizona.

“Cuanta más gente esté expuesta en el hospital, mayor será el riesgo”, dijo.

Pero agregó que este riesgo se mitiga cuando el personal del hospital se asegura de que los trabajadores temporales sigan las normas de control de infecciones del hospital. “Cuando se utiliza personal contratado, se supone que recibirá la educación y la capacitación adecuadas”, apuntó Popescu.

El problema para los servicios de enfermería en el hogar, o en los centros que utilizan personal de enfermería temporal, es que estos trabajadores pueden no tener la misma capacitación, en materia de control de infecciones, que el personal de enfermería de las zonas de mayor riesgo, como las salas de emergencia de los hospitales, explicó.

“No creo que les prestemos la misma atención a la hora de controlar la infección”, dijo Popescu. “Y puede que no sepan dónde están los riesgos”.

Lynne Gross, presidenta de RNnetwork, una agencia de enfermería temporal con sede en Boca Ratón, Florida, dijo que sus enfermeras tienen que llenar una encuesta y dar fe de que gozan de buena salud y no han estado expuestas al coronavirus, a sabiendas, antes de iniciar una nueva asignación.

“Si tienen algún síntoma parecido a la gripe, tienen que esperar un período de cuarentena de dos semanas”, aseguró Gross.

Quienes también toman nuevas precauciones son los asistentes personales que ayudan a los pacientes con necesidades no médicas en sus casas, como a preparar comidas y a vestirse.

“Nuestro personal está haciendo mucha más limpieza, incluyendo la desinfección de superficies en los hogares”, dijo Lawrence Meigs, director ejecutivo de Visiting Angels, una compañía con sede en Bryn Mawr, Pennsylvania, que proporciona atención domiciliaria y tiene unas 600 franquicias en todo el país.

Dijo que estos ayudantes siguen haciendo sus visitas.

“Consideramos que nuestros cuidadores son personal esencial”, concluyó.

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Con reportes parciales de los estados, el panorama de COVID-19 en el país es borroso

Varios estados informan solo resultados positivos de la prueba para COVID-19 de laboratorios privados, una práctica que pinta una imagen engañosa de la velocidad de propagación de la enfermedad.

Por ejemplo, Maryland, Ohio y otros están publicando los números de nuevas pruebas positivas y de muertes, pero no informan los resultados negativos, lo que ayudaría a mostrar a cuántas personas se evaluó en general.

“Esto es importante, porque da una falsa sensación de lo que está sucediendo en un lugar en particular”, dijo el doctor Eric Topol, director del Scripps Research Translational Institute. Agregó que se debería exigir a los estados que reporten resultados positivos y negativos para que expertos en salud pública puedan revisarlos.

“Todos los datos deberían estar juntos. Debería ser automático”, enfatizó Topol.

Muchos estados muestran una imagen más completa de los datos de la pandemia, incluido el número total de pruebas ejecutadas y las que arrojan resultado negativo.

El COVID Tracking Project, un esfuerzo privado para recopilar información de pruebas en todo el país, ha encontrado al menos nueve estados que han reportado resultados completos solo de los laboratorios estatales, o faltan algunos informes sobre resultados negativos.

Melanie Amato, secretaria de prensa del Departamento de Salud de Ohio, dijo que su estado solo está recolectando resultados positivos, ya que muchos laboratorios privados han comenzado a evaluar a los residentes. Hasta el martes 24 de marzo por la tarde, el estado reportó 564 casos confirmados, 145 hospitalizaciones y ocho muertes en su sitio web.

“No exigimos que los laboratorios privados informen resultados negativos sobre cualquier enfermedad infecciosa”, explicó. Cuando se le preguntó si esa política podría cambiar, dijo: “Esa es una discusión para más adelante”.

Del mismo modo, el Departamento de Salud de Maryland “actualmente informa solo el número de casos positivos. Estamos trabajando en un proceso para proporcionar oportunamente datos de número de pruebas”, dijo el departamento a KHN en un comunicado, y agregó:” Proporcionaremos información adicional tan pronto como esté disponible “. Hasta el miércoles 25 por la mañana, el estado informaba 423 casos confirmados.

