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Covid: 5 razones para seguir usando máscara después de vacunarse

Como médica de emergencias, la doctora Eugenia South fue parte del primer grupo de personas en recibir la vacuna contra covid. Tuvo su segunda dosis a principios de enero, incluso antes que el presidente electo Joe Biden.

Así y todo, South dice que no tiene apuro por dejar de usar máscara

“Honestamente, no creo que vuelva a estar sin máscara en el trabajo”, dijo South, quien es directora del Urban Health Lab de la Universidad de Pennsylvania en Philadelphia. “No creo que me sentiría segura”.

Aunque las vacunas contra covid son altamente efectivas, South planea seguir usando máscara dentro y fuera del hospital.

Expertos en salud dicen que hay buenas razones para seguir el ejemplo de esta doctora.

“El uso de máscaras y el distanciamiento social deberán continuar en el futuro, hasta que tengamos cierto nivel de inmunidad colectiva”, dijo el doctor Preeti Malani, oficial de salud jefe de la Universidad de Michigan. “Las máscaras y el distanciamiento están aquí para quedarse”.

Malani y otros expertos en salud explican cinco razones:

  1. Ninguna vacuna es 100% efectiva

Extensos ensayos clínicos hallaron que dos dosis de las vacunas de Moderna y Pfizer-BioNTech prevenían el 95% de las enfermedades causadas por el coronavirus. Si bien esos resultados son impresionantes, 1 de cada 20 personas queda desprotegida, dijo el doctor Tom Frieden, ex director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Malani señala que las vacunas se probaron en ensayos clínicos controlados, en los mejores centros médicos, en condiciones óptimas.

Pero en el mundo real, las vacunas suelen ser un poco menos efectivas. Los científicos usan términos específicos para describir el fenómeno. Se refieren a la protección que ofrecen las vacunas en los ensayos clínicos como “eficacia”, mientras que la inmunidad real que se obvserva en la población vacunada es “efectividad”.

La efectividad de las vacunas contra covid podría verse afectada por la forma en que se manipulan, observó Malani. El material genético utilizado en las vacunas elaboradas con ARN mensajero del coronavirus es tán frágil que debe almacenarse y transportarse con cuidado.

Cualquier variante que no siga la guía de manejo de vacunas de los CDC podría influir en su funcionamiento, explicó Malani.

  1. Las vacunas no brindan protección inmediata

Malani explicó que ninguna vacuna ofrece protección apenas la persona se vacuna. El sistema inmunológico tarda aproximadamente dos semanas en producir anticuerpos que bloquean las infecciones virales.

Las vacunas contra covid, sin embargo, tardarán un poco más que otras porque tanto la de Pfizer como la de Moderna, requieren de dos dosis. Las dosis de Pfizer se administran con tres semanas de diferencia, las de Moderna, con cuatro semanas.

Es decir que no habrá protección completa hasta cinco o seis semanas después de la primera dosis. Una persona que se vacunó el día de Año Nuevo no estará completamente protegida hasta el día de San Valentín.

  1. Es posible que las vacunas no impidan propagar el virus

Las vacunas pueden poporcionar dos niveles de protección. Por ejemplo, la vacuna contra el sarampión previene que el virus infecte un organismo, por lo que las personas vacunadas no transmiten la infección ni desarrollan síntomas.

La mayoría de las otras vacunas, como la de la gripe, evitan que las personas se enfermen pero no que se infecten o transmitan el virus a otros, explicó el doctor Paul Offit, asesor de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) sobre las vacunas contra covid.

Si bien las vacunas contra covid claramente previenen la enfermedad, los científicos necesitan más tiempo para descubrir si también previenen la transmisión, dijo Saskia Popescu, epidemióloga con sede en Phoenix y profesora asistente en el programa de biodefensa de la Escuela Schar de Gobierno y Políticas de la Universidad George Mason.

“Todavía no sabemos si la vacuna protege contra la infección o solo contra la enfermedad”, dijo Frieden, quien ahora es director ejecutivo de Resolve to Save Lives, una iniciativa mundial de salud pública. “En otras palabras, una persona vacunada podría transmitir el virus, incluso si no se siente enferma”.

Hasta que los investigadores puedan responder esta pregunta, usar cubrebocas es la forma más segura para que las personas vacunadas protejan a quienes las rodean.

  1. Las máscaras protegen a personas con sistemas inmunitarios comprometidos

Las personas con cáncer tienen un riesgo particular de contraer covid. Estudios han mostrado que son más propensos a infectarse y a morir a causa del coronavirus. Y es posible que las vacunas no los protejan dijo el doctor Gary Lyman, profesor del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson.

Los pacientes con cáncer son vulnerables en muchos aspectos. Las personas con cáncer de pulmón son menos capaces de combatir una neumonía, y los que están bajo quimioterapia o radioterapia tienen sistemas inmunes debilitados. La leucemia y el linfoma atacan directamente las células inmunitarias, lo que dificulta que los pacientes combatan el virus.

Lyman dijo que no se sabe cómo reaccionarán a la vacuna los pacientes oncológicos, porque fueron excluidos de los ensayos clínicos. A solo unos pocos participantes se les diagnóstico cáncer después de inscribirse. En este grupo, la protección de las vacunas solo fue del 76%.

“Por ahora, debemos asumir que los pacientes con cáncer pueden no experimentar el 95% de eficacia”, completó Lyman.

También hay algunas personas alérgicas que no pueden vacunarse.

Usar máscaras también ayuda a proteger a estos grupos más vulnerables.

  1. Las máscaras protegen contra cualquier cepa del coronavirus, la original y las nuevas mutaciones

Líderes a nivel global están muy preocupados por las nuevas variantes genéticas del coronavirus, que al parecer son 50% más contagiosas.

Hasta ahora, los estudios sugieren que las vacunas protegerán contra estas cepas. Pero es claro, según explicó Frieden, que los cubrebocas, la distancia física y medidas como evitar multitudes protegen contra todas las formas del virus, y de otros virus respiratorios.

Por ejemplo, los casos de gripe bajaron dramáticamente en todo el mundo desde que se implementaron las cuarentenas y el uso de máscaras.

