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¿Viajas para el Día de Acción de Gracias? Deberás atravesar la barrera de COVID

Molly Wiese estaba perpleja. Sus padres y hermanos viven en el sur de California, y Wiese, abogada de 35 años, ha viajado cada Navidad desde que se mudó a Minnesota en 2007.

Por la pandemia, Wiese pensó que esta vez sería más prudente quedarse. Pero en junio, el padre de Wiese fue diagnosticado con cáncer en estadio 4 y la familia teme que éstas sean sus últimas fiestas.

¿Debería volar con su esposo y sus dos hijos pequeños a California, poniendo a su padre inmunodeprimido en riesgo de COVID-19? ¿O quedarse en casa y perderse la oportunidad de crear recuerdos de estas fiestas?

Sus hijos están en la guardería y el marido de Wiese trabaja en una escuela. No tienen suficiente tiempo de vacaciones para ponerse en cuarentena antes o después de un vuelo, y conducir ocho días de ida y vuelta está fuera de discusión.

Teme transmitirle el coronavirus a su padre. Pero sus padres, que viven en la ciudad de Yucaipa de Inland Empire, creen que vale la pena correr el riesgo de ver a sus nietos y tener “nuestra Navidad normal”, contó Wiese.

“Idealmente, tendríamos una vacuna”, dijo. “Pero no creo que sea una expectativa realista”. Pfizer, el aparente líder en la carrera para una vacuna contra COVID, dice que ni siquiera estará listo para solicitar la aprobación hasta fines de noviembre, como muy pronto.

El padre de Molly Wiese tiene cáncer avanzado y Wiese teme que ésta sea su última temporada de fiestas. Pero duda en viajar al sur de California para visitar a su familia, por temor de ponerlo en riesgo de contraer COVID. De izquierda a derecha: Molly Wiese, su hijo Calvin, su esposo Phil Wiese, su hijo Bennett, y sus padres, Becky y Bill Miller.

Si bien el enigma de Wiese es especialmente importante, su historia ilustra la difícil decisión a la que se enfrentan millones de estadounidenses sobre si viajar o no durante las vacaciones de invierno, y cómo hacerlo.

La mejor forma de evitar la propagación de enfermedades sería evitar los viajes o ampliar los círculos sociales. Para las celebraciones locales, la cuarentena durante dos semanas antes de un evento festivo minimizaría el riesgo, pero solo si todos los comensales se comprometieran a seguirla. Pero algunas personas tienen que trabajar fuera de casa.

Después de al menos siete meses de estar prácticamente encerrados, las vacaciones de invierno representan una tentación casi insuperable. Incluso expertos en salud pública y enfermedades infecciosas reconocen el dilema.

“Hay mucho que ganar con el contacto físico, en la misma sala y no en una pantalla de Zoom o FaceTime”, dijo el doctor Peter Chin-Hong, especialista en enfermedades infecciosas y profesor de medicina en la Universidad de California-San Francisco.

El doctor Anthony Fauci, la autoridad nacional en enfermedades infecciosas en los Institutos Nacionales de Salud, no es inmune al problema. El 13 de octubre, le dijo a “The World” que él y sus tres hijas adultas, que viven en distintos estados, todavía estaban decidiendo si estar juntos “valdría la pena”.

Al día siguiente, Fauci le dijo a “CBS Evening News” que la reunión de Acción de Gracias de su familia estaba cancelada, dados los riesgos que plantean los vuelos. “Puede que tenga que sacrificar esa reunión social, a menos que esté bastante seguro de que las personas con las que está tratando no están infectadas”, dijo.

El doctor Robert Redfield, director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), y la doctora Deborah Birx, coordinadora del equipo de respuesta a COVID de la administración Trump, advirtieron que las reuniones de Thanksgiving podrían propagar el virus.

En California, funcionarios de salud pública están adoptando un enfoque de “reducción de daño”: no están fomentando las reuniones de varias familias, pero han emitido pautas para hacer que las reuniones sean más seguras si se realizan al aire libre y duran menos de dos horas.

Funcionarios del condado de Los Ángeles, que ha visto un aumento en las tasas de transmisión en las últimas semanas, publicaron una guía similar, reconociendo que las personas separadas de sus seres queridos durante meses anhelan cada vez más ese contacto.

“Estamos tratando de encontrar un balance, pero creo que es apropiado que intentemos llevar a cabo algunas de las actividades que la gente está desesperada por poder hacer, con total apego a la guía”, dijo Barbara Ferrer, directora de del departamento de salud pública del condado, en una conferencia de prensa el 14 de octubre.

En todo el mundo, los feriados nacionales han impulsado la propagación de COVID-19 de manera explosiva. En China, donde comenzó la pandemia, se estima que 5 millones de personas que viajaban por el Año Nuevo chino abandonaron Wuhan, el epicentro del brote, antes de que se promulgara una prohibición de viajar.

En Irán, la pandemia se impulsó por Nowruz, una celebración de primavera de dos semanas durante la que viajan millones. En Israel, las fiestas y reuniones religiosas de Purim provocaron una transmisión generalizada a fines de marzo.

Las celebraciones de Memorial Day, el 4 de julio y el Día del Trabajo impulsaron aumentos repentinos de casos en los Estados Unidos, por eso el Día de Acción de Gracias asusta a los funcionarios de salud pública.

El año pasado, viajaron más de 55 millones de personas durante los días que rodearon ese cuarto jueves de noviembre.

Sin embargo, funcionarios de todo el país están siendo suaves cuando se trata de advertencias.

En Minnesota, donde vive Wiese y los casos están alcanzando niveles récord, funcionarios instan al público a evitar las tiendas abarrotadas y las grandes reuniones en interiores con varias familias.

Pero dicen que las cenas de Acción de Gracias al aire libre con amigos y familiares locales son menos riesgosas. Su guía no explica cómo tolerar un Día de Acción de Gracias al aire libre en Minnesota. La temperatura máxima promedio en Minneapolis el 26 de noviembre es de 33 grados.

Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota, dice “paremos un poco”.

Osterholm explicó que si no puedes ponerte en cuarentena durante 10 a 14 días antes del evento, es decir, sin contacto con personas además de los miembros de tu hogar que también están en cuarentena, no vayas a la cena de Acción de Gracias en otra casa: el estado ya ha visto demasiados ejemplos de personas vulnerables que se enferman y mueren después de asistir a bodas, funerales y cumpleaños.

“Que este sea tu año COVID”, dijo Osterholm. “Es un año muy desafiante, pero no quieres introducir este virus en entornos familiares y experimentar las consecuencias”.

Osterholm y su pareja pasarán el Día de Acción de Gracias y la Navidad sin familiares, a pesar de que sus hijos y nietos son todos locales. Debido a que todos sus nietos están en la guardería o en la escuela, no hay suficiente tiempo para que sus familias se pongan en cuarentena antes de disfrutar juntos de una comida navideña.

Sintió empatía con la difícil situación de Wiese. Si decide volar a California, dijo, debería acuartelar a su familia lo más posible durante 10 días antes, y luego no pasar más de dos días con su padre.

“Incluso si se infectara, no sería más contagiosa hasta probablemente el tercer día”, dijo. “Entonces, si ella pasa esos dos días con él, puede sentirse relativamente bien por el hecho de que no los puso en riesgo”.

Para aquellos que viajan, conducir es mucho más seguro que volar porque los conductores pueden estar aislados en un compartimento doméstico y evitar la exposición al coronavirus renunciando a los restaurantes y desinfectando las manijas del baño y la bomba de gasolina antes de tocarlos.

El doctor Iahn Gonsenhauser, director de calidad y seguridad del paciente del Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio, dijo que planea conducir con su familia, pasando la noche en un hotel en el camino, para pasar el Día de Acción de Gracias con la familia de su hermana en Colorado.

Él y su familia se mantienen aislados y trabajan desde casa tanto como sea posible, dejando la casa solo para compras y mandados básicos mientras evitan restaurantes y centros comerciales, dijo. Si alguien en cualquiera de las familias comenzara a mostrar síntomas de COVID, o confirmara la exposición a una persona con COVID positivo, todo el viaje se cancelaría instantáneamente.

“Es por eso que hacemos todos los planes con una reserva reembolsable”, dijo. “Si las personas no tienen forma de salirse de sus reservas, están más inclinadas a tomar un riesgo aparente”.

Chin-Hong ofreció este consejo para los viajeros de vacaciones: házte la prueba antes del vuelo para tu tranquilidad, compra boletos en un avión que deje los asientos del medio vacíos, usa máscaras N95 altamente protectoras y escudos faciales, y coloca las rejillas de ventilación individuales del avión directamente sobre cada miembro de la familia para romper las posibles partículas de virus. Y, por supuesto, lávate las manos con frecuencia.

Chin-Hong está adoptando ese enfoque en un viaje familiar planificado a la ciudad de Nueva York para visitar a su madre, que tiene más de 80 años y quiere ver a su hijo, nuera y nietos. Cada visita podría ser la última, dijo Chin-Hong.

“Para mí, la relación riesgo-beneficio apoya la idea ir a verla”.

Después de escuchar los consejos de Chin-Hong y otros expertos en enfermedades infecciosas, Wiese decidió el fin de semana pasado comprar boletos de avión para visitar a sus padres.