En los estados que reportan todos los resultados de las pruebas, la tasa de infecciones varía ampliamente. Algunos informan que el 5% o menos de las pruebas son positivas, mientras que otros confirman el virus en el 10% o más de las muestras. Los resultados pueden cambiar. Hasta el martes, Utah reportó 346 casos confirmados de 6,837 evaluados, o alrededor del 5% de resultados positivos. Las autoridades señalaron que algunos resultados pueden tener un retraso de hasta 72 horas.

Los funcionarios de Florida habían realizado 10,338 pruebas hasta el domingo 22, de las cuales 1,007 fueron positivas, a una tasa de poco menos del 10%. Autoridades dijeron que se asociaron con laboratorios comerciales para “aumentar la cantidad de pruebas realizadas cada día y garantizar que los floridanos reciban la información crítica de salud que necesitan de manera oportuna”.

Hasta el lunes 23 por la tarde, el estado de Washington, golpeado fuerte por el coronavirus, había reportado 2,221 resultados positivos de pruebas y 31,712 negativos, con una tasa positiva de 7%. El estado también informó 110 muertes.

Tener una imagen más completa en esos estados que limitan los informes “podría proporcionar información útil sobre el seguimiento de la transmisión y el tiempo”, dijo Charles Root, veterano consultor de laboratorios en Chicago.

La Oficina del Cirujano General de los Estados Unidos tuiteó el domingo: “no todos los laboratorios informan todavía (o puntualmente), pero los que sí lo hacen, informan que el 90% de las pruebas (que generalmente son personas expuestas o con síntomas) son #COVID19 negativas”. Eso significa que incluso entre las personas de mayor riesgo, la mayoría no tiene #coronavirus…”

No está claro cómo las autoridades federales se están ajustando al subregistro de pruebas negativas, lo que podría empañar lo que realmente está sucediendo en todo el país.

El lunes 23, el grupo de trabajo de la Casa Blanca tomó medidas para aumentar los informes a nivel nacional.

“También hoy les recordamos a los gobernadores que todos los laboratorios estatales, todos los laboratorios de hospitales ahora están obligados por ley a informar los resultados de las pruebas de coronavirus a los CDC”, dijo el vicepresidente Mike Pence, según una transcripción de la sesión informativa de la Casa Blanca.

Topol dijo que la nación perdió un tiempo precioso al no reunir los recursos para evaluar a un gran número de personas en los últimos dos meses y contar todos los resultados.

“Deberíamos estar haciendo una evaluación masiva, un millón de personas al azar por edad y sexo para analizar”, dijo. “Si hacemos eso, obtendríamos respuestas. Hasta entonces, no tenemos ninguna pista. Todo está muy borroso”.

Para complicar aún más las cosas, los criterios para evaluar a las personas han cambiado a medida que los casos de COVID-19 se dispararon.

En un sitio de pruebas al paso en Nueva Jersey, el lunes 23, un letrero electrónico mostraba el mensaje: “No síntomas. No prueba”. Otras áreas han permitido a los médicos ordenar pruebas cuando las personas sospechan que podrían haber estado en contacto con alguien que tenía la enfermedad.

El sitio web de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) dice: “No todos necesitan hacerse la prueba de COVID-19”.

Los CDC también señalan que la mayoría de las personas tienen una forma leve de la enfermedad y que se recuperarán en casa, y agregan que “no existe un tratamiento específicamente aprobado para este virus”.

Las decisiones sobre las pruebas “son a discreción de los departamentos de salud estatales y locales y/o los médicos”, dice. La agencia señala que los adultos mayores y las personas con afecciones médicas crónicas y/o un estado inmunocomprometido pueden estar en “mayor riesgo de malos resultados”.

Y a medida que la enfermedad se ha propagado, las áreas afectadas han pedido que se reserven las pruebas para las personas en el hospital y los trabajadores de la salud, tanto para garantizar que puedan permanecer en el trabajo como para conservar el equipo de protección.

El ex comisionado de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA), Scott Gottlieb, en un tuit la semana del 16, señaló que la cifra nacional del 10% para resultados positivos de las pruebas es “significativamente mayor” que en el Reino Unido, Corea del Sur y China.

“Hasta que veamos una disminución significativa de la tasa de positividad, todavía no estamos evaluando lo suficiente”, escribió Gottlieb.