Lo ideal es combinar las vacunas con las máscaras y el distanciamiento, para poner fin a la pandemia, dijo Offit. “Los tres enfoques funcionan mejor en equipo”.

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Aunque controlen el Senado, demócratas necesitarán apoyo republicano en temas clave de salud

Ante la pandemia, los demócratas han abogado por ayudas más generosas, más presión sobre las farmacéuticas para que bajen los precios y más atención al racismo sistémico en la atención de salud.

El 20 de enero, con el control del Senado y la Cámara de Representantes, tendrán el poder de elegir qué propuestas de salud se votarán en el Congreso.

Las victorias del reverendo Raphael Warnock y Jon Ossoff en Georgia dieron a los demócratas dos escaños más en el Senado y la ventaja en un Senado dividido 50-50. Cuando la vicepresidenta electa, Kamala Harris, jure el cargo, su voto servirá como desempate, convirtiéndose así en el voto 51 de los demócratas.

Pero este estrecho margen de votos no eliminará el “filibusteo” (discursos obstruccionistas y dilatorios), lo que significa que los demócratas no tendrán suficientes votos para aprobar muchos de sus planes sin los republicanos.

Eso pondrá en peligro muchas propuestas demócratas de salud, como la de ofrecer a los estadounidenses una opción de seguro público patrocinada por el gobierno, y complicará los esfuerzos para aprobar más ayudas para la pandemia.

Queda por ver si los legisladores serán más proclives al compromiso después que una turba pro-Trump invadiera el Capitolio, el 6 de enero, atacando a la policía y dañando propiedad federal. Hubo cinco muertos.

Los estrechos márgenes de los demócratas en el Senado y en la Cámara de Representantes — donde pueden permitirse perder cuatro votos y aun así aprobar una legislación— también darán más influencia a algunos legisladores que, al no estar de acuerdo con los líderes de sus partidos, tendrán un incentivo para impulsar sus propias agendas a cambio de sus votos.

Habrá poco espacio para los desacuerdos intrapartidarios; y los demócratas dejaron claro, durante las primarias presidenciales, que no están todos de acuerdo sobre cómo lograr sus objetivos de salud pública.

En menos de dos semanas, los demócratas dirigirán los comités encargados de establecer la legislación sobre salud y de examinar a los nominados de Biden en esta área.

El control del Comité de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado pasará a la senadora Patty Murray, demócrata de Washington, quien negoció el acuerdo de 2013 con el entonces presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, que puso fin a un largo cierre del gobierno, entre otros acuerdos bipartidistas.

En 2019, Murray y el presidente republicano del comité, el senador Lamar Alexander, de Tennessee, introdujeron un amplio paquete legislativo para reducir los costos de salud. Entre sus propuestas se encontraba una iniciativa para bajar los precios de los medicamentos recetados, mediante la eliminación de las lagunas legales que permiten a los fabricantes de medicamentos de marca bloquear a la competencia.

Durante una entrevista, antes de que los demócratas se aseguren el Senado, Murray dijo que el trabajo de su comité se centrará en los problemas que impiden a los estadounidenses recibir un tratamiento médico equitativo y asequible.

La prioridad, dijo, serán las disparidades raciales, evidenciadas por los desproporcionados índices de mortalidad entre las madres de raza negras, y entre las comunidades de color, que sufren los peores impactos de la pandemia de covid-19.

“No todos los que acuden al médico reciben la misma atención, sienten el mismo nivel de comodidad y muchas veces no se les cree”, dijo Murray.

Murray aseguró que presionará a los senadores para que consideren el impacto en las comunidades de color de cada pieza legislativa. “Esa será la cuestión en cada paso que demos”, añadió.

El miércoles 6, pidió a los republicanos que se incorporen a la lucha contra la pandemia “con políticas que ayuden directamente a los que más sufren y que nos ayuden a salir de esta crisis con más fortaleza y justicia”.

“Con una administración Biden-Harris y una mayoría demócrata en el Senado, los desafíos que enfrentamos no serán menores, pero finalmente tenemos la oportunidad de enfrentarlos y comenzar a tomar medidas”, declaró Murray. “Estoy deseando ponerme manos a la obra”.

El Comité de Finanzas del Senado, que supervisa Medicare, Medicaid y las políticas fiscales relacionadas con la salud, estará encabezado por el senador Ron Wyden, demócrata de Oregon.

Si bien el comité HELP también celebrará una audiencia de confirmación para Xavier Becerra, el candidato de Biden a la Secretaría del Departamento de Salud y Servicios Humanos; es el Comité de Finanzas el que votará para avanzar su confirmación.

En diciembre, los republicanos del Senado amenazaron con retrasar la nominación de Becerra antes de que Biden lo anunciara oficialmente. Los republicanos le reprochan a Becerra su falta de experiencia en el campo de la salud, cuestionan su apoyo a un sistema de salud de un solo pagador y se oponen a su defensa del derecho al aborto.

Como fiscal general de California, Becerra se enfrentó a las demandas presentadas por los funcionarios estatales republicanos contra la Ley de Cuidado de Salud A Bajo Precio (ACA).

Pero se espera que la escasa ventaja de los demócratas en el Senado sea suficiente para rechazar las objeciones de los republicanos a la nominación.

El mes pasado, Wyden alabó el compromiso de Becerra para responder a la pandemia, proteger la cobertura de los cuidados de salud y abordar las disparidades raciales; y dijo que esperaba con interés la audiencia de Becerra “para que pueda ponerse a trabajar y empezar a ayudar a la gente durante esta crisis sin precedentes”.

Además, después de meses de denunciar los fracasos de la administración Trump en el manejo de la pandemia, los demócratas controlarán qué proyectos de ley de ayuda se votarán.

El paquete del mes pasado no incluyó sus demandas de más fondos para los gobiernos estatales y locales, y los republicanos de la Cámara de Representantes bloquearon una iniciativa demócrata que pretendía aumentar los cheques de estímulo de $600 a $2,000.

Los demócratas se han unido en sus demandas de más ayuda, aunque a veces han estado en desacuerdo sobre cómo llevarla a cabo.

En el otoño, con las elecciones cerca y sin ningún acuerdo a la vista, los demócratas moderados, que buscaban ganar su propia elección, presionaron a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, para que abandonara las negociaciones por un paquete de ayuda de $2,2 billones, que los republicanos calificaron como un fracaso, y aprobara una ayuda más modesta pero desesperadamente necesaria.