“Realmente nos ayudó a tomar una decisión que me estaba dando mucha ansiedad”, expresó.

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Aunque el destino de ACA es incierto, la inscripción ya comienza. Y hay cosas nuevas

Frente a una pandemia, un desempleo sin precedentes y unos costos inciertos para los tratamientos de COVID-19, las aseguradoras que venden planes médicos en los mercados establecidos por la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA) reaccionaron, en general, con sólo aumentos modestos de las primas para 2021.

“Lo que resulta fascinante es que las aseguradoras, en general, no proyectan el impacto de la pandemia en sus primas para 2021”, dijo Sabrina Corlette, profesora del Centro de Reformas de Seguros de Salud de la Universidad de Georgetown, en Washington, D.C

Aunque las tasas finales todavía deben analizarse en todos los estados, quienes estudian el mercado dicen que los aumentos de las primas que han visto, hasta la fecha, serán de un solo dígito, y las reducciones abundan.

Esa es una buena noticia para los más de 10 millones de estadounidenses que compran su propio seguro médico a través de los mercados estatales y el federal.

El mercado federal, que sirve a 36 estados, abre del 1 de noviembre al 15 de diciembre, para la inscripción de 2021. Algunos de los 14 estados y el Distrito de Columbia que operan sus propios mercados tienen períodos de inscripción más largos.

La otra cara de las primas más bajas, es que también puede haber menos subsidios para aquéllos que reciben ayuda para pagarlas.

Estas son algunas cosas que hay que saber sobre la cobertura de 2021:

Podría costar lo mismo que este año, o incluso menos.

A pesar del debate en curso sobre ACA, agravado por una impugnación en la Corte Suprema presentada por 20 estados republicanos y apoyada por la administración Trump, no se prevé que los precios cambien mucho.

“Es el tercer año consecutivo con primas que se mantienen bastante estables”, aseguró Louise Norris, una corredora de seguros en Colorado que escribe sobre las tendencias en el mundo de los seguros. “Hemos visto modestos cambios en las tarifas y la llegada de nuevas aseguradoras”.

A esa relativa estabilidad siguieron altibajos, y los últimos aumentos significativos se produjeron en 2018, como respuesta, en parte, a los recortes en los pagos a las aseguradoras de la administración Trump.

Esos incrementos afectaron a algunos inscritos, particularmente a los que no califican para  subsidios, que están ligados tanto a los ingresos como al costo de las primas. La inscripción en ACA ha disminuido desde su pico en 2016.

Charles Gaba, un desarrollador web que desde finales de 2013 ha rastreado los datos de inscripción en ACA en su sitio web ACASignups.net, sigue los cambios en las primas en base a las solicitudes ante los reguladores estatales. Cada verano, las aseguradoras deben presentar las tarifas para el año siguiente ante los estados, que tienen diferentes poderes de supervisión.

Gaba dijo que aumento promedio solicitado para el próximo año a nivel nacional es del 2,1%. Cuando se fijó en 18 estados para los cuales los reguladores han aprobado las tarifas solicitadas por las aseguradoras, el porcentaje resultó ser menor, un 0,4%.

Un estudio de KFF sobre primas preliminares presentadas este verano tuvo resultados similares: Los cambios en las primas en 2021 serían modestos, sólo unos pocos puntos porcentuales al alza o a la baja. (KHN es un programa editorialmente independiente de KFF.)

Aún así vale la pena comparar precios.

Los actuarios y otros expertos dicen que las primas varían según el estado o la región —incluso según el asegurador— por varias razones, entre ellas el número y el poder relativo de mercado de los aseguradores u hospitales en una zona, lo que afecta a la capacidad de los aseguradores para negociar las tarifas con los proveedores.

Dado que los subsidios están vinculados al plan de referencia de cada región, y que esos costos de las primas pueden haber disminuido, los subsidios también podrían disminuir. (Los planes de referencia son el segundo plan de plata de menor precio en una región).

El cambio al plan de referencia puede ayudar a los consumidores a mantener lo que gastan en primas.

Los inscritos deben actualizar su información financiera, particularmente este año cuando muchos se ven afectados por la reducción de trabajo o la pérdida de empleos. “Podrían ser elegibles para un subsidio mayor”, señaló Myra Simon, directora ejecutiva de políticas comerciales de America’s Health Insurance Plans, el grupo de presión de la industria.

Los inscritos pueden actualizar su información en línea, o llamar a su mercado federal o estatal para solicitar asistencia. Los corredores de seguros también pueden ayudar a las personas a inscribirse en los planes de ACA. Al comprar, los consumidores deben verificar si los médicos y hospitales que desean utilizar están incluidos en la red del plan.

Las primas son sólo una parte de la ecuación. Los consumidores también deben examinar detenidamente los deducibles anuales, porque la contrapartida de optar por una prima de menor costo puede ser que los deducibles anuales sean más altos y deban cumplirse antes de que se active gran parte de la cobertura.

“Animamos a la gente a considerar todas sus opciones”, dijo Simon.

Lo que hay detrás de la variación. 

Los inscritos en algunos estados el próximo año verán disminuidas las primas, según el sitio web de Gaba: Maine, por ejemplo, muestra una caída del 13% en el promedio ponderado de los precios de las primas, mientras que Maryland ha bajado casi un 12%. Al mismo tiempo, el promedio de Indiana ha subido un 10%. Y Kentucky sube un 5%.

Tanto Maine como Maryland atribuyen la disminución a los programas estatales que proporcionan pagos de reaseguro a las aseguradoras de salud para ayudar a compensar las reclamaciones médicas de alto costo.

En Florida, los reguladores dicen que las primas de los seguros aumentarán alrededor de un 3%, mientras que el intercambio estatal en California reporta un aumento de poco más de medio punto porcentual, su menor aumento promedio desde la apertura en 2014. Los funcionarios en California citan factores que incluyen un flujo de inscritos más saludables y una reducción de las tarifas que pagan las aseguradoras.

Otros factores que afectan a las tasas incluyen la intervención de los reguladores estatales para alterar las solicitudes iniciales, junto con una disposición de ACA que exige a las aseguradoras gastar al menos el 80% de los ingresos en atención médica directa. Si las aseguradoras no cumplen con esa norma, deben emitir reembolsos a los asegurados. Muchas aseguradoras ya estaban obligadas a devolver el dinero en 2020 por años anteriores.

La mayoría de las aseguradoras no citaron costos adicionales de tratamiento o pruebas de COVID como factores en el aumento de la tarifa solicitada, explicó Gaba. Sin embargo, incluso aquellas que lo hicieron, las consideraron innecesarias debido a la reducción de gastos al retrasar los pacientes el cuidado electivo durante la primavera y el verano.

De hecho, muchas aseguradoras en el segundo trimestre registraron beneficios récord.

“Algunos pensaron: ‘Vamos a ganar más de lo que pensábamos este año, así que no seamos agresivos con los precios el año que viene’”, explicó Donna Novak, miembro del Comité de Mercados Individuales y de Grupos Pequeños de la Academia Americana de Actuarios.

Un factor menor puede ser la derogación de una tasa pagada por las aseguradoras en las primas. La tasa, que era parte de ACA, fue eliminada permanentemente por la administración de Trump a partir de 2021.

Su elección de aseguradores puede haberse ampliado.

Más aseguradoras, incluyendo UnitedHealth Group, o bien volvieron a ese mercado individual o se expandieron a nuevos condados.

“Las aseguradoras están viendo un beneficio o un potencial en esto”, comentó John Dodd, un corredor de seguros de Columbus y ex presidente de la Asociación de Aseguradores de Salud de Ohio.

Las tarifas de los planes de ACA han bajado en general en todo su estado, dijo, y espera que los agentes estén más ocupados que nunca, simplemente porque hay más ofertas de planes, más dónde elegir, y la gente quiere ayuda.

A las aseguradoras les gusta la forma en que funciona ACA, añadió.

“La gente que sale en televisión diciendo que no funciona, no saben de qué están hablando”, expresó Dodd. “Funciona bien [para las aseguradoras] y cada año mejora”.

Cosas nuevas en algunos estados, incluyendo una opción pública.

Los residentes de Nueva Jersey y Pennsylvania comprarán cobertura en nuevos mercados estatales para el 2021, después de que esos estados se retiraran del healthcare.gov federal, que ahora cubre 36 estados.

Los legisladores de esos estados dijeron que dirigir sus propios mercados les da más control y puede ahorrarles dinero con el tiempo.

En 19 condados del estado de Washington, las aseguradoras ofrecen “planes de opción pública”, que cuentan con todos los beneficios, incluyendo deducibles más bajos, y deben cumplir con estándares de calidad adicionales.

Tal como se había previsto, los planes de opción pública pretendían ser menos costosos, y la legislación vinculaba las tasas de pago a Medicare. Los aseguradores que ofrezcan una opción pública deben atenerse a un tope agregado de pago a médicos, hospitales y otros proveedores de salud en un promedio del 160% de lo que Medicare pagaría por los mismos servicios.

Sin embargo, cuando las tarifas de las primas entraron en vigor, las cinco aseguradoras que ofrecían los planes tenían precios variables. No todas las partes del estado tienen la opción, pero donde la tienen, dos de las aseguradoras de opción pública tienen primas que o bien son más bajas que otros planes en el área o son el plan de más bajo costo que la aseguradora ofrece.