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En Seattle, enfermeras se vuelven creativas para cuidarse y trabajar en medio de la pandemia

Al aumentar el número de pacientes con el nuevo coronavirus, escasean las máscaras y otros equipos de protección. Y las enfermeras del estado de Washington recurren a métodos alternativos para intentar protegerse.

Wendy Shaw, enfermera en una sala de emergencias en Seattle, dijo que hospitales como el suyo han guardado bajo llave equipos críticos como máscaras y respiradores para asegurar que no se agoten.

Shaw es la responsable del equipo, y al que viene a buscar una máscara le tiene que hacer muchas preguntas: “¿Para qué la vas a usar? ¿Con qué paciente? ¿Cuál es el procedimiento?”

“Me he convertido en la ‘carcelera’ de estas máscaras”, comentó. “Ahora tenemos que aprender a trabajar con menos y a ser buenos administradores de los recursos que tenemos”.

Shaw vive un estrés muy personal que la mantiene en alerta. Padece diabetes tipo 1, al igual que su hijo pequeño, lo que la pone en alto riesgo de complicaciones si se infectara.

“Estoy limpiando como nunca. Soy híper consciente de lo que toco, de lo que me ha rozado”, explicó Shaw. “Pensamos en esto todo el tiempo. Cada día que me despierto sin fiebre o tos es una victoria”.

En algunos hospitales, enfermeras y médicos dijeron que se les ha comunicado que, contrariamente al protocolo estándar de eliminación después de un solo uso, deberían tratar de limpiar y reutilizar sus máscaras N95, un respirador que protege el rostro de las partículas transportadas por el aire y el líquido contaminado.

Mientras, el personal de la sede corporativa del Providence St. Joseph Health en Renton, Washington, ha abierto un taller en el que están ensamblando máscaras y protectores faciales por su cuenta, para reforzar los recursos.

“Llegará un momento en el que estaremos a punto de quedarnos sin equipo de protección personal”, señaló Melissa Tizon, del Providence St. Joseph Health.

El personal de Providence St. Joseph Health ensambla protectores faciales en la sede del sistema de atención médica en Renton, Washington, para reforzar el suministro de equipos de protección personal en hospitales cercanos. (Courtesy of David Solheim/Providence St. Joseph Health)

Tizon dijo que el sistema de salud ya ha entregado 500 protectores faciales a los hospitales afiliados a Providence en Seattle y Everett, Washington, y planea comenzar a coser máscaras en los próximos días.

Algunas enfermeras están incluso consiguiendo máscaras por medio del ‘crowdsourcing’, pidiendo ayuda de la comunidad por internet, como hizo Bobbie Habdas, enfermera de cuidados intensivos en el Swedish Medical Center, quien pidió ayuda por Facebook.

“Nunca pensé que haríamos esto”, dijo Habdas.

Su posteo ganó mucha atención, y reunió más de 100 máscaras para compartir con sus compañeros de trabajo.

“Honestamente, me sorprendió y realmente me conmovió, estoy muy agradecida”, comentó.

La avalancha de ayuda fue muy positiva, pero Habdas se pregunta por qué las enfermeras tienen que andar buscando suministros, además de hacer sus tareas habituales.

“Hay un gran sentimiento de pánico, no sólo ahí fuera, sino también dentro del hospital”, enfatizó Habdas.

Dijo que tener que buscar suministros durante su turno no ayuda con el estrés de responder a la pandemia de coronavirus. La enfermedad en Washington ha matado a 95 pacientes, al 23 de marzo.

Sally Watkins, directora ejecutiva de la Asociación de Enfermeras del Estado de Washington, dijo que las enfermeras se están viendo obligadas a conformarse con menos.

“No las protegen al nivel que deberían”, señaló Watkins quien espera que la región reciba pronto más suministros de la reserva federal.

Para lidiar con la escasez de máscaras, la enfermera de Seattle Bobbie Habdas solicitó donaciones en las redes sociales. La comunidad respondió con más de cien máscaras, y personas ofrecieron ayudar con cuidado de niños y otros desafíos que enfrentan las enfermeras. (Photo by Will Stone)

Fallas en la comunicación

Después de 39 años como enfermera de cuidados intensivos, Mary Mills se ha enfrentado a otras crisis de enfermedades infecciosas, pero la respuesta de su hospital al brote de coronavirus es diferente. Recuerda haber ayudado a intubar a pacientes con VIH en los primeros días de la crisis del sida, cuando todavía había mucho miedo e incógnitas sobre esa enfermedad.