“Tanto el liderazgo demócrata, como el republicano, ha metido la pata. Todos son responsables”, declaró a Politico el representante Max Rose, demócrata de Nueva York. “Hagan algo ¡Hagan algo!” Rose perdió la reelección.

Voces más progresistas, como la de la representante Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata de Nueva York, y el senador Bernie Sanders, independiente de Vermont, han presionado a favor de una ayuda más generosa, con mayores cheques de estímulo.

Más allá de la pandemia, el liderazgo demócrata ha mencionado el precio de los medicamentos como otra área de acción. Pero una de sus propuestas más populares, que autorizaría al gobierno federal a negociar los precios de los medicamentos para quienes están en Medicare, es poco probable que atraiga los votos republicanos que necesitaría.

Cuando los demócratas de la Cámara de Representantes aprobaron una de estas propuestas en 2019, los senadores republicanos aseguraron que ellos nunca la aprobarían.

Los miembros del ala más progresista de los demócratas, por su parte, argumentaron que la propuesta no era suficientemente agresiva.

Sin embargo, después de años de esfuerzos republicanos por socavar ACA, parece probable que la estabilización de la ley pueda cobrar fuerza en un Congreso controlado por los demócratas.

La Cámara de Representantes aprobó, el verano pasado, una legislación destinada a aumentar la cobertura y la asequibilidad, incluyendo la limitación de los costos de los seguros a no más del 8,5% de los ingresos y la ampliación de los subsidios.

Legisladores como Murray y Wyden se han apresurado a señalar que las consecuencias devastadoras de la pandemia, la pérdida de puestos de trabajo y la pérdida de cobertura del seguro, por nombrar sólo dos, han puesto de relieve la necesidad de fortalecer el sistema de salud.

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Mientras los vulnerables esperan, cónyuges de polٌíticos reciben la vacuna contra covid

Los suministros de vacunas contra covid-19 son escasos, por eso un panel asesor federal recomienda primero administrarlas a los trabajadores de salud, que mantienen en funcionamiento el sistema médico del país, y a los adultos mayores en hogares, que tienen más probabilidades de morir a causa del coronavirus.

En ninguna parte de la lista de personas prioritarias están los cónyuges de los funcionarios públicos.

Sin embargo, las primeras damas de Kentucky y West Virginia; Karen Pence, la esposa del vicepresidente Mike Pence; Jill Biden, la esposa del presidente electo Joe Biden; y Doug Emhoff, el esposo de la vicepresidenta electa Kamala Harris, estuvieron entre los primeros estadounidenses en recibir las vacunas que podrían salvar vidas.

Kentucky también vacunó a seis ex gobernadores y cuatro ex primeras damas, incluidos los padres de Andy Beshear, el actual gobernador demócrata.

Las primeras vacunas a los cónyuges provocaron indignación en las redes sociales, y varios usuarios de Twitter dijeron que no deberían poder “saltar la fila” antes que los médicos, enfermeras y personas mayores.

En la mayoría de los 29 estados que respondieron a las consultas de KHN (que llamó a las 50 oficinas de gobierno estatales), los principales funcionarios electos dijeron que ellos, y sus cónyuges, serán vacunados, pero han optado por esperar su turno detrás de electores más vulnerables.

Algunos miembros del Congreso de ambos partidos dijeron lo mismo cuando rechazaron las primeras dosis ofrecidas, en nombre de mantener al gobierno en funcionamiento.

Los gobernadores que recibieron las vacunas junto con sus cónyuges, y la oficina del vicepresidente, dijeron que querían dar el ejemplo a los residentes, generar confianza, salvar las divisiones ideológicas y demostrar que la vacuna es segura y eficaz.

Pero algunos cuestionan esta razón.

“Se parece más a hacer trampa. Los políticos pueden conseguir que los hospitales los vacunen bajo esta ilusión de generar confianza. Pero es una fachada”, dijo Arthur Caplan, profesor de bioética y director fundador de la división de ética médica de la Escuela de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York. “La gente podría decir: ‘Típica gente rica. No se puede confiar en ellos’. Esto socava la meta original”.

Caplan agregó que, de todos modos, el público no confía demasiado en los políticos, por lo que la vacunación de celebridades, líderes religiosos o figuras deportivas probablemente ayudaría más a aumentar la confianza en la vacuna.

Elvis Presley recibió la famosa vacuna contra la polio en 1956 para ganar la confianza de los escépticos; las acciones de las esposas de los gobernadores de ese período se recuerdan menos.

El doctor José Romero, presidente del Comité Asesor de Prácticas de Inmunización de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), dijo en un correo electrónico a KHN que si bien su grupo proporciona un esquema para distribuir dosis limitadas de vacunas, “las jurisdicciones tienen la flexibilidad de hacer lo que sea apropiado para su población”.

Los funcionarios de Kentucky y Texas señalaron que el doctor Robert Redfield, director de los CDC, alentó a los gobernadores a vacunarse públicamente.

Nadie mencionó razones médicas para que sus cónyuges se vacunaran; los hospitales generalmente no están vacunando a los cónyuges de los profesionales médicos que han recibido la vacuna.

La oficina del gobernador de West Virginia, el republicano Jim Justice, publicó fotografías de él, su esposa, Cathy Justice, y otros funcionarios recibiendo las dosis. También posteó su propia vacunación en YouTube.

La oficina de Beshear en Kentucky también publicó fotos del gobernador recibiendo la vacuna en diciembre, el mismo día que su esposa, Britainy Beshear, y otros funcionarios estatales.

“Es cierto que hay dudas sobre las vacunas”, dijo Beshear en una reunión informativa sobre el coronavirus, el día en el que los ex gobernadores de Kentucky y sus cónyuges fueron vacunados. Aludió a un programa futuro que involucra a líderes religiosos y a otras personas influyentes.

Su padre, el ex gobernador demócrata Steve Beshear, publicó fotos de su vacunación en su página de Facebook, diciendo que él y su esposa, Jane Beshear, junto con otros ex gobernadores de Kentucky de ambos partidos y sus cónyuges, intervinieron en parte para alentar a los residentes a vacunarse.