Pero tres son más caros.

El personal del mercado estatal explicó que los precios más altos pueden reflejar varias cosas, desde la dificultad para iniciar el programa durante COVID-19 hasta la falta de incentivos para que los proveedores participen.

También podría ser, simplemente, el nerviosismo normal del primer año.

“Es el primer año. Como con cualquier estrategia de entrada al mercado, la gente es bastante conservadora”, apuntó Michael Marchand, director de marketing del Washington Health Benefit Exchange.

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Análisis: el invierno llega para los bares. Cómo salvarlos. Y salvarnos.

Si realmente queremos detener la propagación del coronavirus a medida que se acerca el invierno y esperamos una vacuna, aquí una idea: el gobierno debería pagar a los bares, y a muchos restaurantes y lugares de eventos, para que cierren durante algunos meses.

Puede sonar radical, pero tiene sentido científico e incluso tiene un precedente político. Pagamos a los agricultores para que no cultiven algunos campos (en teoría, para proteger el medio ambiente), así que ¿por qué no compensar a los propietarios para que cierren sus negocios para proteger la salud pública?

En los últimos nueve meses, hemos aprendido mucho sobre este coronavirus en particular y cómo es más probable que se propague. Los establecimientos que venden alcohol y los lugares de eventos en interiores se han convertido en entornos ideales para la transmisión. Y hay una buena lógica científica para explicar eso.

Los virus no son villanos que persiguen a sus presas; son oportunistas pasivos. Algunos se propagan a través de los alimentos o cuando se dejan en superficies. Otros, como este coronavirus, pueden transmitirse a través de pequeñas gotas que pueden permanecer en el aire después que una persona infectada tose, habla o respira. El virus se disemina con mayor facilidad en interiores y, en particular, en lugares concurridos y mal ventilados.

Más importante aún, las personas pueden infectar mientras sus cuerpos están incubando este virus durante un par de días antes de que desarrollen síntomas, o incluso si nunca los desarrollan. Así que podrías ir a un bar o una boda y beber, besar y bailar hasta desmayarte. Luego te despiertas a la mañana siguiente sintiéndote fatal. Pero no es solo una resaca. Es COVID-19.

Eso explica por qué este virus se contrae en los eventos de “superpropagación”. (Más que la gripe, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades). Una persona que está eliminando una gran cantidad de virus todavía se siente lo suficientemente bien como para pasar el rato en un espacio estrecho (probablemente interior) donde las personas comparten ruidosamente con otras. Y no pueden usar máscaras porque están bebiendo.

No es de extrañar que las barras de los bares sean un problema.

En el lenguaje científico, el coronavirus es más un esparcidor “heterogéneo” que homogéneo, según Bjarke Frost Nielsen, investigador del Instituto Niels Bohr de la Universidad de Copenhague. Junto con su colega Kim Sneppen, Nielsen utiliza modelos matemáticos para estudiar el patrón de propagación del virus.

Es una propagación heterogénea, lo que significa que tiende a expandirse en brotes similares a explosiones, a menudo centrados en un lugar de reunión o un punto caliente, en vez de “avanzar” por todo el país.

Nielsen me dijo que hay buenas noticias en este hallazgo: “Puedes evitar ciertas reuniones y cerrar algunos lugares, y reducir la mayor parte de la propagación de la enfermedad. Y puedes seguir con el resto de manera bastante normal “.

Cuando sabíamos poco sobre el nuevo coronavirus, el gobierno respondió con un martillo. El Paycheck Protection Program trató a todas las pequeñas empresas por igual, brindándoles préstamos para cerrar siempre que pagaran a sus empleados. Ahora podemos utilizar herramientas más delicadas.

De hecho, los supermercados y las tiendas de ropa, u otras, pueden funcionar de manera segura con máscaras mandatorias, distanciamiento y desinfección. No vamos a estos lugares para charlar y todos podemos usar máscaras en su interior.

Las fábricas y las líneas de montaje pueden proteger a los trabajadores con las mismas normas. Las escuelas pueden hacer lo mismo por los estudiantes.

Incluso las salas de cine pueden funcionar de forma segura con clientes con cubrebocas, sistemas de ventilación de calidad y espacio entre espectadores o grupos de espectadores. Simplemente no podrán vender tantos asientos.

¿Pero los bares y restaurantes que dependen de comedores interiores abarrotados y salas de conciertos con pistas de baile? La mayoría son atractivos exactamente por las razones que los convierten en focos infecciosos para el coronavirus: el hacinamiento, la bebida, la fiesta con personas desconocidas.

Es por eso que algunos dueños de bares y restaurantes dicen que agradecerían un programa que los compensara por cerrar sus puertas este invierno. Peter Kurzweg, que es copropietario de tres de lo que él llama establecimientos de “bebida avanzada” en Pittsburgh que solían tener happy hours animados, dice que “los bares y restaurantes son únicos en el sentido de que, para ser realmente seguros, deben mitigar hasta el punto que ya no es una experiencia de bar o restaurante”.

Hasta ahora, él y sus socios han resistido la pandemia con asientos al aire libre en la acera y en un callejón. Han sacado provecho de los programas de préstamos del gobierno. Han invertido en carpas y calentadores y han animado a los clientes a divertirse al aire libre.

Pero a medida que el otoño se convierte en invierno en Pittsburgh, sabe que esta opción no durará. “Camino diciendo: ‘Se acerca el invierno. Se acerca el invierno “. Tenemos que hacer todo lo posible para sobrevivir”.

Algunos estados han permitido que los restaurantes abran en interiores al 25% o 50% de su capacidad; de hecho, eso está permitido ahora en Pittsburgh. Pero Kurzweg no lo ha hecho porque no cree que sea seguro.

Algunos restaurantes muy espaciosos, y aquellos en climas templados, podrían hacer que funcione. La mayoría no puede.

Los bares y otros locales que dependen de las bebidas no son servicios esenciales. Queremos que sobrevivan para que en el futuro podamos disfrutarlos. Entonces, ¿por qué no pagar a los propietarios que no pueden mantener sus negocios a flote de manera segura este año contaminado con COVID un promedio de sus ingresos mensuales normales para que cierren durante algunos meses?

De esta forma podrían seguir pagándoles a sus empleados y ayudarían a romper la cadena de transmisión del coronavirus. Tal vez podríamos ser creativos y pedirles que usen sus cocinas para ayudar a alimentar a los estadounidenses que pasan hambre.

Con los bares cerrados, aún se puede beber y socializar con grupos más pequeños de personas en casa o al aire libre, cuando el clima lo permita. Puede que no sea tan divertido, pero nada será muy divertido mientras el coronavirus esté presente.

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“Todo lo que quieres es que te crean”: el prejuicio inconciente en la atención de salud

A mediados de marzo, Karla Monterroso voló a su casa en Alameda, California, después de una excursión al Parque Nacional Zion de Utah. Cuatro días después, comenzó a tener una tos seca y fuerte. Sentía los pulmones pegajosos.

La fiebre durante esas semanas por momentos subía tanto (100,4, 101,2, 101,7, 102,3) que, en la peor de las noches, tenía que estar bajo una ducha de agua helada, para intentar bajarla.

“Esa noche había escrito en un diario cartas a todas las personas cercanas, lo que quería que supieran si me moría”, recordó.

Al mes, surgieron nuevos síntomas: dolores de cabeza y calambres punzantes en las piernas y el abdomen que le hicieron pensar que podía estar en riesgo de tener coágulos de sangre y accidentes cerebrovasculares, complicaciones que habían informado otros pacientes con COVID-19 en sus 30 años.

Aún así, no estaba segura de si debía ir al hospital.

“Como mujeres de color, te cuestionan mucho tus emociones y la realidad de tu estado físico. Te dicen que exageras”, dijo Monterroso, quien es latina. “Así que tenía ese extraño sentimiento de ‘no quiero usar los recursos para nada’”.

Fueron necesarios cuatro amigos para convencerla de que tenia que llamar al 911.

Lo que pasó en la sala de emergencias del Hospital Alameda confirmó sus peores temores.

Monterroso dijo que durante casi toda su visita, los proveedores de salud ignoraron sus síntomas y preocupaciones. ¿La presión arterial está baja? Esa es una lectura falsa. ¿Sus niveles cíclicos de oxígeno? La máquina está mal. ¿Los dolores punzantes en la pierna? Probablemente solo sea un quiste.

“El médico entró y dijo: ‘No creo que esté pasando mucho aquí. Creo que podemos enviarte a casa’”, recordó Monterroso.

Su experiencia, razona, son parte de por qué las personas de color se ven afectadas de manera desproporcionada por el coronavirus. No es simplemente porque es más probable que tengan trabajos de primera línea que los exponen más, y las condiciones subyacentes que empeoran COVID-19.

“Eso es parte de ello, pero la otra parte es la falta de valor que la gente le da a nuestras vidas”, escribió Monterroso en Twitter detallando su experiencia.

Investigaciones muestran cómo el prejuicio inconsciente de los médicos afecta la atención que reciben las personas. Los pacientes latinos (que pueden ser de cualquier raza) y los afroamericanos suelen ser menos propensos a recibir analgésicos o a ser referidos para atención avanzada que los pacientes blancos no hispanos con las mismas quejas o síntomas. Y es más probable que las mujeres mueran en el parto por causas prevenibles.