“Entonces todo el mundo estaba en la misma página”, explicó Mills. “Había una comunicación clara”.

Mills trabaja en uno de los cinco hospitales del Swedish Medical Center en el área de Seattle. “Siento decir que ahora no me siento muy apoyada”, expresó.

Al igual que muchos trabajadores de la salud, Mills se siente frustrada porque las pautas de uso del equipo de protección personal, o EPP, se cambian, a veces a diario.

“Lo que se decide que necesito para mi seguridad, se está cambiando en función de la disponibilidad del producto, en lugar de la ciencia”, apuntó Mills.

“Esto es súper contagioso. Podemos contagiar a nuestros hijos, a nuestros padres y a nuestros abuelos”, añadió.

Preocupa la exposición de los trabajadores de la salud

Mills cree que los directores de los hospitales no han tomado suficientemente en serio las preocupaciones de las enfermeras, especialmente cuando se trata de hacer pruebas a los pacientes y al personal en los primeros días del brote.

Dijo que dos enfermeras con las que trabaja ya se han enfermado con lo que podría ser COVID-19.

“Una salió con tos y fiebre, los clásicos cinco síntomas”, contó Mills. “En el octavo día, finalmente aceptaron hacerle un examen de COVID-19”.

Mills explicó que este tipo de respuesta sólo erosiona la confianza de las enfermeras en el liderazgo del hospital, perjudicando una relación que es crítica ya que toda la fuerza de trabajo de la atención médica del área de Seattle debe atender a un número cada vez mayor de pacientes con la enfermedad.

El hecho que los trabajadores de salud estén expuestos al coronavirus es una preocupación central en toda la región. Varios hospitales en el área de Seattle han reportado casos entre su personal. Un médico de emergencias de Kirkland fue hospitalizado después contagiarse.

El doctor Chris Dale, de Swedish, dijo que su sistema hospitalario está enfocado en la seguridad de los cuidadores.

“No podemos proporcionar eficazmente una atención segura a los pacientes si primero nuestro personal no está seguro”, dijo Dale.

El hospital acaba de crear clínicas de emergencia donde el personal y los pacientes pueden hacerse pruebas. Dijo que las pruebas en Washington han mejorado significativamente ya que más laboratorios han comenzado a hacerlas en los últimos días. Ahora, los resultados llegan en tres o cuatro días, antes tardaban una semana.

Aseguró que el número de trabajadores de salud del Swedish Medical Center que han contraído COVID-19 sigue siendo “bajo”, pero no dio cifras específicas.

“Con esta extraordinaria pandemia, y la escasez de suministros que hay, necesitamos equilibrar tanto el suministro como la necesidad real de mantener seguros a los cuidadores”, dijo Dale.

Swedish sigue las pautas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuando trata a pacientes con casos sospechosos o confirmados de COVID-19, señaló.

Cuestiones de personal

Las enfermeras del Swedish Medical Center comenzaron a enfrentar la pandemia cuando se encontraban en una disputa laboral, relacionada con los niveles de personal.

En enero, miles de trabajadores de la salud sindicalizados se declararon en huelga durante tres días, una acción que no tuvo nada que ver con la crisis del coronavirus. Las enfermeras sostienen que la falta crónica de personal dentro de los hospitales puede afectar negativamente la seguridad de los pacientes.

Dale dijo que Swedish ha contratado recientemente unas 300 enfermeras temporales, y piensa contratar a más. Pero a Mills le sigue preocupando que no haya suficientes enfermeras para manejar el aumento de pacientes.

“No se trata sólo de camas físicas o ventiladores”, comentó Mills. “Una habitación y un ventilador no significan nada si no tienes una enfermera”.

Mills dijo que espera que la dirección empiece a ocuparse de estos temas urgentes. Después de décadas de trabajar en la unidad de cuidados intensivos, dijo que su compromiso número uno es con sus pacientes. Ya ha tratado a algunos con COVID-19 que murieron en aislamiento, a veces sin familiares a su lado.

La política del hospital actualmente no permite visitas a los pacientes de COVID-19 por razones de seguridad, aunque dijo que hace excepciones “en circunstancias extremas”.