Kentucky se encuentra actualmente en la primera etapa de distribución de vacunas, dirigida a trabajadores de salud y a residentes de centros de vida asistida. Se habían distribuido menos de 15,000 de las 58,500 dosis para estas residencias cuando los ex gobernadores y sus cónyuges fueron vacunados.

Tres Watson, ex director de comunicaciones del Partido Republicano de Kentucky, que fundó una firma de consultoría política, se mostró escéptico sobre las intenciones detrás del evento. Dijo que parecía ser un esfuerzo de relaciones públicas creado para que el gobernador pudiera vacunar a sus padres.

“Entiendo la continuidad del gobierno, pero las primeras damas no tienen parte en la continuidad del gobierno”, dijo. “Tienes que ajustarte a las prioridades. Una vez que empiezas a hacer excepciones, es cuando tienes problemas”.

Los funcionarios que representan al equipo de transición de Biden-Harris y otros tres estados donde se vacunaron los gobernadores (West Virginia y Texas liderados por republicanos, y Kansas liderado por un demócrata) no respondieron a KHN. El gobernador republicano de Alabama, Kay Ivey, recibió la vacuna y está divorciado.

Políticos de otros estados han hecho lo opuesto.

En Arkansas, el gobernador republicano Asa Hutchinson se centra en garantizar que los grupos de alta prioridad, como los trabajadores de salud, y el personal y residentes de centros de vida asistida, se vacunen, dijo la vocera LaConda Watson. “Él y su esposa recibirán la vacuna cuando sea su turno”, informó.

En Missouri, Kelli Jones, directora de comunicaciones del gobernador republicano Mike Parson, dijo en un correo electrónico que él y la primera dama tienen la intención de vacunarse. Al igual que los gobernadores de Colorado, Nevada y otros lugares, ambos se han recuperado de covid-19, dijo Jones, y “esperarán hasta que su grupo de edad sea elegible” según el plan estatal. Los médicos recomiendan las vacunas incluso para personas que ya han tenido covid.

Cissy Sanders, de 52 años, directora de eventos que vive en Austin, Texas, dijo que entiende por qué los legisladores deberían vacunarse. Su propio gobernador, el republicano Greg Abbott, se vacunó por televisión en vivo para infundir confianza, dijo su secretaria de prensa, Renae Eze, quien no quiso comentar si la esposa de Abbott se había vacunado.

Pero Sanders dijo que los cónyuges de los políticos no deben vacunarse antes que los residentes de un asilo, como su propia madre de 71 años. La madre de Sanders recibió la vacuna a fines de diciembre pero dijo que todavía hay demasiados residentes de hogares esperando en todo el país.

“¿Por qué un grupo que no es de alto riesgo, es decir, estos cónyuges, va a vacunarse antes que el grupo de mayor riesgo? ¿Quién toma estas decisiones?, se preguntó. “Los cónyuges de los políticos no han estado en la zona cero del virus. Los residentes de hogares sí”.

La corresponsal de Montana, Katheryn Houghton, la corresponsal de California Healthline, Angela Hart y los corresponsales Markian Hawlyruk y JoNel Aleccia colaboraron con esta historia.

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Illinois, primer estado en ofrecer cobertura médica a adultos mayores indocumentados

Como jefa de enfermería en uno de los hospitales más concurridos de la red de seguridad de atención médica de Chicago, Raquel Prendkowski ha sido testigo del devastador número de víctimas que COVID-19 ha causado entre los residentes más vulnerables de la ciudad, incluyendo a personas que no tienen seguro médico por su estatus migratorio.

Algunos llegan tan enfermos que van directo a cuidados intensivos. Muchos no sobreviven.

“Vivimos una pesadilla constante”, dijo Prendkowski mientras trataba a pacientes con coronavirus en el Hospital Mount Sinai, fundado a principios del siglo XX para atender a los inmigrantes más pobres. “Ojalá salgamos pronto de esto”.

La enfermera cree que algunas muertes, y mucho sufrimiento, podrían haberse evitado si estas personas hubieran tenido un tratamiento regular para todo tipo de condiciones crónicas —asma, diabetes, enfermedades del corazón— que pueden empeorar COVID-19.

Y ahora se siente esperanzada.

En medio del brote del mortal virus que ha afectado de manera desproporcionada a las comunidades hispanas, Illinois se convirtió recientemente en el primer estado de la nación en extender el seguro médico público a todos los adultos mayores no ciudadanos de bajos ingresos, incluso si son indocumentados.

Defensores de los inmigrantes esperan que inspire a otros estados a hacer lo mismo. De hecho, legisladores demócratas de California están presionando para expandir su Medicaid a todos los inmigrantes indocumentados del estado.

“Hacer esto durante la pandemia muestra nuestro compromiso con la expansión y ampliación del acceso a la atención de salud. Es un gran primer paso”, señaló Graciela Guzmán, directora de campaña de Healthy Illinois, que promueve la cobertura universal en el estado.

Muchos inmigrantes indocumentados sin cobertura de salud no van al médico. Ese fue el caso de Victoria Hernández, una limpiadora de casas de 68 años que vive en West Chicago, Illinois. La mujer, nativa de la Ciudad de México dijo que, cuando no tenía seguro, simplemente no iba al médico.

Soportaba cualquier dolencia hasta que encontró un programa de caridad que la ayudó a  tratar su prediabetes. Dijo que tiene la intención de inscribirse en el nuevo plan estatal una vez que tenga más información.

“Estoy muy agradecida por el nuevo programa”, explicó a través de un traductor que trabaja para DuPage Health Coalition, una organización sin fines de lucro que coordina la atención de caridad para personas sin seguro médico como Hernández en el condado de DuPage, el segundo más poblado del estado. “Sé que ayudará a mucha gente como yo. Sé que tendrá buenos resultados, muy, muy buenos resultados”.

Primero, Healthy Illinois intentó ampliar los beneficios de Medicaid a todos los inmigrantes de bajos ingresos, pero los legisladores decidieron empezar con un programa más pequeño, que cubre a adultos mayores de 65 años o más que son indocumentados, o que han sido residentes permanentes, tienen tarjeta verde, por menos de cinco años (este grupo no califica para seguro de salud auspiciado por el gobierno).