Ese día de mayo, en el hospital, Monterroso se sentía mareada y tenía problemas para comunicarse, por lo que estaban con ella en el teléfono para ayudarla una amiga y la prima de su amiga, que es enfermera especializada en cardiología. Las dos mujeres comenzaron a hacer preguntas: ¿Qué pasa con la frecuencia cardíaca acelerada de Karla? ¿Sus bajos niveles de oxígeno? ¿Por qué sus labios están azules?

El médico salió de la habitación. Se negó a atender a Monterroso mientras sus amigas estaban al teléfono, dijo, y cuando regresó, de lo único que quería hablar era del tono de Monterroso y el tono de sus amigos.

“La implicación era que éramos insubordinadas”, dijo Monterroso.

Monterroso le dijo al médico que no quería hablar sobre su tono. Quería hablar sobre su atención médica. Estaba preocupada por posibles coágulos de sangre en su pierna y pidió una tomografía computada.

“Bueno, ya sabes, la tomografía computarizada es radiación justo al lado del tejido mamario. ¿Quieres tener cáncer de mama?”, Monterroso recuerda que le dijo el médico. “Solo me siento cómodo ordenándote esa prueba si dices que no tienes problema en tener cáncer de seno”.

Monterroso pensó para sí misma: “Trágatelo, Karla. Necesitas estar bien”. Entonces le dijo al médico: “Estoy bien con el cáncer de mama”.

Nunca ordenó la prueba.

Monterroso pidió otro médico, un abogado del hospital. Le dijeron que no. Comenzó a preocuparse por su seguridad. Quería irse. Sus amigos estaban llamando a todos los profesionales médicos que conocían para confirmar que no estaba siendo bien atendida. Vinieron a recogerla y la llevaron a la Universidad de California-San Francisco. El equipo le hizo un electrocardiograma, una radiografía de tórax y una tomografía computada.

“Una de las enfermeras entró y dijo: ‘Me enteré de tu terrible experiencia. Solo quiero que sepas que te creo. Y no te vamos a dejar ir hasta que sepamos que estás segura”, dijo Monterroso. “Comencé a llorar. Porque eso es todo lo que quieres: que te crean. Es realmente difícil que te cuestionen de esa manera”.

Alameda Health System, que opera el Hospital Alameda, se negó a comentar sobre los detalles del caso de Monterroso, pero dijo en un comunicado que está “profundamente comprometido con la equidad en el acceso a la atención médica” y que “brinda atención culturalmente sensible para todos”. ” Después que Monterroso presentó una queja ante el hospital, la gerencia la invitó a hablar con su personal y residentes, pero se negó.

Monterroso cree que su experiencia es un ejemplo de por qué a las personas de color les va tan mal con la pandemia.

“Porque cuando vamos a buscar atención, si nos defendemos, podemos ser tratados como insubordinados”, dijo. “Y si no nos defendemos, podemos ser tratados como invisibles”.

Sesgo inconsciente en la atención médica

Los expertos dicen que esto sucede de forma rutinaria y sin importar las intenciones o la raza del médico. Por ejemplo, el médico de Monterroso no era blanco.

Investigaciones muestran que todos los médicos, todos los seres humanos, tienen prejuicios de los que no son conscientes, explicó el doctor René Salazar, decano asistente de diversidad en la Escuela de Medicina de la Universidad de Texas-Austin.

“¿Interrogo a un hombre blanco con traje que llega luciendo como un profesional cuando pide analgésicos de la misma manera que a un hombre negro?”, se preguntó Salazar, señalando uno de sus posibles sesgos.

El prejuicio inconsciente suele aparecer en entornos de alto estrés, como las salas de emergencia, donde los médicos se encuentran bajo una tremenda presión y tienen que tomar decisiones rápidas y de gran importancia. Si se agrega una pandemia mortal, en la que la ciencia cambia día a día, las cosas pueden complicarse.

“Hay tanta incertidumbre”, dijo. “Cuando existe esta incertidumbre, siempre hay un nivel de oportunidad para que el sesgo se abra paso y tenga un impacto”.

A vehicle parked in Oakland, California, during the first weeks of the 2020 Black Lives Matter demonstrations.(April Dembosky)

Salazar solía enseñar en UCSF, donde ayudó a desarrollar una formación sobre prejuicios inconscientes para estudiantes de medicina y farmacia. Aunque docenas de escuelas de medicina están retomando la capacitación, dijo, no se realiza con tanta frecuencia en los hospitales. Incluso cuando se aborda un encuentro negativo como el de Monterroso, la intervención suele ser débil.

“¿Cómo le digo a mi médico, ‘Bueno, el paciente cree que eres racista’?”, apuntó Salazar. “Es una conversación difícil: debo tener cuidado, no quiero decir la palabra sobre la raza porque voy a presionar algunos botones complejos. Así que comienza a complicarse mucho”.

Un enfoque basado en datos

El doctor Ronald Copeland dijo que recuerda que los médicos también se resistían a estas conversaciones cuando eran estudiantes. Las sugerencias para talleres sobre sensibilidad cultural o prejuicios inconscientes recibían una reacción violenta.

“Era visto casi como un castigo. Es como, ‘Usted es un mal médico, por lo que su castigo es que tiene que ir a capacitarse’, explicó Copeland, quien es jefe de equidad, inclusión y diversidad en el sistema de salud de Kaiser Permanente. (KHN es un programa editorialmente independiente de KFF, que no está afiliado a Kaiser Permanente).

Ahora, el enfoque de Kaiser Permanente se basa en datos de encuestas a pacientes que preguntan si la persona se sintió respetada, si la comunicación fue buena y si quedó satisfecha con la experiencia.

Luego se desglosan estos datos por demografía, para ver si un médico puede obtener buenas calificaciones en respeto y empatía de los pacientes blancos no hispanos, pero no de los pacientes de raza negra.

“Si ves un patrón que evoluciona alrededor de un grupo determinado y es un patrón persistente, entonces eso te dice que hay algo que proviene de una cultura, de una etnia, de un género, algo que el grupo tiene en común, que no estás abordando, dijo Copeland. “Entonces comienza el verdadero trabajo”.

Cuando a los médicos se les presentan los datos de sus pacientes y la ciencia sobre el sesgo inconsciente, es menos probable que se resistan o nieguen, agregó. En su sistema de salud, han reformulado el objetivo de la capacitación en torno a brindar una atención de mejor calidad y obtener mejores resultados para los pacientes, por lo que los médicos quieren hacerlo.

“La gente no se inmuta”, dijo. “Están ansiosos por aprender más al respecto, especialmente sobre cómo mitigarlo”.

Todavía se siente mal

Han pasado casi seis meses desde que Monterroso se enfermó por primera vez y todavía no se siente bien.

Su frecuencia cardíaca sigue aumentando y los médicos le dijeron que podría necesitar una cirugía de vesícula para tratar los cálculos biliares que desarrolló como resultado de la deshidratación relacionada con COVID. Recientemente decidió dejar el Área de la Bahía y mudarse a Los Ángeles para poder estar más cerca de su familia durante su larga recuperación.

Rechazó la invitación del Hospital Alameda para hablar con su personal sobre su experiencias porque concluyó que no era su responsabilidad arreglar el sistema. Pero sí quiere que el sistema de salud más amplio asuma la responsabilidad del sesgo sistémico en hospitales y clínicas.

Reconoce que el Hospital Alameda es público y no tiene el tipo de recursos que tienen Kaiser Permanente y UCSF. Una auditoría reciente advirtió que el Sistema de Salud de Alameda estaba al borde de la insolvencia. Pero Monterroso es la directora ejecutiva de Code2040, una organización sin fines de lucro sobre equidad racial en el sector tecnológico e incluso para ella, dijo, se necesitó un ejército de apoyo para que la escucharan.

“El 90% de las personas que van a pasar por ese hospital no van a tener los recursos que yo tengo para enfrentarlos”, dijo. “Y si no digo lo que está sucediendo, entonces personas con muchos menos recursos van tener esta experiencia y se van a morir”.

Esta historia es parte de una asociación que incluye a KQED, NPR y KHN.

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¿Pueden los pacientes de COVID tener el tratamiento de Trump? Está bien preguntar

Cuando Terry Mutter se despertó con dolor de cabeza y músculos adoloridos, el levantador de pesas amateur lo atribuyó a un entrenamiento duro.

Sin embargo, ese miércoles a la noche tuvo 101 grados de fiebre y estaba claramente enfermo. “Me sentía como si me hubiera atropellado un camión”, recuerda Mutter, que vive cerca de Seattle.

Al día siguiente le diagnosticaron COVID-19. El sábado, el hombre de 58 años estaba inscrito en un ensayo clínico para el mismo cóctel de anticuerpos que el presidente Donald Trump afirmó que le había “curado” el coronavirus.

“Lo había escuchado en las noticias”, dijo Mutter, que se unió al ensayo del laboratorio Regeneron para probar si su combinación de dos anticuerpos artificiales puede neutralizar al virus mortal.