“La tragedia de no tener una familia que apoye a los súper enfermos… una siente una mayor presión por ofrecerles alguna forma de compasión a estas personas que están totalmente aisladas”, contó Mills. “Las únicas personas que hay son las enfermeras”.

Esta historia es parte de una asociación entre NPR y Kaiser Health News.

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La decisión de los CDC sobre la prueba del coronavirus atormentará al país por meses

A medida que el nuevo coronavirus se expandía en todo el mundo, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos distribuyeron a principios de febrero 200 kits de pruebas que habían producido, a más de 100 laboratorios de salud pública administrados por estados y condados en todo el país.

Cada kit contenía material para analizar muestras de entre 300 y 400 pacientes. Y los laboratorios, ya sea que atendieran a la población de la ciudad de Nueva York o a pequeños pueblos de zonas rurales, aparentemente recibieron la misma cantidad de kits.

Los kits se distribuyeron casi por igual en localidades de los 50 estados. Esa decisión presagiaba semanas de caos en la disponibilidad de las pruebas para COVID-19: los envíos parecían extrañamente fuera de sincronía con los lugares en donde realmente se necesitaban.

Una mujer en Dakota del Sur con síntomas leves y sin fiebre se hizo la prueba. Mientras, políticos en lugares como Nueva York, Boston, Seattle y el área de la Bahía de San Francisco, todos en medio de graves brotes, no pudieron obtener suficientes pruebas para evaluar a los pacientes enfermos y, por ende, para tener la información que necesitaban para proteger al público en general.

Las pruebas rápidas son cruciales en las primeras etapas de un brote. Permiten que los trabajadores de salud identifiquen casos, y se centren en aislar y tratar a las personas infectadas.

Sin embargo, funcionarios de salud de la Ciudad de Nueva York y estados como Nueva York, Washington, Pennsylvania y Georgia confirmaron a Kaiser Health News que inicialmente recibieron solo un kit de prueba, sin saber si tendrían la oportunidad de contener los brotes que pudieran surgir.

Además, pronto descubrirían que las pruebas que habían recibido eran defectuosas, carecían de componentes críticos y arrojaban resultados defectuosos.

Durante esas primeras semanas, el virus explotó, infectando a miles de personas y dando lugar a medidas de distanciamiento social y de aislamiento en casas a nivel nacional. Autoridades de salud pública apenas están comenzando a lidiar con las consecuencias de esa crisis temprana de pruebas, que probablemente atormentará al país en los próximos meses.

Demasiado poco y demasiado tarde

El primer envío al estado de Washington llegó más de dos semanas después que los funcionarios anunciaran el primer caso de coronavirus en el país, en un momento en que brotes mortales de la enfermedad estaban surgiendo en lugares como Life Care Center, en Kirkland. En unas semanas, tres docenas de personas infectadas con COVID-19 morirían en el hogar de adultos mayores, en los suburbios de Seattle.

La propagación de COVID-19 no tardaría en abrumar al estado, que hasta el lunes 23 de marzo tenía más de 1,300 casos.

La administración Trump en los últimos días ha intentado acelerar las pruebas para detectar el virus después que los primeros pasos en falso obstaculizaran la respuesta del gobierno para contener la propagación, y funcionarios han tenido que responder a un aluvión de críticas de expertos en salud pública, funcionarios estatales y miembros del Congreso.

Funcionarios federales han facilitado el proceso para que los laboratorios universitarios y comerciales realicen sus propias pruebas, y están aumentando su capacidad. A partir del 16 de marzo, laboratorios públicos y privados en el país ya tenían la capacidad de evaluar a más de 36,000 personas por día, de acuerdo con estimaciones compiladas por el American Enterprise Institute, un grupo de expertos de tendencia conservadora en Washington, DC, una cifra que se espera que rápidamente aumente en las próximas semanas.

Sin embargo, esa cifra puede variar considerablemente según el estado y no indica cuántas pruebas se administran realmente a los pacientes.

La ampliación de las pruebas tiene lugar después de semanas de vacilaciones y cientos, si no miles, de personas no diagnosticadas que han propagado el virus.

“Ahora estamos comenzando a ver que se han extendido de manera prioritaria. Les pedimos que priorizaran las regiones más afectadas ”, dijo el miércoles 18 de marzo Deborah Birx, coordinadora de equipo de respuesta al coronavirus de la Casa Blanca, sobre las pruebas de los laboratorios privados, sin dar más detalles.