Los participantes deben tener ingresos que estén en o por debajo del nivel de pobreza federal, que es de $12,670 para un individuo o $17,240 para una pareja. Cubre servicios como visitas al hospital y al médico, medicamentos recetados, y atención dental y oftalmológica (aunque no estancias en centros de enfermería), sin costo para el paciente.

La nueva norma continúa la tendencia de expandir la cobertura de salud del gobierno a los inmigrantes sin papeles.

Illinois fue el primer estado que cubrió la salud de niños indocumentados y también los transplantes de órganos. Otros estados y el Distrito de Columbia lo hicieron después.

El año pasado, California fue el primero en ofrecer cobertura pública a los adultos indocumentados, cuando amplió la elegibilidad para su programa Medi-Cal a todos los residentes de bajos ingresos menores de 26 años.

Según la ley federal, las personas indocumentadas generalmente no son elegibles para Medicare, Medicaid que no es de emergencia y el mercado de seguros de salud de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA). Los estados que ofrecen cobertura a esta población lo hacen usando sólo fondos estatales.

Se estima que en Illinois viven 3,986 adultos mayores indocumentados, según un estudio del Centro Médico de la Universidad de Rush y el grupo de demógrafos de Chicago Rob Paral & Associates; y se espera que el número aumente a 55,144 para 2030. El informe también encontró que el 16% de los inmigrantes de Illinois de 55 años o más viven en la situación de pobreza, en comparación con el 11% de la población nacida en el país.

Dado que la administración saliente de Trump ha promovido duras medidas migratorias, sectores del activismo pro inmigrante temen que haya miedo a inscribirse en el nuevo programa porque podría afectar la capacidad de obtener la residencia o la ciudadanía en el fututo, y trabajan para asegurarles que no lo hará.

Jeffrey McInnes supervisa el acceso de los pacientes en Esperanza Health Centers, uno de los proveedores de atención médica para inmigrantes más grandes de Chicago. McInness dice que el 31% de sus pacientes de 65 años o más no tienen cobertura de salud.(Jeffrey McInnes)

“Illinois cuenta con un legado de ser un estado que acepta al recién llegado y de proteger la privacidad de los inmigrantes”, señaló Andrea Kovach, abogada que trabaja en equidad en la salud en el Shriver Center for Poverty Law en Chicago.

Se espera que la normativa cubra inicialmente de 4,200 a 4,600 inmigrantes mayores, a un costo aproximado de entre $46 millones a $50 millones al año, según John Hoffman, vocero del Departamento de Salud y Servicios Familiares de Illinois.

Algunos representantes estatales republicanos criticaron la expansión de la cobertura, diciendo que era imprudente hacerlo en un momento en que las finanzas de Illinois sufren por la pandemia. En una declaración condenando el presupuesto estatal de este año, el Partido Republicano de Illinois lo denominó “atención de la salud gratuito para los inmigrantes ilegales”.

Pero los defensores de la nueva política sostienen que muchos inmigrantes sin papeles pagan impuestos sin ser elegibles para programas como Medicare y Medicaid, y que gastar por adelantado en cuidados preventivos ahorra dinero, a largo plazo, al reducir el número de personas que esperan para buscar tratamiento hasta que es una emergencia.

Algunos inmigrantes indocumentados temen que inscribirse para tener seguro de salud ponga en peligro su capacidad para obtener la residencia o la ciudadanía. Andrea Kovach, abogada senior de equidad en atención de salud en el Shriver Center on Poverty Law en Chicago, dice que no deben preocuparse. “Illinois tiene el legado de ser un estado que acoge a inmigrantes y protege su privacidad”, dijo.(Andrea Kovach)

Para Delia Ramírez, representante estatal de Illinois, ampliar la cobertura de salud a todos los adultos mayores de bajos ingresos es personal. A la demócrata de Chicago la inspira su tío, un inmigrante de 64 años que no tiene seguro.

Dijo que intentó que la legislación cubriera a las personas de 55 años o más, ya que la gran mayoría de los indocumentados no son personas mayores (señaló que muchos de los inmigrantes mayores —2,7 millones, según estimaciones del gobierno— obtuvieron el estatus legal con la ley de amnistía federal de 1986).

Un mayor número de inmigrantes más jóvenes también pueden estar sin seguro. En los Centros de Salud Esperanza, uno de los mayores proveedores de atención médica para inmigrantes de Chicago, el 31% de los pacientes de 65 años o más carece de cobertura, en comparación con el 47% de los de 60 a 64 años, según Jeffey McInnes, que supervisa el acceso de los pacientes a las clínicas.

Ramírez dijo que su tío la llamó después de ver las noticias sobre la nueva legislación en la televisión en español. Contó que su tío ha vivido en el país por cuatro décadas y ha trabajado para que sus cuatro hijos fueran a la universidad. También padece asma, diabetes e hipertensión, lo que lo hace de alto riesgo para COVID-19.

“Yo le dije: ‘Tío, todavía no. Pero cuando cumplas 65 años, finalmente tendrás atención médica, si es que aún no hemos conseguido legalizarte”, recordó Ramírez, emocionada, durante una reciente entrevista telefónica.

“Así que es un recordatorio para mí de que, en primer lugar, fue una gran victoria para nosotros y ha significado la vida o una segunda oportunidad de vida para muchas personas”, dijo. “Pero también significa que todavía tenemos un largo camino por recorrer para hacer de la atención de salud un verdadero derecho humano en el estado, y en la nación”.

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La pandemia de covid-19 está devastando a los profesionales de salud de color

La primavera pasada, Maritza Beniquez, enfermera de una sala de emergencias de Nueva Jersey, fue testigo de “una oleada tras otra” de pacientes enfermos, cada uno con una mirada aterrada que se volvió familiar a medida que pasaban las semanas.

Pronto, fueron sus colegas del Hospital Universitario de Newark, enfermeras, técnicos y médicos con los que había estado trabajando codo con codo, quienes se presentaban en la emergencia luchando por respirar. “Muchos de nuestros propios compañeros de trabajo se enfermaron, especialmente al principio; literalmente diezmó a nuestro personal”, contó.