Mutter se enteró del estudio por medio de su cuñada, quien trabaja en el Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson de Seattle, uno de decenas de sitios de ensayos en todo el país. Es uno de los cientos de miles de estadounidenses, incluido el presidente, que se arriesgaron con terapias experimentales para tratar o prevenir COVID-19.

Pero con casi 8 millones de personas infectadas y más de 217,000 muertes por COVID en el país, muchos pacientes desconocen estas opciones o no pueden acceder a ellas. Otros desconfían de los tratamientos no probados.

“Honestamente, creo que nunca hubiera recibido una llamada si no hubiera conocido a alguien que me dijera sobre el ensayo”, dijo Mutter, ejecutivo jubilado de Boeing Co.

El sitio web Clinicaltrials.gov registra más de 3,600 estudios que involucran a COVID-19 o a SARS-CoV-2, el virus que causa la enfermedad. Más de 430,000 personas se han ofrecido como voluntarias a través de la Red de Prevención de COVID-19. Otras miles han recibido terapias, como el medicamento antiviral remdesivir, que tiene una autorización federal de emergencia.

Ante un diagnóstico grave de COVID, ¿cómo saben los pacientes o sus familias si pueden, o deben, buscar agresivamente estos tratamientos? Por el contrario, ¿cómo pueden decidir si rechazarlos o no si se los ofrecen?

Tales decisiones médicas nunca son fáciles, y son aún más difíciles durante una pandemia, dijo Annette Totten, profesora asociada de informática médica y epidemiología clínica en la Universidad de Salud y Ciencias de Oregon.

“El desafío es que la evidencia no es buena porque todo con COVID es nuevo”, dijo Totten, quien se especializa en la toma de decisiones médicas.

Es comprensible que a los consumidores los haya afectado la información contradictoria sobre posibles tratamientos para COVID por parte de líderes políticos, incluido Trump, y la comunidad científica.

El fármaco contra la malaria hidroxicloroquina, promocionado por el presidente, recibió una autorización de emergencia de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA), solo para que la decisión se revocara varias semanas después por temor a que causara daño.

El plasma convalescente, que utiliza hemoderivados de personas recuperadas de COVID-19 para tratar a las que aún están enfermas, se administró a más de 100,000 pacientes en un programa de acceso ampliado y se puso a disposición de todos a través de otra autorización de emergencia, aunque los científicos no están seguros de sus beneficios.

Regeneron y la empresa farmacéutica Eli Lilly and Co. han solicitado autorización de uso de emergencia para sus terapias con anticuerpos monoclonales, incluso cuando los científicos dicen que esto podría poner en peligro la inscripción en los ensayos que probarán si funcionan, o cuán bien funcionan.

Hasta ahora, unas 2,500 personas se han inscrito en los ensayos de Regeneron, y, de ellas, unas 2,000 reciben la terapia, dijo un vocero de la compañía. Otras han recibido el tratamiento a través de los llamados programas de uso compasivo, aunque la empresa no dijo cuántas.

La semana del 12 de octubre, los Institutos Nacionales de Salud detuvieron el ensayo de anticuerpos de Lilly después que una junta de monitoreo independiente planteara preocupaciones de seguridad.

“Con toda la información dando vueltas en los medios, es difícil para los pacientes tomar buenas decisiones, y para los médicos tomar esas decisiones”, dijo el doctor Benjamin Rome, internista e investigador de políticas de salud en el programa Portal de la Escuela de Medicina de Harvard.

Aun así, las personas que enfrentan COVID no deberían tener miedo de preguntar si tienen opciones de tratamiento disponibles, agregó Rome. “Como médico, no me importa cuando los pacientes preguntan”, dijo.

Los pacientes y las familias deben comprender cuáles podrían ser las implicaciones de esos tratamientos, aconsejó Totten. Los primeros ensayos clínicos de fase 1 se centran principalmente en la seguridad, mientras que los ensayos más amplios de fase 2 y fase 3 determinan la eficacia. Cualquier tratamiento experimental plantea la posibilidad de efectos secundarios graves.

Idealmente, los proveedores de atención médica proporcionarían la información sobre tratamientos y riesgos sin previo aviso. Pero durante una pandemia, y especialmente en un entorno de mucho estrés, es posible que no lo hagan, observó Totten.

“Es importante ser insistente”, dijo. “Y Volver a preguntar. A veces tienes que estar dispuesto a ser un poco agresivo”, sugirió.

Los pacientes y las familias deben tomar nota o grabar las conversaciones para su posterior revisión. Deberían preguntar sobre la compensación económica por participar. A muchos pacientes en los ensayos de COVID-19 se les paga cantidades modestas por su tiempo y viajes.

Y deberían pensar en cómo encaja cualquier tratamiento en su sistema más amplio de valores y objetivos, dijo Angie Fagerlin, profesora y directora del departamento de ciencias de la salud de la población de la Universidad de Utah.

“¿Cuáles son los pros y los contras?”, se preguntó Fagerlin. Una consideración puede ser el beneficio para la sociedad en general, no solo para el paciente, dijo.

Para Mutter, ayudar al avance de la ciencia fue una gran razón por la que aceptó inscribirse en el ensayo de Regeneron.

“Me interesó para que la terapéutica avanzara, necesitan personas”, dijo. “En un momento en el que hay tantas cosas que no podemos controlar, ésta sería una forma de encontrar algún tipo de solución”.

Esto fue lo que impulsó a Fred Hutch, que participa en dos ensayos de Regeneron, uno para la prevención de COVID-19 y otro para el tratamiento de la enfermedad.

“Fue una visita de seis horas”, dijo. “Son dos horas para recibir la infusión. Es un goteo intravenoso muy lento”.

Mutter fue la segunda persona inscrita en el ensayo de Fred Hutch, dijo la doctora Shelly Karuna, co-investigadora principal. El estudio está probando dosis altas y bajas del cóctel de anticuerpos monoclonales frente a un placebo.

“Me sorprende el profundo altruismo de las personas a las que estamos evaluando”, dijo.

Mutter no está seguro de cómo contrajo COVID-19. Él y su familia han tenido cuidado con las máscaras y el distanciamiento social, y han criticado a otros que no.

“La ironía ahora es que fuimos nosotros los que nos enfermamos”, dijo Mutter, cuya esposa, Gina Mutter, de 54 años, también tiene COVID.

Mutter sabe que tiene una probabilidad de 1 en 3 de recibir un placebo en lugar de una de las dos dosis de tratamiento activo, pero dijo que estaba dispuesto a correr ese riesgo. Su esposa no se inscribió.

“Dije, hay algunos riesgos involucrados. Uno de nosotros puede tomar el riesgo, no los dos”, dijo.

Hasta ahora, Mutter ha luchado contra una tos y fatiga persistente. No puede decir si su infusión ha sido útil.

“Simplemente no hay forma de saber si tengo los anticuerpos o no”, dijo. “¿Los obtuve y eso me mantuvo fuera del desastre?, ¿o tuve el placebo y mi propio sistema inmunológico hizo su trabajo?”.

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Al sopesar los temas de salud, la mayoría de los votantes se inclinan hacia Biden

Al menos la mitad de los votantes prefiere el enfoque de la atención médica del ex vicepresidente Joe Biden al del presidente Donald Trump, lo que sugiere que la preocupación por reducir los costos y manejar la pandemia podría influir en el resultado de esta elección, según revela una nueva encuesta.

Los hallazgos, de la encuesta mensual de KFF, indican que los votantes no confían en las garantías del presidente de que protegerá a las personas con condiciones preexistentes de las compañías de seguros si la Corte Suprema anulara la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA).

Un mes antes de que el tribunal escuche los argumentos de los fiscales generales republicanos y la administración Trump a favor de revocar la ley, la encuesta muestra que el 79% del público no quiere que el Supremo cancele las protecciones de cobertura para los estadounidenses con afecciones preexistentes. La mayoría de los republicanos, el 66%, dijo que no quiere que se anulen esas garantías.

Además de dejar a unos 21 millones de estadounidenses sin seguro, revocar ACA podría permitir a las compañías de seguros cobrar más o negar cobertura a las personas porque tienen condiciones preexistentes, una práctica común antes que se estableciera la ley, y que un análisis del gobierno reveló en 2017 que podría afectar hasta a 133 millones de estadounidenses.

Casi 6 de cada 10 personas dijeron que tenían un familiar con una condición preexistente o crónica, como diabetes, hipertensión, o cáncer, y aproximadamente la mitad dijo que les preocupa que un ser querido no pueda pagar la cobertura, o la pierda por completo, si se anulara la ley.

La encuesta revela una preferencia sorprendente por Biden sobre Trump cuando se trata de proteger a las personas con condiciones preexistentes, un tema que el 94% de los votantes dijo que ayudaría a decidir por quién votar. Biden tiene una ventaja de 20 puntos: un 56% prefiere su enfoque, contra un 36% para Trump.

De hecho, el sondeo muestra una preferencia por Biden en todos los problemas de atención médica que se plantean, incluso entre los mayores de 65 años y en temas que Trump ha dicho que eran sus prioridades mientras estuviera en el cargo, lo que indica que los votantes no están satisfechos con el trabajo del presidente para reducir los costos de la atención médica, en particular. El apoyo a los esfuerzos de Trump para reducir el precio de los medicamentos recetados ha disminuido, y los votantes ahora prefieren el enfoque de Biden, del 50% al 43%.