La ampliación de las pruebas tendrá lugar después de semanas de vacilaciones y cientos, si no miles, de personas no diagnosticadas que propagan el virus.

Por ejemplo, el 8 de febrero, el departamento de salud del estado de Nueva York recibió un kit de prueba de los CDC defectuoso para 800 muestras de pacientes, una cantidad que es consistente con otros estados, según un vocero. Más tarde comenzó a evaluar a los pacientes con una prueba que los funcionarios estatales desarrollaron con base en el protocolo de los CDC y lograron aumentar los tests significativamente: hasta el viernes 20 de marzo, más de 7,200 personas habían dado positivo en todo el estado.

En la ciudad de Nueva York, el primer lote se obtuvo el 7 de febrero.

“Los otros laboratorios de salud pública estatales y locales obtuvieron kits de prueba a medida que estuvieron disponibles”, dijo Eric Blank, director de programas de la Asociación de Laboratorios de Salud Pública.

Los lugares sin brotes, en el centro del país, tuvieron el lujo de tener tiempo para planificar. Por ejemplo, funcionarios de Missouri han tenido alrededor de 800 pruebas para trabajar, lo que llevó a solo 395 tests realizados hasta ahora en la región por laboratorios de salud pública, 26 de los cuales dieron positivo. Cuando se contabilizaron las pruebas de laboratorio privadas, desde el viernes 20 hubo 47 casos confirmados.

Sin embargo, proveedores de atención médica y personal de salud pública del estado se beneficiaron del hecho de que hay menos viajes internacionales a la región, según el doctor Steven Lawrence, experto en enfermedades infecciosas de la Universidad de Washington en St. Louis.

“Esto es muy similar a 1918 con la pandemia de influenza: St. Louis tuvo más tiempo para prepararse y pudo implementar medidas para aplanar la curva comparado con, por ejemplo, Philadelphia”, dijo Lawrence. “Seattle no tuvo la oportunidad de prepararse con tanta anticipación”.

Mientras que los laboratorios comerciales están listos, las restricciones estrictas están limitando las capacidades de hacer las pruebas, dijo Lawrence.

“El estado ha tenido sus manos atadas”, agregó.

Esperando y preguntándose

Debido a un retraso generalizado en las pruebas, aún es un misterio para miles de personas si han estado en contacto con alguien infectado.

“Los CDC distribuirán pruebas en función de dónde pueden hacer el mayor bien. Pero sin pruebas en hospitales y sin pruebas comerciales, no será posible satisfacer la necesidad “, dijo Tom Frieden, quien dirigió los CDC durante la administración Obama y es ex comisionado del Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York.

En California, a la maestra de escuela pública Claire Dugan, cuyo estado fue uno de los más afectados en la ola inicial de casos de coronavirus en el país, le dijeron que no calificaba para las pruebas porque no había viajado a  ningún país con un brote del virus o no había estado en contacto con una persona infectada.

Dugan, quien vive en el área de la Bahía de San Francisco y ya es médicamente frágil después que una bala perdida casi la matara mientras conducía hace cuatro años, le pidió una prueba a su médico después de tener una temperatura de 100.7 grados a principios de este mes.

“Hay muchas razones por las que esto está tan mal”, dijo Dugan, quien depende de un tubo de alimentación y dijo que buscó una prueba no solo para protegerse a sí misma sino a sus estudiantes. “En este momento, la comunidad se está extendiendo, por lo que es un poco tonto que sigamos insistiendo en [los primeros criterios para las pruebas]. ¿Cómo puedo saber?”

Desde la distribución inicial de los CDC, los estados han estado reordenando más pruebas a través del International Reagent Resource, una herramienta de larga data en la que han confiado los laboratorios de salud pública. También han revisado los protocolos de prueba para usar solo una muestra por persona, lo que aumenta la cantidad de personas examinadas.

Sin embargo, los problemas aún abundan no solo con las pruebas sino con otros materiales necesarios para poder detectar el virus. El gobernador de California Gavin Newsom dijo el 12 de marzo que los laboratorios de salud pública del condado no pueden usar los 8,000 kits de prueba que tiene el estado porque les faltan componentes clave.