A fines de junio, 11 de los colegas de Beniquez habían muerto. Como los pacientes que habían estado tratando, la mayoría eran de raza negra y latinos (que pueden ser de cualquier raza).

“Nos vimos afectados de manera desproporcionada por la forma en que nuestras comunidades se han visto afectadas de manera desproporcionada en cada [parte de] nuestras vidas, desde las escuelas hasta los trabajos y los hogares”, dijo.

El 14 de diciembre, Beniquez se convirtió en la primera persona en Nueva Jersey en recibir la vacuna contra el coronavirus, y fue una de los muchos trabajadores médicos de color destacados en los titulares.

Fue una ocasión alegre, que reavivó la posibilidad de volver a ver a sus padres y a su abuela de 96 años, quienes viven en Puerto Rico. Pero esas imágenes transmitidas a nivel nacional también fueron un recordatorio de aquéllos para quienes la vacuna llegó demasiado tarde.

Covid-19 se ha cobrado un precio enorme entre los afroamericanos y los hispanounidenses. Y esas disparidades se extienden a los trabajadores médicos que los intubaron, limpiaron sus sábanas y tomaron sus manos en sus últimos días, halló una investigación de KHN/The Guardian.

Las personas de color representan aproximadamente el 65% de las muertes en los casos en los que hay datos de raza y etnia.

Un estudio reciente encontró que los trabajadores de salud de color tienen más del doble de probabilidades que sus contrapartes caucásicas de dar positivo para el virus. Son más propensos a tratar a pacientes diagnosticados con covid, y a trabajar en hogares de adultos mayores, los principales focos de coronavirus; y también a reportar un suministro inadecuado de equipo de protección personal, según el informe.

En una muestra nacional de 100 casos recopilados por KHN/The Guardian en los que un trabajador de salud expresó su preocupación por la insuficiencia de EPP antes de morir por covid, tres cuartas partes de las víctimas fueron identificadas como negras, hispanas, nativas americanas o asiáticas.

“Es más probable que los trabajadores de salud de raza negra quieran ir a atenderse al sector público donde saben que tratarán de manera desproporcionada a las comunidades de color”, dijo Adia Wingfield, socióloga de la Universidad de Washington en St. Louis, quien ha estudiado la desigualdad racial en el industria del cuidado de salud. “Pero también es más probable que estén en sintonía con las necesidades y desafíos particulares que puedan tener las comunidades de color”, dijo.

Wingfield agregó que muchos miembros del personal de atención médica afroamericanos no solo trabajan en centros de salud de bajos recursos, sino que también son más propensos a sufrir muchas de las mismas comorbilidades que se encuentran en la población negra en general, un legado de décadas de inequidades sistémicas.

Y pueden ser víctimas de estándares de atención más bajos, agregó la doctora Susan Moore, pediatra de raza negra de 52 años de Indiana, quien fue hospitalizada con covid en noviembre y, según un video publicado en su cuenta de Facebook, tuvo que pedir repetidamente pruebas, remdesivir y analgésicos. Dijo que su médico (caucásico) desestimó sus quejas de dolor y fue dada de alta, solo para ser internada en otro hospital 12 horas después.

Numerosos estudios han encontrado que los afroamericanos a menudo reciben peor atención médica que sus contrapartes blancas: en marzo, una empresa de biotecnología de Boston publicó un análisis que mostraba que era menos probable que los médicos remitieran a pacientes negros sintomáticos para pruebas de coronavirus que a los blancos sintomáticos.

Los médicos también son menos propensos a recetar analgésicos a pacientes negros.

“Si fuera blanca, no tendría que pasar por eso”, dijo Moore en el video publicado desde su cama de hospital. “Así es como matan a los negros, cuando los envías a casa, y no saben cómo luchar por sí mismos”. Moore murió el 20 de diciembre por complicaciones de covid, dijo su hijo Henry Muhammad a los medios de comunicación.

Junto con las personas de color, los trabajadores de salud inmigrantes han sufrido pérdidas desproporcionadas a causa de covid-19. Más de un tercio de los trabajadores de salud que mueren por covid en el país nacieron en el extranjero, desde Filipinas y Haití, hasta Nigeria y México, según un análisis de KHN/The Guardian de casos registrados. Representan el 20% del total de trabajadores de salud de los Estados Unidos.

El doctor Ramon Tallaj, médico y presidente de Somos, una red sin fines de lucro de proveedores de atención médica en Nueva York, dijo que los médicos y enfermeras inmigrantes a menudo ven a pacientes de sus propias comunidades, y muchas comunidades inmigrantes de clase trabajadora han sido devastadas por covid.

“Nuestra comunidad son trabajadores esenciales. Tuvieron que ir a trabajar al comienzo de la pandemia, y cuando se enfermaban, iban a ver al médico de la comunidad”, dijo. Doce médicos y enfermeras de la red Somos han muerto por covid, dijo.

El doctor Eriberto Lozada era médico de familia de 83 años en Long Island, Nueva York. Todavía estaba viendo pacientes fuera de su consulta cuando los casos comenzaron a aumentar la primavera pasada. Originario de Filipinas, un país con un historial de envío de trabajadores médicos calificados a los Estados Unidos, estaba orgulloso de ser médico y “de haber sido un inmigrante próspero”, dijo su hijo James Lozada.

Los miembros de la familia de Lozada lo recuerdan como estricto y de voluntad fuerte; lo llamaban cariñosamente “el rey”. Inculcó a sus hijos la importancia de una buena educación. Murió en abril.

Dos de sus cuatro hijos, John y James Lozada, son médicos. Ambos fueron vacunados el mes pasado. Considerando todo lo que habían pasado, dijo John, fue una ocasión “agridulce”. Pero pensó que era importante por otra razón: ser un ejemplo para sus pacientes.

Las desigualdades en las infecciones, y las muertes, por covid podrían alimentar la desconfianza en la vacuna. En un estudio reciente del Pew Research Center, alrededor del 42% de los encuestados de raza negra dijeron que “definitivamente o probablemente” recibirían la vacuna en comparación con el 60% de la población general.

Esto tiene sentido para Patricia Gardner, enfermera nacida en Jamaica y gerenta en el Centro Médico de la Universidad de Hackensack, en Nueva Jersey, quien contrajo el coronavirus junto con familiares y colegas. “Mucho de lo que escucho es, ‘¿Cómo es que no fuimos los primeros en recibir atención, pero ahora somos los primeros en vacunarnos?’”, dijo.