La mayoría de los votantes dijeron que prefieren el plan de Biden para lidiar con el brote de COVID-19, 55% a 39%, y para desarrollar y distribuir una vacuna para COVID, 51% a 42%. Trump ha delegado en gran medida la gestión de la pandemia a los funcionarios estatales y locales, al tiempo que prometió que los científicos desafiarían las expectativas y producirían una vacuna antes del día de las elecciones.

Cuando se les preguntó qué tema era más importante para decidir por quién votar, la mayoría de los encuestados señaló a la atención médica. El 18% eligió el brote de COVID-19 y el 12% mencionó el cuidado de salud en general. Casi una proporción igual, el 29%, optó por la economía.

La encuesta se realizó del 7 al 12 de octubre, después del primer debate presidencial y el anuncio de Trump de que había dado positivo para COVID-19. El margen de error es más o menos 3 puntos porcentuales para la muestra completa y 4 puntos porcentuales para los votantes.

(KHN es un programa editorialmente independiente de KFF).

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COVID en LA: prevención en los trabajos ha salvado vidas de latinos, dicen oficiales

Funcionarios del condado de Los Angeles atribuyen la dramática disminución de casos y muertes por COVID-19 entre afroamericanos y latinos, en los últimos dos meses, a la agresiva aplicación de las normas de salud en los lugares de trabajo y a la apertura de líneas para denunciar si no se cumplen.

Ahora, los funcionarios buscan consolidar esos logros creando comités de empleados capacitados para detectar transgresiones en la prevención de COVID-19, y corregirlas o reportarlas, sin temor al despido o al castigo.

Cal/OSHA, la autoridad estatal de seguridad y salud en el trabajo, está abrumada con quejas y denuncias sobre el incumplimiento de las normas anti-COVID; y los supervisores de salud del condado —había 346 hasta el 9 de octubre— no pueden vigilar los más de 240,000 negocios de Los Angeles, según activistas.

Los comités ayudarían a evitar que Los Angeles retroceda en su esfuerzo por mitigar los casos y las disparidades raciales en el otoño, ya que es probable que más empresas vuelvan a la actividad, señaló Tia Koonse, investigadora del UCLA Labor Center y coautora de la evaluación sobre la propuesta para formar comités de empleados.

Se espera que la Junta de Supervisores del condado de Los Angeles apruebe una ordenanza este mes para que los negocios permitan que los empleados formen los comités, lo cual solucionaría los problemas de incumplimiento e informaría al departamento de salud cuando sea necesario.

Los críticos, incluyendo muchos líderes empresariales, dicen que la medida creará más burocracia en el peor momento posible para la economía. Pero grupos laborales y algunas empresas aseguran que es crucial para combatir la pandemia.

A trabajadores de diferentes partes del país se los despidió o castigó por quejarse de violaciones de seguridad relacionadas con COVID, y las leyes que los protegen no son consistentes.

“Los trabajadores tienen derecho a estar en un espacio seguro y no deben sufrir represalias” por señalar prácticas deficientes, dijo Barbara Ferrer, directora del Departamento de Salud Pública del condado de Los Angeles. Los trabajadores con bajos salarios han estado “en enorme desventaja” al tener que trabajar fuera de casa en contacto con otras personas, a menudo sin  protección suficiente, añadió Ferrer.

Durante el aumento de los casos de COVID que siguieron a las reuniones familiares del fin de semana de Memorial Day y a la apertura de negocios, los latinos (que pueden ser ser cualquier raza) en Los Angeles tenían una tasa de mortalidad cuatro veces mayor que la de los blancos no hispanos, mientras que las personas de raza negra tenían el doble de probabilidades que los blancos no hispanos de morir por la enfermedad.

Dos meses después, las tasas de mortalidad entre personas de raza negra y latinos habían disminuido a casi la mitad y se estaban acercando a la tasa de los blancos no hispanos, según los datos ajustados por edad del departamento de salud del condado.

Mientras que a finales de julio el número de latinos que daban positivo por COVID era cuatro veces mayor que el de blancos no hispanos, a mediados de septiembre los índices de casos de latinos eran sólo un 64% más altos. La tasa de positividad entre las personas de raza negra era un 60% más alta que la de los blancos a finales de julio, pero la disparidad había disminuido a mediados de septiembre.

Los expertos no saben si una política concreta es la responsable de esta disminución de muertes. Además, las tasas estatales y de los condados han disminuido para toda la población en las últimas semanas. Pero Ferrer atribuyó el progreso a que su departamento se centra en el cumplimiento de las directrices de salud en el lugar de trabajo, que incluyen reglas sobre el distanciamiento físico, proveer cubrebocas para los trabajadores y también exigir a los clientes que las usen.

“Para los que no cumplan con las directrices, en este momento podemos emitir citaciones, o hay casos en los que simplemente cerramos el lugar porque la transgresión es mayor”, explicó.

Las agudas disparidades raciales, que caracterizaron a la pandemia desde el principio, están ahora bajo mayor escrutinio ya que California se ha convertido en el primer estado que ha hecho de la “equidad en salud” un factor a la hora de permitir una reapertura ampliada.

Es posible que los condados grandes no avancen hacia la reapertura total hasta que sus vecindarios más desfavorecidos, y no sólo el condado en su conjunto, cumplan o estén por debajo de los niveles de enfermedad previstos. Los criterios obligan a los gobiernos locales a invertir más en pruebas, rastreo de contactos y educación en los barrios pobres con altos niveles de la enfermedad.

El enfoque de Ferrer en el lugar de trabajo se cristalizó durante una intervención en Los Angeles Apparel, una fábrica de ropa que se había puesto a fabricar máscaras faciales durante la pandemia. A pesar del inventario de máscaras, un brote en la fábrica resultó en al menos 300 casos, y cuatro muertes.

El departamento de salud intervino después de una denuncia de los centros de salud comunitarios que se vieron desbordados por los trabajadores enfermos de Los Angeles Apparel. El departamento cerró la fábrica el 27 de junio. Esa acción resaltó la necesidad de unir al gobierno y a los sindicatos para luchar contra la pandemia, indicó Jim Mangia, CEO de St. John’s Well Child & Family Center, una cadena de centros de salud comunitarios en el sur de L.A.

“En el St. John’s, casi todos nuestros pacientes son trabajadores pobres”, explicó Mangia. “Se contagiaban en el trabajo y lo llevaban a sus familias, y creo que intervenir en el lugar de trabajo es lo que realmente marcó la diferencia”.

Al principio de la pandemia, Ferrer también había establecido una línea de denuncia anónima para los empleados que quisieran reportar incuplimientos en el lugar de trabajo. Recibe unas 2,000 llamadas a la semana, según Ferrer. Hasta el 10 de octubre, el sitio web del departamento nombra 132 lugares de trabajo que han tenido tres o más casos confirmados de COVID-19, con un total de 2,191 positivos. Otra tabla, con fecha 7 de octubre, enumera 124 citaciones, la mayoría a gimnasios y lugares de culto, por no cumplir con una directriz de un oficial de salud.

“Afortunadamente, no somos como Cal/OSHA, en el sentido de que no nos lleva meses completar una investigación”, comentó Ferrer. “Somos capaces de movernos más rápidamente siguiendo las órdenes del oficial de salud para asegurarnos de que estamos protegiendo a los trabajadores”.

Los comités de salud pública son la siguiente fase del plan de Ferrer para mantener a los trabajadores seguros. El plan surgió de la respuesta de Overhill Farms, una factoría de alimentos congelados en Vernon, California, después de un brote de más de 20 casos y una muerte. La fábrica y su agencia de trabajo temporal fueron penalizadas con más de $200,000 en multas propuestas por Cal/OSHA en septiembre, pero antes de que llegaran las multas, la dirección de la fábrica reaccionó celebrando reuniones con los trabajadores para mejorar la seguridad.

“Encontraron que los trabajadores les ayudaron a bajar la tasa de infección y ayudaron a resolver los problemas”, dijo Roxana Tynan, directora ejecutiva de la Alianza de Los Angeles para una Nueva Economía, una organización de defensa de los trabajadores.

Si bien no es exactamente un caso que ensalce la generosidad corporativa, el cambio en Overhill Farms agregó credibilidad a los beneficios de los comités de trabajadores, señaló Koonse de UCLA.

Ninguna empresa tendría que gastar más del 0,44% de su nómina en los comités de salud, según Koonse.

Aún así, la idea ha sido recibida con división de opiniones por parte de las empresas. En una declaración del 24 de agosto, la CEO Tracy Hernández de la Federación de Negocios del Condado de Los Angeles escribió que la propuesta agregaría “programas onerosos y enrevesados que dificultarán, aún más, la capacidad de un empleador para cumplir con las demandas, recuperarse y servir adecuadamente a sus empleados y clientes”.

Pero Jim Amen, presidente de la cadena de supermercados Super A Foods, dijo que los negocios deberían dar la bienvenida a los comités, como una forma de mantener abiertas las líneas de comunicación. Tales prácticas han mantenido los índices de infección bajos en las tiendas, incluso sin un mandato, expresó Amen.

“En lo que respecta a Super A, nuestros empleados están muy involucrados en todo lo que hacemos”, añadió Amen.