En Pennsylvania, funcionarios estatales no pudieron comenzar las pruebas hasta el 2 de marzo debido a problemas con el kit inicial de los CDC, según Nate Wardle, vocero del departamento de salud.

“Todavía tenemos pocos kits de extracción”, dijo Mandy Cohen, secretaria de Salud y Servicios Humanos en Carolina del Norte, en una entrevista a mediados de marzo. Funcionarios a principios de este mes pudieron evaluar solo a 300 pacientes debido a la escasez en los materiales de extracción necesarios para detectar el virus.

En Dakota del Norte, Loralyn Hegland escribió el 10 de marzo al consultorio de su médico poniendo en el asunto del correo: “tos seca”, preguntándole si debería hacerse la prueba después de enterarse que ese era un síntoma de COVID-19. La recomendación que recibió se hace eco de la de innumerables personas en el país. Le dijeron que su riesgo de exposición era muy bajo porque no había viajado fuera de los Estados Unidos y no había estado en contacto con una persona que hubiera sido diagnosticada “definitivamente” con el virus.

Hegland, quien vive en Fargo, no tenía fiebre, pero decidió, de todos modos, autoaislarse, por precaución.

¿Debería haber presionado para hacerse una prueba?

“¿Cuál es el punto?”, dijo. “No puedes saber lo que no sabes. Es así de simple. ¿De qué otra manera se lo explicas a la gente cuando no te hacen la prueba?”

La corresponsal de KHN en St. Louis, Lauren Weber, colaboró con este artículo.

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Funerarias, y familias, reflexionan sobre las muertes en la era de COVID-19

A medida que los casos de COVID-19 se propagan por todo el país, modificando dramáticamente las rutinas de las personas, un número creciente de empresas, y familias, están cambiando la forma en que lidian con los muertos.

Las funerarias, que ya conocen bien cómo prevenir enfermedades, están implementando protocolos aún más estrictos para manejar cuerpos infectados con el nuevo coronavirus.

A las familias de personas que mueren por cualquier causa, no solo COVID-19, se les pide que conmemoren a sus seres queridos en eventos breves, o que cambien o pospongan servicios funerarios. También que reduzcan el número de asistentes, y que utilicen cada vez más las herramientas en línea.

“La gran mayoría de las familias entiende”, dijo Matt Levinson, presidente de una funeraria de Maryland que está limitando los servicios privados junto al féretro a 10 personas o menos para cumplir con las pautas federales. “No los satisface, pero entienden que la seguridad es más importante”.

Se han confirmado más de 10,700 casos de COVID-19 en el país, con más de 115 muertes, aunque los expertos en enfermedades infecciosas dicen que puede haber más casos.

En el estado de Washington, donde más de 1,100 personas han contraído el virus y más de 65 han muerto, las funerarias Seattle y otras áreas están recibiendo más cuerpos.

“Una vez que el sistema médico se colma, ¿quién es el próximo?”, dijo Sandra Walker, presidenta de la Washington Cemetery, Cremation and Funeral Association. “Seríamos nosotros”.

En los Estados Unidos, alrededor de 7,800 personas mueren cada día, un número que solo se espera que aumente. Es imposible predecir cuántas personas morirán a causa de COVID-19, con estimaciones que van desde decenas de miles hasta más de dos millones, en el peor escenario.

Se espera que eso genere un aumento sombrío en los negocios funerarios y crematorios, dijo Barbara Kemmis, directora ejecutiva de la Cremation Association of North America. Casi el 55% de las personas en el país optan por la cremación, y aproximadamente el 40% elige entierros tradicionales.

“Hemos salido de la temporada de gripe y del clima invernal en gran parte del país, cuando las tasas de mortalidad suelen ser más altas”, dijo Kemmis. “Pero las funerarias ahora se están preparando en vez de desacelerar”.

Las pautas del gobierno federal que prohíben las reuniones de más de 10 personas, además de las directivas estatales y locales que ordenan a los residentes permanecer en sus hogares, restringirán todos los rituales, excepto los más básicos.

En Washington, DC, el Cementerio Nacional de Arlington está cerrado al público en general para detener la propagación del virus. Aunque todavía se pueden celebrar funerales, al menos tres docenas se han pospuesto en los últimos días, dijo Barbara Lewandrowski, directora de asuntos públicos del cementerio.