Al igual que Beniquez, se vacunó el 14 de diciembre. “Para mí, dar un paso al frente y decir: ‘Quiero estar en el primer grupo’, espero que eso envíe un mensaje”, dijo.

Beniquez dijo que sintió el peso de esa responsabilidad cuando se inscribió para ser la primera persona en su estado en recibir la vacuna. Muchos de sus pacientes han expresado escepticismo, impulsado, opinó, por un sistema de salud que les ha fallado durante años.

“Recordamos los juicios de Tuskegee. Recordamos las ‘apendicectomías’ ”: informes de mujeres que fueron esterilizadas a la fuerza en un centro de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Georgia. “Estas son cosas que le han sucedido a esta comunidad, a las comunidades negras y latinas durante el último siglo. Como trabajadora de salud, tengo que reconocer que sus temores son legítimos y explicarles ‘Esto no es lo mismo’”, dijo.

Beniquez dijo que su alegría y alivio por recibir la vacuna se ven atenuados por la realidad del aumento de casos en la sala de emergencias. La adrenalina que ella y sus colegas sintieron la primavera pasada se ha ido, reemplazada por la fatiga y la cautela de los meses venideros.

Su hospital colocó 11 árboles en el vestíbulo, uno por cada empleado que murió de covid; han sido adornados con recuerdos y obsequios de sus colegas.

Hay uno para Kim King-Smith, de 53 años, el amable técnico de EKG, que visitaba a amigos de amigos, o a familiares cada vez que terminaba en el hospital.

Uno para Danilo Bolima, 54, el enfermero de Filipinas que se convirtió en profesor y era el jefe de servicios de atención al paciente.

Otro para Obinna Chibueze Eke, de 42 años, asistente de enfermería nigeriano, que pidió a sus amigos y familiares que oraran cuando estuvo hospitalizado con covid.

“Cada día, recordamos a nuestros colegas y amigos caídos como los héroes que nos ayudaron a seguir adelante durante esta pandemia y más allá”, dijo el doctor Shereef Elnahal presidente y director ejecutivo del hospital, en un comunicado. “Nunca olvidaremos sus contribuciones y su pasión colectiva por esta comunidad y por los demás”.

Justo afuera del edificio, está el árbol número 12. “Será para otro u otra que perdamos en esta batalla”, dijo Beniquez.

Esta historia es parte de “Lost on the Frontline”, un proyecto en curso de The Guardian y Kaiser Health News que tiene como objetivo documentar las vidas de los trabajadores de  salud de los Estados Unidos que mueren a causa de COVID-19, e investigar por qué tantos son víctimas de la enfermedad. Si tienes un colega o un ser querido que deberíamos incluir, por favor comparte su historia.

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Frente a la próxima pandemia

A medida que la pandemia de covid-19 se enfrenta a una batalla, que se espera pierda, con las vacunas, muchos expertos en el campo de las enfermedades infecciosas emergentes ya están enfocados en prevenir la próxima.

Temen que otro virus salte de la vida silvestre a los humanos, uno que sea mucho más letal pero que se propague tan fácilmente como el SARS-CoV-2, la cepa del coronavirus que causa covid-19. Un virus así podría cambiar drásticamente la vida en el planeta, dicen expertos.

“Lo que me mantiene despierto por la noche es pensar que otro coronavirus como el sindrome respiratorio de Medio Oriente (MERS), que tiene una tasa de mortalidad mucho, mucho más alta, se vuelva tan transmisible como covid”, dijo Christian Walzer, director ejecutivo de salud de la Wildlife Conservation Society. “La logística y el trauma psicológico sería insoportable”.

El SARS-CoV-2 tiene una tasa de mortalidad promedio de menos del 1%, mientras que la tasa de mortalidad del MERS, que se propaga de los camellos a los humanos, es del 35%. Otros virus que han superado la barrera de las especies, como el Nipah, transmitido por murciélagos, tienen una tasa de mortalidad de hasta el 75%.

“Hay una gran diversidad de virus en la naturaleza, y existe la posibilidad de que uno de ellos tenga las características de transmisión presintomática con una alta tasa de mortalidad”, explicó Raina Plowright, investigadora de virus en el Bozeman Disease Ecology Lab, en Montana. (Covid-19 es altamente transmisible antes de la aparición de síntomas, pero es mucho menos letal que varios otros virus conocidos). “Algo así cambiaría la civilización”.

Es por eso que en noviembre, el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores de Alemania y la Wildlife Conservation Society realizaron una conferencia virtual llamada One Planet, One Health, One Future, con el objetivo de prevenir la próxima pandemia, ayudando a líderes mundiales a comprender que los virus asesinos como el SARS-CoV-2, y muchos otros patógenos menos mortales, surgen por la destrucción de la naturaleza.

Con la atención del mundo atrapada por la propagación del coronavirus, expertos en enfermedades infecciosas están redoblando sus esfuerzos para mostrar la sólida conexión entre la salud de la naturaleza, la vida silvestre y los humanos. Es un concepto conocido como One Health.

Si bien la idea es ampliamente aceptada por funcionarios de salud, muchos gobiernos no la han incluido en sus políticas. Por eso, la conferencia se programó para que coincidiera con la reunión de las superpotencias económicas del mundo, el G20, para instarlos a reconocer la amenaza que representan las pandemias transmitidas por la vida silvestre, no solo para las personas sino también para la economía mundial.

La Wildlife Conservation Society, la organización de conservación más antigua de los Estados Unidos, fundada en 1895, se ha unido a otros 20 grupos conservacionistas para pedir a estos líderes que “den prioridad a la protección de bosques y otros ecosistemas que estén mayormente intactos, y actúen para poner fin al comercio de vida silvestre para el consumo humano, así como todo el comercio ilegal e insostenible de vida silvestre”, dijeron en un comunicado de prensa.