Las organizaciones laborales ven a los comités como una forma crucial para que los trabajadores planteen sus preocupaciones sin temor a represalias.

“En industrias de bajos salarios, como la de la confección, el hecho de que los trabajadores se unan hace que los despidan”, dijo Marissa Nuncio, directora del Centro de Trabajadores de la Confección, una organización sin fines de lucro que sirve principalmente a inmigrantes de México y América Central.

Aunque las disparidades se están reduciendo en el condado de Los Angeles, algunas empresas siguen siendo inseguras y los posibles denunciantes no confían en que sus informes a la línea de denuncias del condado se lleven a cabo, añadió Nuncio.

“Seguimos recibiendo llamadas de miembros de nuestra organización que están enfermos, tienen COVID y están hospitalizados”, señaló Nuncio. “Y el lugar más obvio para que se hayan infectado es en su lugar de trabajo, porque no se están tomando precauciones”.

La reportera de datos Hannah Recht colaboró con esta historia.

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Insomnio, pérdida de cabello y rechinar de dientes: cómo superar el estrés pandémico

A fines de marzo, poco después que el estado de Nueva York cerrara negocios no esenciales y pidiera a la gente que se quedara en casa, Ashley Laderer comenzó a despertarse cada mañana con un terrible dolor de cabeza.

“Sentía que mi cabeza iba a estallar”, recordó la escritora de 27 años, residente de Long Island.

Laderer trató de pasar menos tiempo en la computadora y tomar analgésicos de venta libre, pero el dolor de cabeza aumentaba al ritmo de su preocupación por COVID-19.

Después de un mes y medio de dolor, Laderer hizo una cita con un neurólogo, quien ordenó una resonancia magnética. Pero el médico no encontró una causa física.

“Todos los días vivía con el temor de contraerlo e iba a infectar a toda mi familia”, dijo.

Entonces, me preguntó: ¿Estás bajo mucho estrés?

A lo largo de la pandemia, personas que nunca tuvieron el coronavirus reportan una serie de síntomas aparentemente no relacionados: dolores de cabeza insoportables, pérdida de cabello, malestar estomacal durante semanas, brotes repentinos de herpes zóster y de trastornos autoinmunes.

Los síntomas dispares, a menudo en personas sanas, han desconcertado a médicos y pacientes por igual, lo que a veces ha resultado en una serie de visitas a especialistas, sin encontrar respuestas. Pero resulta que hay un hilo conductor entre muchas de estas condiciones, uno que tarda meses en gestarse: el estrés crónico.

Después de un mes y medio de dolor, Ashley Laderer hizo una cita con un neurólogo, quien ordenó una resonancia magnética. Pero el médico no encontró una causa física.(Alissa Castleton)

Aunque las personas a menudo subestiman la influencia de la mente en el cuerpo, un gran número de investigaciones muestra que los altos niveles de estrés durante un tiempo prolongado pueden alterar drásticamente la función física y afectar a casi todos los sistemas del cuerpo.

Ahora, a unos ocho meses del comienzo de la pandemia, junto con un ciclo electoral divisivo y disturbios raciales, esos efectos se están manifestando en una variedad de síntomas.

“El componente de salud mental de COVID está impactando como un tsunami”, dijo la doctora Jennifer Love, psiquiatra de California y coautora de un libro de pronta publicación sobre cómo curar el estrés crónico.

A nivel nacional, encuestas han revelado tasas crecientes de depresión, ansiedad y pensamientos suicidas durante la pandemia. Pero muchos expertos dijeron que es demasiado pronto para medir los síntomas físicos relacionados, ya que generalmente aparecen meses después que comienza el estrés.

Aún así, algunas investigaciones preliminares, como un pequeño estudio chino y una encuesta en línea de más de 500 personas en Turquía, señalan un repunte.

En los Estados Unidos, un análisis de FAIR Health, una base de datos sin fines de lucro que brinda información sobre costos a la industria de la salud y a los consumidores, mostró aumentos leves a moderados en el porcentaje de reclamos médicos relacionados con afecciones desencadenadas o exacerbadas por el estrés, como la esclerosis múltiple y el herpes zóster.

La porción de reclamos por lupus, una enfermedad autoinmune, mostró uno de los mayores incrementos -12% este año- en comparación con el mismo período del año pasado (enero a agosto).

Express Scripts, una administradora de beneficios farmacéuticos, informó que las recetas de medicamentos para el insomnio aumentaron un 15% al ​​comienzo de la pandemia.

Pero quizás el indicador más fuerte proviene de los médicos que informan sobre un número creciente de pacientes con síntomas físicos para los que no pueden determinar una causa.

El doctor Shilpi Khetarpal, dermatólogo de la Clínica Cleveland, solía ver a unos cinco pacientes a la semana con pérdida de cabello relacionada con el estrés. Desde mediados de junio, ese número ha aumentado a 20 o 25. La mayoría de las mujeres, de entre 20 y 80 años, informan que pierden el cabello de a puñados, dijo Khetarpal.

En Houston, al menos una docena de pacientes le han dicho al doctor Rashmi Kudesia, especialista en fertilidad, que tienen ciclos menstruales irregulares, cambios en la secreción vaginal y sensibilidad en los senos, a pesar de presentar niveles hormonales normales.

El estrés también es el culpable al que apuntan los dentistas por el rápido aumento de pacientes con bruxismo y fracturas dentales.

“A nosotros, como humanos, nos gusta la idea de que tenemos todo bajo control y que el estrés no es un gran problema”, dijo Love. “Pero simplemente no es cierto”.

Cómo el estrés mental se vuelve físico

El estrés provoca cambios físicos en el cuerpo que pueden afectar a casi todos los sistemas del organismo.

Aunque los síntomas del estrés crónico a menudo se descartan como si estuvieran solo en la cabeza, el dolor es muy real, dijo Kate Harkness, profesora de Psicología y Psiquiatría en la Universidad Queens, en Ontario.

Cuando el cuerpo se siente inseguro, ya sea por una amenaza física de ataque o un miedo psicológico de perder un trabajo o contraer una enfermedad, el cerebro envía señales a las glándulas suprarrenales para que bombeen las hormonas del estrés.

La adrenalina y el cortisol inundan el cuerpo, activando la respuesta de lucha o escape. También interrumpen las funciones corporales que no son necesarias para la supervivencia inmediata, como la digestión y la reproducción.

Cuando pasa el peligro, las hormonas vuelven a niveles normales. Pero durante etapas de estrés constante, como una pandemia, el organismo sigue bombeando hormonas del estrés hasta que se cansa. Esto conduce a un aumento de la inflamación en todo el cuerpo y el cerebro, y a un sistema inmunológico deficiente.

Estudios relacionan el estrés crónico con enfermedades cardíacas, tensión muscular, problemas gastrointestinales e incluso encogimiento físico del hipocampo, un área del cerebro asociada con la memoria y el aprendizaje. A medida que el sistema inmunológico actúa, algunas personas pueden incluso desarrollar nuevas reacciones alérgicas, dijo Harkness.

La buena noticia es que muchos de estos síntomas son reversibles. Pero es importante reconocerlos temprano, especialmente cuando se trata del cerebro, dijo Barbara Sahakian, profesora de Neuropsicología Clínica en la Universidad de Cambridge.

“El cerebro es elástico, por lo que podemos modificarlo hasta cierto punto”, dijo Sahakian. “Pero no sabemos si hay un abismo más allá del cual no se pueda revertir un cambio”.

El impacto del día a día

De alguna manera, la conciencia sobre la salud mental ha aumentado durante la pandemia. Los programas de televisión están repletos de anuncios de aplicaciones para terapia y meditación, como Talkspace y Calm, y las empresas están anunciando días libres de salud mental para su personal.

Para Alex Kostka, el estrés relacionado con la pandemia le ha provocado cambios de humor, pesadillas y dolor de mandíbula.

Para Alex Kostka, el estrés relacionado con la pandemia le ha provocado cambios de humor, pesadillas y dolor de mandíbula.(Jordan Battiste)

Había estado trabajando en una cafetería de Whole Foods en la ciudad de Nueva York durante un mes antes que golpeara la pandemia, y de repente se convirtió en un trabajador esencial.

A medida que aumentaban las muertes en la ciudad, Kostka continuó viajando en metro al trabajo, interactuando con compañeros en la tienda y trabajando más horas por un aumento salarial de solo $2 por hora. (Meses después, recibiría un bono de $ 500). El joven de 28 años comenzó a sentirse sintiéndose inseguro e indefenso.

“Era difícil no quebrarme en el metro”, dijo Kostka.

Pronto comenzó a despertarse en medio de la noche con dolor por apretar la mandíbula con fuerza. A menudo, sus dientes rechinaban tan fuerte que despertaba a su novia.

Kostka probó Talkspace, pero descubrió que enviar mensajes de texto sobre sus problemas era algo impersonal. A fines del verano, decidió empezar a utilizar las siete sesiones de asesoramiento gratuitas que le ofrecía su empleador. Eso ha ayudado, dijo. Pero a medida que se agotan las sesiones, le preocupa que los síntomas vuelvan a aparecer si no puede encontrar un nuevo terapeuta cubierto por su seguro.

“Eventualmente, podré dejar esto atrás, pero tomará tiempo”, dijo Kostka.