“Cada familia tiene una razón personal para esperar”, dijo.

Jack Mitchell, vocero de la National Funeral Directors Association y director de una funeraria en Baltimore, tenía programado un servicio para el jueves 19 de marzo en un centro de retiro local. En medio de las preocupaciones por el coronavirus, el centro canceló abruptamente la ceremonia de cremación y la recepción posterior.

“Voy a mantener la urna y tendrán el servicio más adelante”, dijo Mitchell.

A medida que los trabajadores de las funerarias manejan más cuerpos potencialmente infectados con el virus, están duplicando sus precauciones habituales, dijo Rob Goff, director ejecutivo de la Washington State Funeral Directors Association.

“Todavía no estamos seguros de cuánto tiempo permanece el virus en el tejido humano muerto”, dijo.

Funcionarios de salud aconsejan a los trabajadores que transportan cuerpos de personas que han muerto por COVID-19 que usen máscaras sobre la boca y la nariz porque los cuerpos pueden exhalar el virus cuando se mueven.

Los trabajadores también deben usar bolsas dobles para contenerlos, dijo Goff. Las pautas de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) exigen desinfectar el exterior de las bolsas para cadáveres y seguir las precauciones de embalsamamiento para los virus difíciles de matar.

Las funerarias desalientan tocar o besar los cuerpos de las personas que han muerto por COVID-19, dijo Bob Achermann, director ejecutivo de la California Funeral Directors Association.

“En aquellas culturas en las que la costumbre es limpiar el cuerpo o envolverlo en una mortaja, habría que pensar si es aconsejable si la persona tuvo COVID-19”, dijo.

Más preparaciones y funerales se están haciendo por internet, agregó Achermann, para proteger al personal, las familias y los invitados de posibles infecciones.

Como resultado, aumenta la demanda de transmisiones virtuales de funerales y otros servicios en línea. Los sitios web relacionados con funerales, incluidos eCondolence.com y shiva.com, han visto un “tremendo aumento” en el tráfico en línea, dijo Michael Schimmel, director ejecutivo de Sympathy Brands, un mercado en línea.

“La gente solo quiere asegurarse de hacer lo correcto”, dijo.

David Lutterman, director ejecutivo de OneRoom, una firma internacional que se ha especializado en la transmisión en vivo de funerales durante la última década, dijo que las 100,000 visitas semanales de la compañía han aumentado aproximadamente en un 60%.

“La capacidad de transmitir un servicio se ha convertido de pronto en la tarea más importante de una funeraria”, dijo Lutterman.

Aun así, es difícil para las familias que no pueden llevar el luto habitual. En la funeraria Sol Levinson & Bros, en Pikesville, Maryland, los miembros del personal aconsejan a la clientela judía que renuncie al tradicional ritual de la “shiva” que invita a los dolientes a reunirse en la casa de la familia, dijo Levinson.

En Hayward, California, donde está vigente una orden de permanecer en casa, las visitas en persona continúan en Chapel of the Chimes, un complejo de cementerios y funerarias de 61 acres. Pero los visitantes llegan a distintas horas para mantener grupos de menos de 10 personas y seguir las pautas de distanciamiento social e higiene.

“Nuestras familias están siendo increíblemente amables”, dijo David Madden, gerente general, señalando que las funerarias se consideran negocios esenciales que pueden permanecer abiertos.

Muchos directores de funerarias en el estado de Washington están limitando el número de miembros de la familia permitidos en las salas de espera y oficinas, o están haciendo negocios usando el correo electrónico, la firma remota de documentos y otras herramientas a distancia. Eso significa menos apoyo en persona para las familias.

“Por lo general, cuando las personas están de duelo, les gusta consolarse mutuamente”, dijo Walker. “Ya es un momento difícil para las familias, y esto agrava su dolor”.

Walker y otros observan de cerca cómo los expertos en salud pública trabajan para frenar el creciente número de casos de COVID-19. Ha visto los informes atemorizantes de Italia, donde se han prohibido los funerales tradicionales y los cuerpos se acumulan en las morgues de los hospitales.

No especularía sobre si ese escenario podría suceder en los Estados Unidos.

“No quiero decir que vamos a ser Italia”, dijo. “Solo creo que tenemos que ir un día a la vez. O, como le dije a mi equipo hoy, una hora a la vez”.

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