Expertos predicen que implementar éstas, y otras medidas, costaría alrededor de $700 mil millones, según la Wildlife Conservation Society. Se estima que covid-19 ha costado $26 mil millones en daños económicos. La solución ofrecida por quienes hacen campaña para cumplir las metas de One Health también mitigaría los efectos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

La creciente invasión de entornos naturales a medida que aumenta la población mundial hace que la pregunta sea cuándo ocurrirá otra pandemia mortal, no si ocurrirá, dicen expertos, y podría ser mucho peor que covid. La propagación de virus animales o zoonóticos a los seres humanos es causa de cerca del 75% de las enfermedades infecciosas emergentes.

Pero una multitud de virus desconocidos, algunos potencialmente patógenos, habitan en la vida silvestre alrededor del mundo. Especialistas en enfermedades infecciosas estiman que hay 1,67 millones de virus en la naturaleza; y sólo se han identificado unos 4,000.

Es posible que el SARS-CoV-2 se originara en los murciélagos en China y luego se transmitiera a los humanos, quizás a través de un huésped intermediario, como el pangolín, un animal similar al armadillo que se caza para consumo humano.

Si bien la fuente del SARS-CoV-2 es incierta, se conoce la vía de animal a humano en otras epidemias virales, como el Ébola, el Nipah y el MERS. Los virus que han estado circulando y mutando en la vida silvestre, especialmente en murciélagos, saltan a los humanos, donde encuentran un sistema inmunológico receptivo y provocan un brote de una enfermedad infecciosa mortal.

“Hemos penetrado más profundamente en ecozonas que no habíamos ocupado antes”, explicó Dennis Carroll, veterano en el campo de las enfermedades infecciosas emergentes de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Carroll está configurando el Global Virome Project para catalogar los virus en la vida silvestre, con el fin de predecir cuáles podrían causar la próxima pandemia.

“El símbolo de eso es la industria de extracción: petróleo, gas y minerales, y la expansión de la agricultura, especialmente la ganadería. Ese es el mayor vaticinador de dónde podría registrarse una nueva pandemia”.

Un siglo atrás, si una persona se infectaba en una de estas ecozonas, moría en el mismo lugar. “Ahora, una persona infectada puede abordar un avión a París o Nueva York antes de siquiera saber que está infectada”, agregó.

El consumo de carne también está creciendo, y eso ha significado más ganado doméstico criado en bosques talados o “carne de monte”: animales salvajes. Ambos pueden provocar una propagación. Se considera que el virus del SIDA surgió de chimpancés salvajes en África central, que fueron cazados para la alimentación.

Un caso centinela sobre cómo los virus emergen de la naturaleza para convertirse en una epidemia es el virus Nipah.

Nipah lleva el nombre de la aldea de Malasia en donde se identificó por primera vez a fines de la década de 1990. Los síntomas son inflamación del cerebro, dolores de cabeza, rigidez en el cuello, vómitos, mareos y eventualmente, el estado de coma. Es extremadamente letal, con una tasa de mortalidad de hasta el 75% en humanos, en comparación con menos del 1% del SARS-CoV-2. Debido a que el virus nunca llegó a ser altamente transmisible entre humanos, solo ha matado a 300 personas en unos 60 brotes.

Una característica crítica impidió que Nipah se generalizara. “La carga viral de Nipah, la cantidad de virus que alguien tiene en su cuerpo, aumenta con el tiempo y es más infecciosa en el momento de la muerte”, dijo Plowright del laboratorio Bozeman, quien ha estudiado a Nipah y Hendra (que no son coronavirus sino henipavirus).

“Con el SARS-CoV-2, la carga viral alcanza su punto máximo antes de que desarrollen los síntomas, por lo que se interactúa con la familia o se va a trabajar antes de saber que se está enfermo”, explicó.

Si un virus desconocido, tan mortal como Nipah pero tan transmisible como el SARS-CoV-2, saltara de un animal a los humanos, los resultados serían devastadores.

Plowright también ha estudiado la fisiología e inmunología de los virus en los murciélagos y las causas de la propagación. “Vemos estos eventos debido al estrés que se ejerce sobre los murciélagos por la pérdida de hábitat y el cambio climático”, dijo. “Ahí es cuando son arrastrados a áreas humanas”.

En el caso de Nipah, los murciélagos frugívoros atraídos a los huertos cercanos a las granjas de cerdos transmitieron el virus a los cerdos, y luego a los humanos.

“Está asociado con la falta de comida”, dijo. “Si los murciélagos se alimentaran en bosques nativos y pudieran moverse de manera nómade para obtener los alimentos que necesitan en su hábitat, lejos de los humanos, no seríamos testigos de una propagación”.

Una creciente comprensión de los cambios ecológicos como la fuente de muchas enfermedades está detrás de la campaña para crear conciencia sobre One Health.

Las políticas de One Health se están expandiendo en lugares donde es probable que haya patógenos humanos en la vida silvestre o en animales domésticos. Se está capacitando a médicos, veterinarios, antropólogos, biólogos, y se entrena a otros en lo que se conoce como “habilidades centinela”, para que puedan reconocer estas enfermedades si llegaran a surgir.

Sin embargo, la escala de los esfuerzos preventivos es mucho menor que la amenaza que representan estos patógenos, dicen expertos. Los gobiernos necesitan reconocer el problema, y entender el costo de posibles epidemias o pandemias en desarrollo.

“Una carretera facilitará el transporte de bienes y personas y creará un incentivo económico”, dijo Walzer, de la Wildlife Conservation Society. “Pero también proporcionará una interfase en la que las personas interactúan y haya una mayor probabilidad de propagación. Este tipo de costos nunca se han considerado en el pasado. Y eso debe cambiar “.

El enfoque de One Health también aboga por la protección a gran escala de la naturaleza en áreas de alta biodiversidad donde la propagación es un riesgo.

Joshua Rosenthal, experto en salud global del Fogarty International Center de los Institutos Nacionales de Salud, dijo que si bien estas ideas son conceptualmente sólidas, implican una tarea extremadamente difícil. “Todas estas cosas son administradas por diferentes agencias y ministerios en diferentes países con diferentes intereses. Que todos estén en sintonía es un desafío”, dijo.

Los investigadores dicen que el tiempo apremia. “Tenemos altas densidades de población humana, altas densidades de ganado, altas tasas de deforestación, y esto está generando más contacto cercano entre murciélagos y personas”, explicó Plowright. “Estamos jugando con fuego”.

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