Cómo mitigar el estrés crónico

Cuando se trata de estrés crónico, consultar a un médico por dolor de estómago, dolores de cabeza o erupciones cutáneas puede abordar esos síntomas físicos. Pero la causa principal es mental, dicen expertos.

Eso significa que la solución a menudo implicará técnicas de manejo del estrés. Y hay muchas cosas que podemos hacer para sentirnos mejor:

Ejercicio. Incluso la actividad física de intensidad baja a moderada puede ayudar a contrarrestar la inflamación en el cuerpo inducida por el estrés. También puede aumentar las conexiones neuronales en el cerebro.

Meditación y atención plena. La investigación muestra puede conducir a cambios positivos, estructurales y funcionales en el cerebro.

Conexiones sociales. Hablar con familiares y amigos, incluso virtualmente, o mirar fijo a los ojos de una mascota puede liberar una hormona que ayuda a contrarrestar la inflamación.

Aprender algo nuevo. Ya sea que se trate de una clase formal o de un pasatiempo informal, el aprendizaje apoya la elasticidad cerebral, la capacidad de cambiar y adaptarse como resultado de la experiencia, lo que puede proteger contra la depresión y otras enfermedades mentales.

“No debemos pensar en esta situación estresante como algo negativo para el cerebro”, dijo Harkness. “Debido a que el estrés cambia el cerebro, eso significa que las cosas positivas también pueden cambiarlo. Y hay muchas cosas que podemos hacer para sentirnos mejor frente a la adversidad “.

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Aunque preferiría cerrar, la cadena de tiendas COVID-19 Essentials se expande

Lone Tree, Colorado.- Darcy Velásquez, de 42 años, y su madre, Roberta Truax, caminaban recientemente por el centro comercial Park Meadows, 15 millas al sur del centro de Denver, buscando regalos de Navidad para los dos hijos de Velásquez, cuando vieron una tienda con un exhibición de máscaras faciales adornadas con diamantes de fantasía.

Brillantes ideales para una nena de 9 años.

La tienda se llama COVID-19 Essentials. Y bien puede ser la primera cadena minorista del país dedicada exclusivamente a una enfermedad infecciosa.

Con el cierre de muchas tiendas en los Estados Unidos durante la pandemia de coronavirus, especialmente dentro de los centros comerciales, los propietarios de esta cadena han sacado provecho del espacio vacío, así como de la creciente aceptación de que usar máscaras es una realidad que puede durar hasta 2021, o más.

Las máscaras faciales han evolucionado de ser un producto utilitario, cualquier cosa podía servir para taparte la boca, a una forma de expresar la personalidad, las inclinaciones políticas o el fanatismo deportivo.

Y los propietarios de COVID-19 Essentials están apostando a que los estadounidenses están dispuestos a poner dinero en sus bocas. Los precios van desde $19,99 por una simple máscara para niños hasta $130 por una cubierta facial con un filtro N95 y un ventilador a batería.

La cadena COVID-19 Essentials reconoce que la máscara ya es algo más que un inconveniente temporal. Será la norma hasta 2021, y tal vez más allá. (Markian Hawryluk/KHN)

Casi todas las tiendas en el centro comercial Park Meadows ahora venden máscaras. Pero COVID-19 Essentials también ofrece otros accesorios para la pandemia, en un espacio exclusivo:  su logo es una imagen estilizada de una partícula de coronavirus.

Ubicado junto a la tienda de remeras UNTUCKit y frente a una sala de exhibición de Tesla, no tiene el reconocimiento de marca ni el historial de un J.C. Penney. Pero la longevidad no parece haber ayudado a que la cadena de ropa o muchas otras escaparan de la crisis por la pandemia. Según los analistas de S&P Global Market Intelligence, las quiebras minoristas de enero a mediados de agosto alcanzaron su punto más alto en 10 años.

No es que los propietarios de COVID-19 Essentials quieran que sus productos tengan demanda para siempre.

“Estoy ansioso por cerrar el negocio eventualmente”, dijo Nadav Benimetzky, un minorista de Miami que fundó COVID-19 Essentials, que ahora tiene ocho tiendas en todo el país.

Nathan Chen, propietario de la tienda Lone Tree con Benimetzky, tenía un negocio diferente en el aeropuerto de Denver, pero a medida que disminuyeron los vuelos, una alternativa  centrada en COVID se perfiló como una empresa mucho mejor.

Las máscaras han pasado de ser un producto utilitario a algo personalizado, que identifica al que la usa con un partido político o un equipo de fútbol americano.(Markian Hawryluk/KHN)

Benimetzky abrió la primera tienda COVID-19 Essentials en el Aventura Mall en los suburbios de Miami después de ver la demanda de máscaras N95 al principio de la pandemia. “Son feas e incómodas, y todo el mundo las odia”, dijo. “Si vas a usar una máscara, también puede estar a la moda y ser bonita”.

Eso podría significar una máscara de lentejuelas o satén para ocasiones más formales, o la sonrisa de una calavera para asuntos casuales. Algunos cubrebocas tienen cremalleras para facilitar la alimentación, o un orificio para una pajita, con cierre de velcro.

La cadena tiene tiendas en la ciudad de Nueva York, Nueva Jersey, Philadelphia y Las Vegas, y está buscando abrir otras en California, donde los incendios forestales han aumentado la demanda de máscaras.

Inicialmente, los propietarios realmente no estaban seguros de que la idea funcionara. Abrieron la primera tienda justo cuando los centros comerciales volvían a abrir después de las cuarentenas.

“Realmente no comprendimos qué tan grande sería”, dijo Benimetzky. “No lo analizamos con la idea de abrir muchas tiendas. Pero hemos estado ocupados desde el momento en que abrimos “.

Un empleado de COVID-19 Essentials decora una máscara con la palabra USA en piedras preciosas de fantasía.(Markian Hawryluk/KHN)

Nancy Caeti, de 76 años, se detuvo en la tienda Lone Tree para comprar máscaras para sus nietos. Compró una transparente para su nieta, cuyo instructor de lenguaje de señas necesita ver sus labios moverse. Le compró a su hija, profesora de música y fanática de los Denver Broncos, una máscara con el logo del equipo de fútbol americano.

“Sobreviví a la epidemia de polio”, contó Caeti. Recordó cómo su madre los puso en fila a ella y a sus hermanos para recibir la vacuna contra la polio, y dijo que ella sería la primera en la fila para recibir la vacuna para COVID.

Ese quizás sea el único “básico” que la tienda no vende. Pero tiene dispositivos similares a llaves para abrir puertas y presionar botones de ascensores sin tocarlos. Algunos tienen un abridor de botellas incorporado. Hay dispositivos de luz ultravioleta para desinfectar teléfonos y un desinfectante de manos exclusivo que los empleados rocían a los clientes como si fuera una muestra de perfume.

Pero las máscaras son el mayor atractivo porque la tienda las puede personalizar.

Al entrar, los clientes pueden verificar su temperatura con un escáner de frente digital con instrucciones audibles: “Acérquese. Acércate. Temperatura normal. Temperatura normal”.

La tienda también ha agregado un fregadero cerca de la entrada para que los clientes puedan lavarse las manos antes de tocar los productos.

Algunos pasan por la tienda desconcertados, deteniéndose para tomar fotos y publicarlas en las redes sociales. Una pareja mayor (blanca no hispana) con máscaras idénticas observó una máscara en el negocio con el lema “Black Lives Matter” y se alejó.

El negocio no toma partido politico: hay tres diseños de máscaras del presidente Donald Trump, y dos para el candidato presidencial demócrata Joe Biden.

COVID-19 Essentials vende dispositivos parecidos a llaves que sirven para abrir puertas y tocar el botón de los elevadores “a distancia”. (Markian Hawryluk/KHN)

Daniel Gurule, de 31 años, pasó por el centro comercial a la hora del almuerzo para comprar un Apple Watch, pero se aventuró a entrar en la tienda por una nueva máscara. Dijo que normalmente usaba una máscara con ventilación, pero que no todos los lugares las permiten. (Protegen a los usuarios, pero no a las personas que los rodean). Compró una por $24,99 con el logo del equipo de baloncesto Denver Nuggets.

“Nos quita un poco de nuestra personalidad cuando todo el mundo camina con máscaras desechables”, dijo Chen. “Parece un hospital, como si todo el mundo estuviera enfermo”.

La mayoría de las máscaras están cosidas específicamente para la cadena, incluidas muchas hechas a mano. Uno de sus proveedores es una familia de inmigrantes vietnamitas que cosen máscaras en su casa de Los Ángeles, dijo Benimetzky.

Chen dijo que era difícil tener máscaras en stock y que todos los días hay un nuevo diseño que es éxito de ventas.

Dorothy Lovett, de 80 años, se detuvo frente a la tienda, apoyada en un bastón con un diseño de estampado animal. “Tuve que retroceder y decir, ‘¿Qué diablos es esto?’”, dijo. “Nunca antes había visto una tienda de máscaras”.

Examinó la vitrina, notando que necesitaba encontrar una mejor opción que la versión de tela que estaba usando.

“No puedo respirar con ésta”, dijo Lovett, antes de decidirse por su favorita. “Me gusta la máscara Black Lives Matter”.

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